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Cecilia Suárez: la fuerza de habitar otras vidas

Fotografía: Izack Morales. Maquillaje y pelo : Juan Peralta y Charly Cabrales. Estilismo: Beto Escamilla y Juan de Dios Ramírez para Blancopop. Créditos de moda en la galería.

 

Durante una junta en la que no llegábamos a un acuerdo para definir al Bad Hombre del número 05, una idea se nos plantó en la cabeza: “¿y si ponemos a una mujer?”
Cecilia Suárez (nuestra única opción), y yo llegamos al edificio donde haríamos las fotos al mismo tiempo, poco después de las 9:30 am, para percatarnos que estábamos en un lugar un poco muy inclinado para nuestros nervios en plena Condesa. “Si ponen una canica en el piso se va para la izquierda”, dijo Cecilia mientras Charly Cabrales comenzaba a trabajar con su pelo. Yo topé que la puerta del baño se cerraba con mucha autonomía, pero para cuando llegó la ropa ya estábamos acostumbrados a la inclinación y podíamos comenzar a trabajar.
“¿Debería estar nervioso de entrevistarte?”, le pregunto a Cecilia antes de fotografiar el primer look. “No. ¿O a quién más has entrevistado que te puso nervioso?”, me responde. Supongo que no debía estarlo: sólo estamos hablando de una mujer que lleva años siendo respetadísima en la industria, un ícono de la moda en el país en sus propios términos y que acaba de romper el internet con su último papel como Paulina de la Mora en La Casa de las Flores -una creación de su compadre Manolo Caro. Ver a Cecilia posar y tomar las indicaciones de Izack Morales es prácticamente ver a una modelo profesional o, recordando a Eugenia Cauduro explicar en un viejo comercial en Insomnia, ver a una actriz muda al servicio del lente. Ser actor es un trabajo de tiempo completo, me supongo.
Cuando terminan las fotos, Cecilia se desmaquilla y vuelve a su abrigo rojo que cubre por completo su playera con una ilustración de Oscar Jaenada en personaje que lee “TE ODIO LUISITO REY” -otro rey del internet de la casa Netflix.

Cecilia Suárez fotografiada por Izack Morales, usando Salvatore Ferragamo y botines Fendi

 

Cuando nos sentamos en un restaurante junto al edificio de las fotos y después de cambiarnos de mesa por el volumen altísimo de las bocinas -el restaurante todavía no tenía servicio, pero nada como una petición de Cecilia Suárez para disponer del lugar para hablar- le digo a Cecilia que de las cinco producciones de portada de la revista no había visto que la banda se emocionara tanto por una producción y creo que se debe a que todos nos obsesionamos con La Casa de las Flores en los últimos días. Se ríe y me dice que no había nada que temer, porque es muy buena onda. Le doy la razón y hablamos sobre su temor por el edificio inclinado. Durante las fotos, Cecilia nos contó que a cualquier lugar al que va, siempre busca identificar la salida de emergencia antes que otra cosa y le pregunto dónde le agarró el temblor del 19 de septiembre pasado.

“Nos tocó en un edificio en la Roma, filmando la escena del bar mitzvah de La Casa de las Flores, en una locación con mucha gente; por eso fue tan traumática la experiencia…” La filmación se pospuso unas semanas porque la Ciudad de México, como otros estados aún más devastados, entró en estado de emergencia -cosa muy nueva para esta generación de memoria a corto plazo.

Cecilia Suárez fotografiada por Izack Morales, usando total look Louis Vuitton

Nos cambiamos una vez más de mesa y también cambiamos el tema. El estilo predominante del momento en la moda -un poco de humble dressing, completamente cubierto y muy decorativo, entró a la órbita Cecilia Suárez, que desde hace años he visto celebrar en sus redes cuando la ocasión lo amerita. Es muy parecido al estilo diseñado para su Paulina de la Mora en la serie y le pregunto qué le atrae de esto.

Cecilia Suárez fotografiada por Izack Morales, usando Hugo Boss

“Nunca me ha gustado mucho la ropa pegada; la he usado pero no me encanta. Una vez leí un quote en el que le preguntaban a una mujer qué consideraba algo de mal gusto en la ropa y respondía que ir con la ropa pegada. Crecí aprendiendo lo mismo en casa de mis papás y yo le encuentro delicadeza a este estilo”. El mundo llegó a sus términos. “¡Al fin, oye!”

