Los Hedi Boys ya son una epidemia
Los skinny jeans son espléndidamente hot. Odialos, pero su consagración se la debemos a Hedi Slimane. Un tímido francés que a principios de los 2000s revirtió y contrarrestó el oficinero guardarropa masculino de Wall Street hacia una relajada estética bautizada como indie sleaze.
Este hombre que unió al rock y la electrónica – piensa en Justice, Daft Punk, The Libertines y The Strokes – con la moda, las refino hacia una decadencia con onda: estrechas chaquetas, vaqueros ajustados, botas puntiagudas y un cigarro entre los labios — el sublevado e intimidante uniforme que revolucionó una era.
Su nostálgico resurgimiento es una oposición a la cómoda holgura que reina en la moda, llamando a su tribu salida de las cloacas de internet:“Hedi Boys”.
Las nuevas generaciones, que han demostrado una impetuosa preferencia a lo vintage, en especial, al trabajo del creativo en su paso por Dior Homme, Saint Laurent y Celine; tal escandalosa y hedonista estética ha prevalecido. Meramente, se ha transformado en un rígido estilo de vida que su colectivo sigue con mucho fervor. Este auge no precisamente busca encontrar en internet meros looks de pasarela, sino, imitar su hiperatenuada y andrógina imagen.
Esa lánguida y elegante sensualidad que acogió a quienes nunca se sintieron identificados con la heteronormativa adicta al gym dictaba, esa marginación fue un detonante liberador. Era interesante y cercana con la silueta que inevitablemente luce fresca en estos tiempos, más si esas asociaciones vienen de la música. Su moderna autenticidad grunge ya no encaja sólo en los raves o mugrientos locales, están en todos lados.
La congregación de los Hedi Boys es bastante aficionada a este revivir la vieja gloria nacida en Seattle. No sabemos si se podría considerar como una tendencia, aunque entusiasma que su hipnótica y amenazadora llama underground siga prendida.






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