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Valentina Moretti convierte el estigma en arte con Soy Machín

En un momento en el que la representación LGBTQ+ continúa ampliando los límites de la conversación cultural, pocos proyectos logran transformar la experiencia personal en un discurso artístico tan contundente como Soy Machín, la nueva propuesta de Valentina Moretti. Lejos de buscar la provocación gratuita, el proyecto toma una frase utilizada históricamente para violentar a las mujeres trans y la resignifica como un acto de resistencia, libertad y orgullo.

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La música siempre ha sido una herramienta para cuestionar las normas sociales, pero en el caso de Valentina también funciona como un espacio de reconstrucción personal. Soy Machín nace precisamente de esa necesidad: convertir palabras que alguna vez intentaron herirla en un manifiesto de autenticidad. Lo que antes representaba una agresión hoy se transforma en un símbolo de fortaleza para ella y para muchas personas de la comunidad LGBTQ+ que crecieron enfrentándose a prejuicios similares.

El proyecto refleja una evolución artística que no busca adaptarse a las tendencias comerciales. Su sonido continúa abrazando la electrónica, el synthpop y las influencias de los años ochenta, con referencias que van desde Depeche Mode y New Order hasta Moenia, Belanova y la música cinematográfica de John Carpenter. Esa mezcla construye una identidad sonora propia que privilegia la honestidad antes que la búsqueda de éxitos inmediatos.

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    Paradójicamente, esa autenticidad ha sido la que le ha abierto puertas importantes. A pesar de definirse como una artista todavía independiente y de espíritu underground, Valentina ha colaborado con figuras reconocidas de la música mexicana, realizado remixes para artistas consolidados y participado en campañas internacionales como el Super Bowl junto a Fox Deportes y la NFL. Un crecimiento que, según su propia filosofía, ha llegado sin sacrificar la esencia de su propuesta.

    Pero Soy Machín va mucho más allá de la música. También representa una conversación sobre la identidad trans fuera de los discursos tradicionales. En una sociedad donde aún existen expectativas rígidas sobre cómo “debe” verse o comportarse una mujer trans, Valentina plantea una narrativa distinta: no existe una única forma válida de vivir una transición.

    Esa postura también alcanza aspectos que continúan siendo considerados tabú, incluso dentro de la propia comunidad. La artista habla abiertamente sobre la diversidad corporal y la importancia de eliminar la presión de cumplir con estándares específicos de feminidad. En lugar de responder a esas expectativas, propone aceptar que cada experiencia trans es distinta y merece el mismo respeto.

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    Su discurso también pone sobre la mesa una reflexión necesaria sobre la propia comunidad LGBTQ+. Aunque el movimiento ha conseguido importantes avances en materia de derechos y representación, Valentina señala que todavía existen dinámicas internas marcadas por la competencia, el juicio y la validación constante entre personas trans. Para ella, construir espacios realmente seguros implica comenzar por eliminar esas barreras desde dentro.

    El proyecto encuentra un poderoso referente en George Michael y la manera en que el artista británico transformó uno de los episodios más difíciles de su vida en la canción Outside. Esa capacidad de convertir el intento de humillación en una obra de arte sirve como inspiración para la filosofía detrás de Soy Machín: apropiarse del estigma para quitarle el poder.

    Más allá del activismo o la representación, Valentina apuesta por un mensaje profundamente humano. La libertad de explorar la identidad, la sexualidad y la expresión personal sin culpa se convierte en el hilo conductor de una propuesta que desafía los prejuicios sin necesidad de confrontación directa. Su respuesta frente a la intolerancia no es el enojo, sino la creación artística.

    En una industria musical que todavía suele imponer reglas distintas para los cuerpos y las identidades disidentes, Soy Machín demuestra que la autenticidad continúa siendo una de las formas más poderosas de resistencia. No pretende ofrecer respuestas definitivas ni representar a toda una comunidad, sino abrir conversaciones que durante mucho tiempo permanecieron silenciadas.

    Con este proyecto, Valentina Moretti confirma que el arte puede convertirse en un espacio para sanar, cuestionar y resignificar experiencias personales. Más que un álbum o un concepto visual, Soy Machín funciona como una declaración de libertad: una invitación a dejar atrás la vergüenza y comprender que la diversidad no necesita justificar su existencia para ocupar un lugar dentro de la cultura contemporánea.

