Gran parte del reconocimiento cultural prehispánico del país se da gracias a los vestigios encontrados por quienes dedican su vida al conocimiento de nuestra cultura indígena. Así, uno de los grandes referentes de la cotidianidad de nuestros ancestros, es la vestimenta que usaban los hombres, así como el valor que tenía sobre el territorio de la antigua Tenochtitlan, lugar en el que actualmente se sitúa la Cuidad de México.

El pueblo mexica fue uno de los grupos nahuas que habitaron el gran islote ubicado al poniente del lago de Texcoco y que en siglo XV, en el periodo Posclásico tardío, se convirtió en el centro de una de las civilizaciones más extensas de Mesoamérica.

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Por su parte, en nuestra cultural ancestral, la vestimenta era el reflejo de la diferencia social, cuyos estratos se ordenaban por: Sacerdotes, nobles, guerreros, artesanos, comerciantes y campesinos. De esta manera, durante su fase imperial, las jerarquías estaban marcadas por dos grandes grupos: los “pipiltin” (singular pilli) o nobles y los “macehualtin” (singular macehualli) o gente “común”. Esta posición social se definía por nacimiento y sólo en casos excepcionales un macehual podía escalar a otro nivel.

En este sentido, los varones “macehualtin” (población campesina) vestía el “maxtlatl”, constituido por ásperas fibras de ixtle (fibra de henequén, agave o yuca) con la que envolvían su cintura y que a base de nudos, dejaban caer las tiras colgantes al frente y detrás del cuerpo, cubriendo las partes íntimas. Vestidos así, realizaban sus quehaceres cotidianos y deambulaban por la ciudad, llevando mercancías al mercado; abastecían su hogar de alimento, así como leña, atendían las festividades religiosas, además de acudir a algún templo o trabajaban la tierra.

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Representación gráfica de un “Maxtlatl”

Por su parte, los “pilli” (Guerreros, nobles y sacerdotes, parte de la más alta sociedad) vestían con un “tilmatli” elegante, elaborado de algodón y un “maxtlatl” largo que era usada como capa, el cual, dependiendo de la clase social a la que se perteneciera, se colocaba de una u otra forma. Como parte del calzado, usaban sandalias de cuero llamadas “cactli”.

La forma de utilizar el “maxtlatl” consistía en pasar la prenda inicialmente entre las piernas, para después ser enrollada por la cintura, dejando, tanto detrás como por delante, un pedazo de tela que ocultaba los genitales. Esta forma de vestir constituía un indicador de civilización entre los mexicas, mismo que fue heredado de las costumbres toltecas.

Cabe resaltar, que como menciona Josefina Fernández en su artículo “El arte textil entre los nahuas”: “las prendas más usuales se hacían de algodón o ‘íchcatl’ hilado perfectamente, teñido de colores, tan fino y bien trabajado que los conquistadores lo alababan de continuo. La calidad del algodón era tan alta, que les permitía hacer telas gruesas, delgadas o transparentes y no necesitaban de otras fibras para la manufactura de las distintas texturas esenciales para sus ropajes. “ 

Con esta prenda, se dice que los mexicas criticaban y despreciaban a otros grupos que no sentían vergüenza al mostrar sus genitales, pues esas costumbres se oponían a su ideal de conducta y vestido que querían imponer.

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Desde luego, también existía el “tilmatli”, prenda que cubría el cuerpo en una tela rectangular, la cual se llevaba colgada como una especie de capa de tres maneras distintas. Lateralmente, amarrada sobre el hombro y por debajo de la axila del otro brazo, forma que de acuerdo a los indicios, solía ser la más común de todas, ya que permitía tener libres ambos brazos.

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Otra forma de usarlo era hacia atrás, con un nudo bajo el cuello como una especie de capa. Este estilismo era usado característicamente por las clases gobernantes y sacerdotales.

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Tilmatli

Una más, era aquella usada lateralmente, anudada sobre un hombro y pasada por encima del otro hombro. Dicha forma parece ser, era la menos común, ya que no permitiría la movilidad de ambos brazos.

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Tilmatli

Pero lejos de la posición del “tilmatli”, lo que marcaba la diferencia del hombre y su vestimenta, era el material de fabricación de la prenda, pues este sin duda, develaba el nivel económico y social de la persona que lo portaba.

En la clase de los “pipiles”, las prendas eran hechas básicamente de algodón y ambos podían estar profusamente adornados con bordados, tejidos, incrustaciones de piedra, plumas o pieles, sirviendo además como distintivo social, ya que su color y decorado podían corresponder con un cargo o un honor.

Por otro lado, si el “tilmatli” llegaba hasta los tobillos de los “pipiles”, significaba que había ganado un privilegio por sus acciones en la guerra. Para las épocas de frío, se cree que portaban un “tilmatli” de tela más gruesa y mayor anchura con el cual se envolvían. Al sentarse los hombres, movían esta prenda hacia el frente, de tal forma que cubriera sus piernas.

Interesante ¿no? Ahora sabemos que muchas de las significaciones que tenemos en la actualidad, a partir de lo que portamos, radican de costumbres y tradiciones ancestrales, que a pesar de los cambios en diseño y tecnología, se mantienen sobrevivientes.

 

Fuentes:

México desconocido

El arte textil entre los nahuas, Josefina Fernández Barrera

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