¿Cómo se filtró eso a Paulina en la serie? Yo intuyo que sus manos derechas estilísticas, Beto Escamilla y Juan de Dios Ramírez, colaboraron en la imagen, pero Cecilia me corrige:

“Nos vistió Natalia Seligson, que es la vestuarista de la serie y también ha sido vestuarista para Elvira, La vida inmoral… es una colaboradora regular de Manolo y creo que le atinó muy bien al personaje”.

 

Cada vez que entrevisto a un actor termino preguntando qué tan importante es el vestuario para la creación de un personaje y la respuesta siempre es la misma: “vital”. Para ahorrarnos eso, le suelto a Cecilia la pregunta más subrayada en mi libreta de notas: ¿por qué eres actriz? Primero responde con una risa y luego dice: “Ahora creo que es un poco por azares del destino, pero mi hermana mayor estudió cine y a través de ella fui interesándome cada vez más de cerca en lo que es el quehacer cinematográfico y actoral. Yo quería estudiar leyes, pero cuando me enteré que los juicios no eran orales en México, me desilusioné mucho. Era muy jovencita e inocente y yo pensaba que los juicios eran como en las películas hollywoodenses. Con el tiempo me di cuenta que lo que realmente quería era pararme frente a un grupo de gente a decir un monólogo o algo parecido, que es lo que ahora hago…” Eso es lo que hacen los abogados en el cine, le digo y también agrego que los actores y los abogados deben ser los más grandes y mejores mentirosos que existen, “…ándale, aunque los abogados no hagan soliloquios porque ellos le apelan a una contraparte muy específica”.

Le cuento que en una entrevista de Saoirse Ronan, la chica responde a una cuestión similar sobre su vocación explicando que, cuando le da todo de sí a este tipo de trabajo, el trabajo le regresa mucho más como persona y le pregunto si también va por ahí su caso.“Bueno, ella es una actriz muy joven, por eso habla así y en otras palabras pienso lo mismo, aunque visto desde otro lugar. Puedes trabajar un personaje con mucho esfuerzo, mucho ahínco y eventualmente el trabajo duro te va a redituar sí o sí…” Independientemente del trabajo al que te dediques, en este caso siendo actor, la interrumpo. “Exacto”.

¿Qué es lo más duro de ser actor para Cecilia, entonces?

“Eso va cambiando con el tiempo y aprendes a entenderlo. Hay una inconsistencia permanente en lo que hacemos; es un tránsito constante que, al mismo tiempo, si logras hacer las paces con su ritmo, se vuelve encantador. Es una impermanencia que nos recuerda que así es todo en la vida, ¿no? Eso por un lado y por el otro, creo que lo más complejo de un actor es el manejo de las emociones. La mayoría de la gente trabaja por establecer un balance emocional y nosotros, cuando estamos trabajando, estamos buscando picos en esa línea…” Cecilia mueve la mano derecha en subida y picada pidiendo que la ayude a expresar esto a la hora de redactar. Se refiere a esos clímax emocionales que todos experimentamos en algunos puntos muy específicos de la experiencia vida, cuando nos sacuden el piso para dicha o desgracia, pero también refiere a que un actor debe condensarlo en tiempos y magnitudes específicas. ¿Se imaginan atravesar un episodio completamente emocional, pero tener que repetir la toma varias veces? ¿En diferentes ángulos? ¿En 1000 representaciones teatrales? ¿Durante el temblor más violento que ha visto la ciudad en décadas?

“Todo esto tiene un costo, aunque la gente crea que no. Aunque nosotros los actores creamos que no; porque el cuerpo no reconoce que lo que está pasando es mentira, aunque tú lo hagas con verdad y trabajes con verdad…” Jackpot. Cecilia tiene razón: un ajeno a su profesión no piensa en estas cosas. Esta vez la interrumpo para pedirle un ejemplo. “Cuando hice Elektra, la hice en teatro en Chicago y pensé que tendría mucho tiempo para mí. Estaba muy feliz porque regresé allá sólo para hacer ese montaje. La obra duraba menos de una hora y yo pensaba que iba a ser de llegar, hacer la obra y poder hacer cosas en la tarde, cenar con mis amigos o irme por una chela, pero no podía hacer nada. Llegaba a mi casa y me dormía porque este es un personaje que sufre de principio a fin y el cuerpo no sabe que el estímulo que está trabajando dentro de ti es mentira y se cansa igual. Tu cuerpo está llorando. Tu mente sabe que es ficción, pero tu cuerpo no y es agotador y es muy real porque tú sientes… tú trabajas con la emoción. Eso es lo cansado”.

