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Belleza masculina socialmente aceptada. Me doy el permiso de ser yo mismo

Belleza masculina socialmente aceptada. Me doy el permiso de ser yo mismo

“Si la sociedad ha establecido unos cánones de belleza, al final esa es la tendencia a lo que aspira la gente”

Mercedes Bermejo

Coordinadora de la Sección de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicológos de Madrid.

Todos somos actores activos de lo que aceptamos estético y cómo lo reproducimos, nos viene de cuna, ahí nos enseñan la forma en que un hombre se debe de ver, qué le debe de gustar, cómo comportarse y hasta cómo moverse. Además del núcleo familiar  recibimos referencias visuales 24/7 de industrias de perfumes, automóviles, revistas, moda o medios digitales que nos siguen inculcando a este wey guapo, altísimo, tonificado, cabello perfecto y con una mujer hermosa. –Nada que ver con más de la mitad de los hombres que conozco-

Recuerdo cómo un outfit que había escogido previamente y con emoción por expresar una individualidad era editado más de una vez hasta ser igual de ordinario que cualquier otro que caminaba por la calle. Lo hacía por el miedo de que fuera “too much” para lo que estaba socialmente aceptado en un hombre para vestir  – Siendo un hombre gay de clóset un statement garment era todo lo que quería usar para sentirme fiel a mí pero que el círculo donde vivía lo reprobaba, gracias Monterrey-

El complot social de aceptación no termina ahí, el no vestir lo que quieres es básico porque estás en una constante búsqueda de maximizar los rasgos masculinos que tengas o puedas fabricar para estar alineado a lo que se espera de ti, hombre. Porque al parecer sólo eres hombre si te ves como uno, no importa cómo te identifiques o qué es lo que te guste. –To be one you have to look like one.

Maximize mi voz grave, algo que es muy aceptable para un varón pero me reprobaron por sonar muy gay, lo intente con mi vello porque “no hay nada más masculino que eso” pero lamentable para mí no lo tengo donde es “sexy” tenerlo, incluso corté todo mi cabello buscando una proyección de bad ass que tampoco funcionó. 

No encajaba en la norma y en el proceso me perdí a mí mismo. Valoro la autenticidad personal por ser una rica diferenciación de la aburrida monotonía diaria, pero existía una urgencia mayor antes de lograr una genuina proyección propia y era la búsqueda de mi identidad masculina. Claramente no me sentía bienvenido en sociedad.

Fotografía: Mario Aragón.

¿Entonces dónde estoy? Un hombre identificado bisexual cisgénero que ama expresarse mediante el arte y la comedia, con gustos musicales aleatorios, que no sabe nada de fútbol pero todo acerca de series, amanerado y amante de la pasta. 

Estaba justo donde necesitaba, dispuesto a recuperar mi identidad y al límite de los cánones impuestos. Feliz de saber que no estaba solo, venían conmigo muchos otros hombres que no se sintieron a gusto reprimiendo su individualidad o su personalidad expresiva, cabrones que se rebelan contra el status quo e inician un cambio sano en la sociedad borrando los límites que se han impuesto.

Me doy el permiso de ser yo mismo, de verme y usar lo que quiero. Hay hombres que pasan el tiempo que desean frente al espejo, otros prefieren no tenerlo, otros duermen con mascarillas, unos usan jeans y otros falda, algunos llevan dad bods otros más six packs, uñas pintadas, uso de bolsas, o accesorios en el cabello. Se fiel a ti mismo, los estándares tóxicos de belleza no van a detener la celebración de todas las masculinidades. 

Mario Guerra 

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