El patriotismo en la moda se ha vuelto banal
Recientemente, el periodista Davide expuso una campaña publicitaria de la marca Cocoloco, en la que se afirmaba que la fotografía tomaba como “inspiración” imágenes de las detenciones del movimiento estudiantil de 1968 en Tlatelolco. El descontento no era solo por el uso de IA, sino por utilizar lo que llaman “patriotismo” de una forma tan negligente y tan normalizada en México.
No es la primera vez que la moda utiliza, obstinadamente, sucesos históricos marcados por la violencia y la corrupción con el objetivo de reinterpretar lo mexicano. Solo recordemos lo ¿genial? que fueron las chaquetas bombers con el eslogan “Mexico is the Shit” como protesta contra de las políticas antimigratorias de Donald Trump en 2016. Con el paso del tiempo, ese manifiesto terminó por perder legitimidad ante un irónico cambio de opinión que lo apoya.
Sin embargo, ese orgullo cultural es… singular. También es lamentable que esta industria no aprenda ni entienda que la polémica no es fructífera si no se comprende el contexto que nos rodea o que aparentan interesarse. En medio del caos y la violencia, esa imagen patriótica que tanto se quiere restregar en internet, no desafía el status quo, se ridiculiza cuando no existe una lucha u objetivo claro. Y más aún cuando se promulga en otro idioma.
Hace poco, también han salido a la venta gorras con un pelicular mensaje: “Make México Great Again”. ¿Te recuerdan a alguien? Es inexplicable cómo muchos pueden utilizar mensajes tan profanos––incluso raciales––disfrazados de grandeza nacional, cuando tu propio hogar es pisoteado verbalmente por la misma fuente de inspiración que intentan recodificar. Tal vez sea una parodia, pero ¿qué tan genuino es?

Cada acto tiene una intención. Nada pasa por desapercibido y menos cuando se trata de una estrategia de comunicación. Todo se reduce a la superficialidad y el consumo rápido. Si de por sí el malinchismo lo vivimos en el trabajo, lo que vemos en streaming, hasta en la moda … la conciencia histórica queda arrinconada, ignorada por la necesidad de encajar o consumir sin cuestionar.
El patriotismo explícito––marketero–––carece de sentido al volverse en un disfraz atrae likes. El efecto se reduce y el progreso deja de verse coherente al intentar huir de la realidad. Un asunto que irónicamente se explotará cuando un extranjero decide “colaborar” y termina menospreciando lo que dice llamar “patriotismo consciente”.

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