Regreso a la impermanencia que menciona esta actriz unos párrafos antes, porque ya casi es septiembre y si mis cuentas salen bien, en septiembre del año pasado estaban grabando La Casa de las Flores, terminando la serie se mudó a trabajar al teatro y ahora, a finales de agosto, está de regreso en los sets haciendo una película. ¿Cuál impermanencia?
“Yo no estoy en una oficina de lunes a viernes. La impermanencia es que los proyectos empiezan y acaban, empiezan y acaban. Eso es”.

Ahora bien, Manolo Caro y Cecilia son la dupla del nuevo-nuevo cine mexicano y desde hace años son amigos y compadres. Le pregunto a Cecilia si Manolo le hace los papeles a la medida tomando en cuenta esta relación tan estrecha. Después de reírse nuevamente de mis preguntas, responde:

“Sí sé que Elvira la hizo pensando en mí cuando la escribió y me honra muchísimo que haya sido de ese tamaño su generosidad y su cariño. Supongo que con los otros personajes va tinteando ahí… de hecho cuando hicimos Elvira había amigos que apostaban que íbamos a dejar de hablarnos. Pensaban que era muy intenso el proyecto, pero Manolo y yo descubrimos que nos entendemos casi sin palabras, con una complicidad y un entendimiento de los mundos que él crea donde hay un lenguaje que nos permite hacer las cosas divirtiéndonos. También nos interesa mucho trabajar en armonía y que la gente la pase bien en el set. Nos interesan las mismas cosas en ese sentido”.

¿Influye la edad en esto?

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“Claro, porque sabemos que el tiempo que compartimos es el tiempo que pasamos en el set. Él sigue con la película después de que yo termino con mis escenas, por eso lo importante para nosotros es lo vivido durante ese tiempo mientras estamos juntos. Para mí, con la edad, se ha vuelto muy importante que mi tiempo no lo sienta yo como un desperdicio a nivel personal, sino que realmente esté en un espacio y un tiempo que disfrute con la gente con la que estoy”. Cecilia le da unos golpecitos a la mesa mientras dice eso y, extendiendo sus manos, continúa: “Me es muy importante saber que si yo voy a estar lejos de mi casa, si yo voy a estar contigo, logre sentir quién eres y saber por qué estamos juntos aquí, ahorita. Para mí eso hace que todo valga mucho más la pena”.
¿Ahora se entienden los nervios?

Como dije iniciando este texto, Paulina de la Mora rompió el internet. No sólo es el personaje que sirve de hilo conductor entre las dos Casas de las Flores y el que carga con los secretos y los cambios más fuertes e histéricos de la serie, también se convirtió en la fuente de memes más explotable de entre todos los personajes. Su tono de voz aletargado, su aparente distancia emocional y sus variadísimos one-liners la hicieron la favorita del público. Le digo que a los 10 minutos de empezar la serie ya estaba picadísimo y terminé los 13 capítulos en una sentada. Cecilia me hace una cara de sorpresa, pero le insisto que era un sábado sin nada mejor que hacer. “¡Qué malo! Yo pensé que habías cancelado todo en tu vida…” Le respondo que no tengo vida pero que su Paulina me dio mucha, en específico en el segundo capítulo, cuando se le cae el teatrito y su familia la confronta al mismo tiempo que llegan de sorpresa al funeral de Roberta mientras Amanda, Gloria, Paulina, Yuri y la recientemente huérfana Micaela velan el cuerpo cantando La Maldita Primavera de la Yuri original. Luego de perder su zen por unos segundos, Paulina se distrae del caos para indicarle a las chicas con imperativo “fuerte, in-ten-sas” que sigan su muy poco ortodoxo memorial para inmediatamente hacerles coro cantando con ellas. Esta escena es mi favorita en toda la serie porque Paulina -y Cecilia- tratan de cubrir su vulnerabilidad con todo el estoicismo del mundo. ¿Cómo salió de ella Paulina de la Mora?