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    “Soy Machin” toma una frase que históricamente se ha usado para atacar a las mujeres trans y la convierte en el centro de tu proyecto. ¿Qué significó para ti reapropiarte de ese lenguaje y transformarlo en una declaración de poder?

    Durante mi camino como mujer trans me di cuenta de que muchas personas trataban de hacerme sentir mal mediante el uso de ciertas frases como esa, ¿no? Y además siento que es algo con lo cual muchas mujeres trans se pueden identificar, no solamente yo. Y también, no solo mujeres trans: siento que personas de la comunidad LGBT en general.

    Porque es clásico, ¿no? Estás en una comida familiar o algo así y ya está el tío de:
    “Oye, Juanito, ¿ya tienes novia?”
    “No, no, tío, luego”.
    “Ah, pues tienes que ser machín, ¿eh? Quiero que seas machín, nada de andar de jot* o cosas así”.

    Y siento que muchas personas hemos pasado por eso: personas gays, trans… Entonces es algo que yo quise apropiar y usar de una manera reflexiva. Y es algo bonito. Antes me hacía sentir mal cuando veía que en una foto me ponían “ay, es hombre”, “es machín”, ¿sabes? Ese tipo de cosas.

    Y dije: “Pues creo que lo voy a usar para darle un giro inesperado y convertirlo en algo poderoso creativamente y artísticamente”.

    Has pasado de colaborar con figuras clave de la industria a presentarte en escenarios tan masivos como el Super Bowl. ¿Cómo mantienes una conexión con lo underground mientras tu carrera sigue creciendo a nivel global?

    Pues es muy natural, porque la música que yo hago es muy under. Nunca he hecho una canción totalmente pop o que siga alguna tendencia. Nunca he perseguido la popularidad ni sonar como lo que está de moda.

    Siempre he sido fiel a lo que me gusta: los sintetizadores, la música de los ochenta, la música electrónica, el pop, el electropop. Entonces mi música tiene mucho de mi esencia. Tiene cositas de Depeche Mode, de New Order, de Kylie Minogue, incluso un poco de Belanova, de Moenia… cosas con las que crecí y que me gustan.

    También videojuegos, películas de ciencia ficción, terror —me encanta el terror—, la música de John Carpenter, la música de Blade Runner, por ejemplo.

    Entonces mi música es muy yo. Nunca he intentado hacer algo para que le guste a la gente; simplemente trato de expresar y contar historias de mi vida. Y la gente reacciona a eso porque sienten que es auténtico.

    Y ha sido algo muy bonito y muy inesperado. Como bien mencionas, colaborar con gente como María José o Moenia, hacer un remix para Jimena Sariñana o estar en una campaña del Super Bowl con Fox Deportes y la NFL… son cosas que normalmente se hacen con proyectos mucho más grandes.

    Porque yo apenas voy empezando, siento que sigo empezando. Todavía tengo mucho que aprender. Mi proyecto sigue siendo muy underground. No tengo millones de seguidores ni millones de reproducciones ni nada, pero aun así es bonito que artistas grandes y marcas me volteen a ver. Se siente bonito porque quiere decir que estoy haciendo algo desde un lugar honesto y auténtico.

    Has convertido experiencias difíciles en arte. ¿Existe alguna herida o recuerdo personal que haya influido directamente en la creación de “Doctor Machin”?

    Sí. Como te decía, el bullying que sufrí al iniciar mi camino como mujer trans está ahí, un poco, en el título del proyecto.

    Es como decirle a la gente que me quiere molestar:
    “Sí, soy hombre, ¿y qué? O sea, sí… ¿y luego qué quieres que haga?”

    Al final del día todos somos humanos, independientemente de cómo nos identifiquemos o de cómo queramos que las personas se refieran a nosotros. Claro que es bonito cuando te respetan y te dan tu lugar y te tratan como una mujer, desde el punto de vista de una mujer trans. Pero siempre va a haber gente que no esté de acuerdo y que quiera hacerte sentir mal:
    “No, tú jamás vas a ser mujer, tú eres hombre”.

    Entonces este proyecto es como decirles:
    “Ah, ok… bueno, ¿y luego?”

    Ya no me afecta como antes. Y también tiene que ver con crecer a nivel personal y espiritual.

