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¿Para qué empezar un año nuevo? La inquietud de un nuevo comienzo

En los primeros días de enero, la energía que semanas antes se respiraba en el ambiente se ha esfumado. Hay algo que es diferente e igual al mismo tiempo, sobre todo contrastante porque si antes el caos vial por las fiestas de fin de año, vacaciones, y distintas actividades ocupaban nuestro tiempo, ahora solo queda una especie de quietud que en momentos de introspección nos hace preguntarnos ¿para qué empezar un año nuevo?

La pregunta no es tanto un nihilismo apresurado, es una invitación a darle un propósito a nuestras acciones para darles un rumbo y por consiguiente una motivación a nuestros propósitos que queremos hacer, y tal vez así darle un fin a la existencia, no de algo que esté en el aire, en ideas, sino que trascendiendo a emociones, satisfacciones y metas.

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    Cuando al ser humano, o más bien las sociedades actuales, nos damos cuenta del paso del tiempo, la sensación nos desconcierta, ya que la mayoría del tiempo vivimos en una especie de nebulosa entre nuestros pensamientos y la realidad demandante que constantemente luchan por escucharse una más fuerte que la otra, aunque igual de caóticos. Nada nuevo al parecer, a diferencia de que es año nuevo.

    En 1582, el Papa Gregorio XIII instauró el calendario gregoriano, organización temporal en la que hoy en día es adoptado de oficial en casi todo el mundo. A su vez, este calendario sustituyó al juliano, que fue proclamado por Julio César en el 46 a.C., y se convirtió en el principal de todo el Imperio Romano, así como en parte de Europa y América.

    Pero no es la única forma de medir el tiempo, pues diversas culturas y religiones han encontrado su propia forma de medir el tiempo, por ejemplo, los mexicas que contaban con un desarrollado sistema de medición del tiempo: el famoso calendario azteca, un sistema que se compone de tres cuentas (no calendarios) combinadas; la “cuenta del año” que tenía el nombre de cempohualtlapohualli; la segunda es la llamada “cuenta adivinatoria” o tonalpohualli; la tercera cuenta es la “cuenta venusina” o hueicitlapohualli en náhuatl.

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    Otro es el calendario lunar, basado en los ciclos mensuales de las fases de la Luna (meses sinódicos, lunaciones), a diferencia de los calendarios solares, cuyos ciclos anuales se basan únicamente directamente en el año solar. En el calendario lunar, cada lunación corresponde a un «mes lunar»; es decir, a cada período comprendido entre dos momentos en que la luna se halla exactamente en la misma fase (sea esta creciente o menguante) se le llama «mes lunar». Cada mes lunar corresponde a 29,53 días solares.

    Si buscamos, podemos encontrar otros calendarios alrededor del mundo que dieron forma una cosmovisión diferente, solo que no es el ejercicio de búsqueda. El punto de saber que existen diferentes formas de organizar los días es relativo, siempre y cuando tengan un significado. Y eso es lo que nosotros muchas veces, nos cuesta darle a los días.

    La sensación del vacío cuando la fiesta se acaba, y no podemos evitar sentirlo, es propio de enero para algunas personas, ya que de que representa el inicio de una nueva etapa, una nueva “oportunidad”, pero no es porque realmente lo sea, sino es el significado que queremos darle, como la importancia que le damos de una forma poética.

    Si bien el tiempo es subjetivo, hemos estructurado nuestra realidad en torno a líneas, graficas, el paso del tiempo lineal, por ejemplo, convirtiendo todo en una especie de competencia que cada vez se vuelve más una obsesión al punto que ligamos y estructuramos esfuerzos, logros, metas y cambios para medirlo con base a esta medida y por lo tanto a los inicios de año o fin de este.

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    La realidad es que los cambios o ciclos de cambio no están sujetos a la rigurosidad de un calendario civil, ni a el beneplácito de un sistema, sino que pueden ocurrir en cualquier momento, solo que hay que estar listos para interpretarlo y sobre todo tomarlo cuando llega si de verdad queremos movernos de donde estamos para avanzar o seguir una meta.

    El paso del tiempo es diferente para cada persona dependiendo sus circunstancias, su historia de viday desde luego del ritmo con el que se mueva para concretar o no sus metas, tareas o encargos del día a día. Pero tal vez el significado del año nuevo es tan colectivo porque sin importar todas esas características anteriores, un calendario mundial nos obliga a reflexionar al unísono sobre lo que queremos del próximo año.

    Somos libres de tomar las decisiones cuando queramos, de cambiar si lo deseamos, de conseguir un nuevo trabajo si lo deseamos (ya sea en abril o en septiembre), incluso de hacer ejercicio o no, ¿por qué esperar entonces a que sea primero de enero? Tal vez sea la motivación que encontramos gracias a un cronometro en ceros, como una pista de carreras.

    Empezar el año no es tarea fácil, aunque realmente no se empieza de cero si lo pensamos bien, pues llevamos un trabajo constante en nuestra vida, en nuestros hábitos, en el trabajo, no es como que se pause por completo y se reanude. Parece no ser fácil porque tenemos la mente un poco oprimida por lo abrumador que se ve lo incierto, sobre aquello que vendrá y no está agendado, sobre las sorpresas, retos que afrontaremos. Tener miedo es normal, solo no nos debe de paralizar.

    Empezarse a mover, a trabajar en tus metas, en tu proyecto de vida es difícil, muy difícil de hecho, porque no hay peor enemigo que tu mismo. Sin embargo, no es imposible. Lo que queda es encontrar nuestra motivación que nazca dentro de nosotros mismos, para que nuestros objetivos tangan un soporte más allá de solo deseos.

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    Empezar un año nuevo puede ser difícil, especialmente si tuvimos un año viejo complicado, pero nada es para siempre, y cada día tenemos la oportunidad de cambiar algo que no nos guste de nosotros mismos, de nuestras habilidades, trabajo, actitudes, personas que nos rodean, o qué sé yo. Cada uno es in individuo diferente con necesidades únicas.

    Independientemente del camino y decisiones que tomes este 2024 no olvides serte fiel a ti, a tus principios, valores y ambiciones; sé honesto, humilde, sensato y con decisión. Valores que seguramente te serán de utilizad para lo que quieras realizar. ¡Feliz 2024!

     

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