“El tono de Paulina es algo que fue pasando, no fue algo que yo premeditara que o fuera una decisión consciente… eventualmente se convirtió en una decisión de Manolo. De hecho tuvimos que doblar las primeras escenas porque yo hablaba a mi velocidad normal y tuvieron que editarme de espaldas o poniendo al otro a cuadro, pero no sabíamos lo que todos iban a pensar de eso. Sabíamos que era un riesgo y el día que lo hablamos, Manolo me dijo que este acento estaba pasando, pero yo le dije que era su call como director. Me dijo que lo hiciéramos, pero todavía más a full, aunque fuera un riesgo. Igual eso es algo que tanto a él como a mí nos gusta de trabajar juntos: él siempre insiste que busquemos cosas nuevas, pero los dos sabemos que los riesgos que tomamos lo hacemos tomados de la mano… además siempre ayuda a saltar con un amigo”.

¿Y en qué punto convergen estas dos mujeres?

“Hay una cosa muy interesante sobre esta mujer que toma decisiones por una familia y que se guarda tantos secretos, hablando con esa especie de suavidad o dulzura -incluso con un dejo infantil, pero eso no tiene que ver conmigo en particular… tiene que ver con ser humano. Todos vemos las cosas como somos y, en ese sentido, Paulina refleja una parte de mi humanidad. Las dos somos fuertes y a las mujeres fuertes pareciera que nos cancelan la sensibilidad. Si tú eres una mujer fuerte, tienes que ser, entonces, una desalmada y es difícil que los demás reconozcan tu fragilidad, pero que seas fuerte no quiere decir que no tengas una parte que es completamente frágil. En las mujeres fuertes eso está muy castigado. O eres fuerte o eres frágil, pero para qué quieres salirte del cajón si las mujeres estamos diseñadas para ser frágiles, ¿no?”

En esta parte del audio hay una pausa silenciosa -sin contar la música del restaurante que nunca dejó de perseguirnos. Hay mucha fuerza en estas palabras de Cecilia, pero también esa vulnerabilidad que es inherente a la persona que habita otras vidas como profesión. El proyecto en el que está trabajando Cecilia actualmente se llama Perfectos Desconocidos, también dirigida por Manolo Caro. Le pregunto a Cecilia sobre la película y la premisa suena catastróficamente muy interesante:
“Perfectos Desconocidos es un remake de una historia italiana que se va a hacer en 11 idiomas y 12 países distintos, porque ya la hicieron en España. Es la adaptación de Manolo de esta historia sobre una cena entre amigos en donde los celulares tienen una presencia importantísima y, a raíz de ello, ya te imaginarás el desastre que es…”

Todos podemos atestiguar a eso y Cecilia y yo hablamos de la peligrosidad de las redes, le cuento como ejemplo cuando mi exnovio se buscó a alguien para ir a ver Elvira porque yo no quería verla y terminó poniéndome el cuerno también. “Ya ves lo que pasa por no querer ir a ver nuestras películas”, me dice mientras se ríe una vez más de mí. Cuando hablamos de lo que Cecilia comparte en sus muy activas redes sociales, menciono su afición pambolera. Otra vez se ríe y me dice que sólo le da en épocas mundialistas, “pero no sabes cuánto lo gozo y cómo amo que México se represente como país”. Adelantándose a ese punto, le remarco que en su feed de Instagram hay también mucho activismo cuando la causa lo amerita tratando de mover a otros lados la atención que su público le pone. Espiando su cuenta mientras preparaba la entrevista, llegué al año pasado en épocas del temblor y, en una serie de posts ininterrumpidos, Cecilia volcaba sus publicaciones a la ayuda y difusión de todo lo que pudiera acelerar la movilidad y rescate durante esa experiencia tan horrible que nos unió como comunidad y que nos tenía de nuevo tan nerviosos este día en el edificio de las fotos casi un año después.
“Cómo no iba a hacerlo, si era lo más importante. Ojalá todos hayamos aprendido algo de eso porque es muy cierto no tenemos memoria”.

“No tenemos memoria”, me quedo pensando mientras nos despedimos. Sé que Cecilia tiene toda la razón, aunque también pienso que ella sabe perfectamente que hay cosas que se quedan pe-ga-dí-si-mas en el i-ma-gi-na-rio co-lec-ti-vo. Qué bár-ba-ra.

La Casa de las Flores y otras obras de Cecilia Suárez están disponibles en Netflix.

Cecilia Suárez fotografiada por Izack Morales, usando Gucci

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