    Además, yo soy muy juguetona y me gusta divertirme. Este proyecto me sirve para explorar otras temáticas que normalmente no había explorado con el proyecto de Valentina Moretti. También estoy usando este proyecto para expresar diversidad sexual y exploración sexual.

    La intención es contar historias relacionadas con la exploración de género a través de la música.

    Si pudieras describir el momento actual de tu vida en una sola canción —que no sea tuya—, ¿cuál sería y por qué?

    —Híjole, qué buena pregunta… Déjame pensar bien, porque hay muchas canciones. Podría ser por la letra, por la música o por lo que representa.

    Siento que estoy en un punto de mi vida donde ya no me importa lo que piensen las personas. Siempre he sido una persona libre, pero hoy todavía más.

    En el mundo de la música, cuando empecé, no solamente estaba luchando contra la sociedad por ser trans, también contra la industria musical. Porque es raro cómo ven a las personas gays, trans, lesbianas o LGBT en general. Como que esperan que nos comportemos de una manera muy “de etiqueta”.

    Y el movimiento queer nunca ha sido eso; siempre ha sido ir contra el sistema.

    A veces me costaba trabajo entender ciertas cosas. Por ejemplo: ves a una artista como Sabrina Carpenter salir en lencería y está bien. Pero si una mujer trans sale en lencería, entonces ya es una puta o ya está “vendiendo sexo”.

    Si una mujer cis lo hace, está bien. Pero si una mujer trans o una drag lo hace, entonces “piensen en los niños”.

    Y es como:
    “Entonces, ¿por qué Sabrina Carpenter sí está bien con los niños, pero una drag no?”

    También pasa con el famoso bulge, el bulto. Ves a un hombre en speedo en la playa y se le ve el bulto, y nadie tiene problema. Pero si una mujer trans muestra su bulto —aunque sea accidentalmente o porque simplemente ya no quiere esconderlo—, entonces eso está mal.

    Y seamos honestos: es difícil vivir escondiéndote el bulto todo el tiempo. A veces simplemente se nota o te cansas de ocultarlo.

    Incluso tuve comentarios de disqueras y empresas —no quiero decir nombres— que me decían:
    “No puedes hacer eso porque se ve mal”.

    Y yo pensaba:
    “Ok… entonces, ¿por qué un hombre sí puede salir sin camisa o mostrar bultito en un comercial de ropa interior y una mujer trans no?”

    Y hoy estoy en ese punto de mi vida donde ya no me importa. De hecho, en la portada de este proyecto salgo mostrando el bulto.

    Y no es como “salir del clóset” por segunda vez, pero sí liberarme de esta carga social de que, por ser trans, tengo que ser muy femenina, muy comportada y seguir ciertas reglas para que la gente me acepte.

    Ya me cansé de eso.

    Dije:  “Yo soy yo. Si me quieres ver como mujer trans, mujer quimera o lo que tú quieras, no me interesa. No voy a seguir reglas sociales; voy a seguir lo que mi corazón me dice”.

    Eso sí: jamás haciéndole daño a alguien ni faltándole al respeto a nadie. La intención del proyecto no es esa. Solo estoy haciendo arte y expresándome a través de él.

    Y por eso quise enseñar un poquito más en este proyecto. Porque si de por sí el tema trans ya es tabú, el tema del bulto dentro de la comunidad trans es todavía más tabú.

    Incluso muchas mujeres trans se avergüenzan de él, y está bien. Hay quienes no quieren tener esa parte de su cuerpo, y hay otras que sí están felices con ella. Y eso es lo bonito: la diversidad.

    No deberías sentirte mal ni por querer quitártelo ni por querer conservarlo. Ambas cosas son válidas.

    Es un mundo demasiado grande como para estarnos atacando o escondiendo.

    Y justo me acordé de una canción de George Michael… No recuerdo bien el nombre, pero la historia resonó muchísimo conmigo.

    George Michael, siendo un hombre gay, vivió mucho tiempo en el clóset, tanto artística como personalmente. Y un día, en Beverly Hills, le ponen una trampa: alguien se hace pasar por un hombre gay para encontrarse con él en un baño.

    George Michael va —porque, pues, era un hombre gay guapísimo y famoso, ¿por qué no iba a disfrutar de su vida?— y resulta que el hombre era un policía. Lo querían arrestar.

    Y cuando sale del baño: helicópteros, prensa, cámaras, luces… queriéndolo humillar por ser gay.

    Y eso fue muy triste para mucha gente, y obviamente para él también.

    Pero lo interesante es que, en lugar de caer en depresión, semanas después lanza una canción…

    Outside.

    —¡Exacto! Y en el video musical recrea exactamente lo que vivió. Sale en el baño, muestra la trampa, todo. Y de cierta manera se empodera de eso que quisieron usar contra él.

    Eso me parece bellísimo.

    Pasó de ser arrestado en Beverly Hills por ser gay a convertirlo en un hit mundial. Y además una canción disco hermosa.

    Siento que esa canción me representa mucho ahorita. Porque estoy en esa etapa donde ya no me importa nada; lo único que me importa es ser feliz, expresar mi arte y ofrecerle al público algo con valor cultural, artístico y de entretenimiento.

    Como mujer trans latina, ¿qué conversaciones crees que siguen haciendo falta dentro de la propia comunidad LGBTQ+?

    Una sería entender que no existe un único ejemplo a seguir. Cada viaje y cada transición es muy personal.

    Y hablando específicamente de la comunidad trans, siento que muchas veces —lo he vivido y lo he visto— es difícil hacer amigas trans porque existe un sentimiento de competencia inherente.

    Competencia sobre quién “se ve más mujer”, quién “pasa” más, quién empezó hormonas antes, quién empezó más joven, quién parece más femenina…

    Incluso he visto conversaciones donde mujeres trans le dicen a otras:

    “Es que tú no eres trans porque no tomas hormonas”.

    “O porque no te has operado”.

    Y siento que eso es muy delicado. Porque son cosas que pueden generar inestabilidad emocional e incluso llevar a temas muy fuertes como el suicidio. Eso es algo muy triste.

    Se habla mucho de maquillaje, moda, sexo o maridos, pero casi no se habla del viaje emocional y personal que implica ser trans.

    Ser trans puede significar algo completamente diferente para mí y para otra mujer trans, y ninguna está “mal”.

    Porque “trans” significa atravesar. Como “transatlántico” o el Trans Europe Express. Transgénero significa atravesar el género. Transexual, atravesar la sexualidad.

    Tomar hormonas, hacerte cirugías o empezar tu transición a los 10 o a los 40 no define si eres trans o no.

    Y siento que muchas veces se le da demasiada importancia a cosas que no deberían definir quién eres como persona.

    Y también dentro de la comunidad LGBT a veces somos muy duros con las personas trans.

    He visto chicos trans burlándose entre ellos:

    “Es que tú no pareces hombre”.

    “O tú todavía no tienes vello”.

    “O yo ya me quité los pechos”.

    Y entonces pienso:

    ¿cómo estamos exigiendo respeto, amor y paz afuera si entre nosotros mismos nos estamos atacando?

    Tiene que empezar desde dentro de la misma comunidad queer.

    Tu trabajo habla mucho de transformación. ¿Hay alguna parte de ti que todavía estés descubriendo o redefiniendo?

    Sí, todo el tiempo.

    Me sigo redescubriendo y redefiniendo mi sonido. Siento que ya encontré algo muy peculiar: un sonido que puedes escuchar y decir:

    “Ah, suena a Valentina”.

    Y eso es bellísimo como artista.

    Siento que mientras más honesto eres contigo mismo, mayor satisfacción personal encuentras y también más amor recibes del público.

    Lo mío son los sintetizadores, la música de los ochenta y la electrónica moderna. Eso es lo que puedes esperar de Valentina Moretti y de Soy Machín.

    Pero siempre sigo explorando nuevas texturas, nuevas temáticas y nuevas formas de hablar sobre género y sexualidad.

    Hay cosas que antes me daba pena mencionar y ahora ya no.

    Y eso hace que otras personas se acerquen y me digan:

    “Qué padre que estés haciendo esto”.

    La portada del remix, por ejemplo, es muy impactante. Salgo con una bondage box sobre una camilla, algo muy fetish y todavía muy tabú.

    Y eso también es bonito porque ayuda a normalizar ciertas cosas y recordar que somos humanos.

    No deberíamos avergonzarnos de ser humanos.

    Si te gustan las manos, los pies o cualquier otra cosa, pues qué bueno. Eso no te convierte en un demonio.

    Hay que tomarse las cosas más a la ligera y dejar de hacer escándalo por algo que simplemente forma parte de la experiencia humana.

    Me gusta la cultura pop y Mariah Carey

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