Un 2018 muy Manolo Caro

Manolo Caro fotografiado por Manuel Zúñiga.Texto: Alejandro Peregrina. Maquillaje y peinado: Pamela Arellano.

Bomber bordada de Dries van Noten, pantalones y camisa blanca de Maison Margiela, todo disponible en SIlver Deer Polanco, zapatos de Salvatore Ferragamo.

“La verdad soy director por un accidente de la vida. Soy arquitecto de profesión pero siempre me consideré un contador de historias porque desde chavito empecé a escribir y el estudiar cómo aprender a contar esas historias me llevó al camino de la dirección”. Manolo Caro ha tenido un año muy prolífico tanto en la cantidad de trabajo que produjo como en sus medios: Straight, una obra de teatro, abrió en la primavera; La Casa de las Flores, serie, se estrenó en Netflix durante el verano más político que hemos tenido y la película Perfectos Desconocidos estrena esta Navidad, el mero 25 de diciembre, para cerrar el año con una historia salvaje y un cast hecho a la medida. Accidentalmente hemos tenido tres portadas consecutivas con talentos que han trabajado bajo la dirección de Manolo -además de Alex Speitzer, uno de los tres badhombres de nuestra primera edición- y el movimiento más natural era tener ahora a la mastermind detrás de esta generación de actores que son parte importantísima de esa labor de contar. “Nunca me he definido como un dramaturgo, me defino como alguien que busca los medios para expresarse a través de las historias”.

Le pregunto a Manolo si alguna vez ejerció arquitectura y me dice que no, nunca. ¿Entonces siempre fue un contador de historias que se perdió un poco en el camino? “Tuve un problema de seguridad siendo muy chiquito, a los 10 años sufrí un secuestro, y a partir de ahí el psicólogo me dejaba escribir para exorcizar todo lo que había sucedido y se me quedó como un recurrente en mi vida… en cualquier momento que sentía que quería decir algo o expresarme, me ponía a escribir hasta que se volvió una costumbre y eso se volvió este motor de mi vida. Como a los 14 años me di cuenta que quería narrar mis propias historias y también me daba cuenta que cuando yo contaba o puntualizaba ciertos momentos de mi vida, los estructuraba para que fueran muchísimo más catchy para el público. De ahí nació esto”.

De querer hacerlo a los 14 años a estudiar arquitectura a exitosamente dedicarse a ello hay muchas brechas y una muy grande -que considero deberían hablar más al respecto en la vida en general- es la incertidumbre de tratar de escogerte un futuro a los 17 ó 18 años a través de la universidad. ¿Quién realmente sabe lo que quiere, mucho más a esa edad? “Yo me metí a leer muchísimo teatro, me metí a ver muchísimo teatro. Siempre me ha llamado mucho el teatro y me he sentido muy cómodo en él, como espectador y haciéndolo… vivía en Guadalajara y a esa edad, cuando terminas la prepa y tienes que cuestionarte sobre qué vas a estudiar, te entran muchos miedos y todas las inseguridades y tratar de ser director de lo que sea en un país como este es realmente ponerte a buscar la aguja en el pajar. La verdad tuve una crisis y me fui a vivir a Sidney y me encantaba su arquitectura tan moderna con el centro histórico tan pequeño y ese contraste tan rápido y la explosión de un país en renacimiento me parecía fascinante y se me antojó mucho… quizá decidí estudiar arquitectura por miedo pero también estaba muy consciente. Sabía que iba a terminar contando historias, pero no de qué manera, pero según yo encontré esta cosa muy romántica en la que la arquitectura me permitía contar algo, entendiendo los espacios, los colores, la geometría… regresé a estudiar y justo a mitad de la carrera me cayó la oportunidad de involucrarme en este medio y de ahí no paré hasta el día de hoy”. El día de hoy, versión Manolo Caro, refiere a que cuando nos sentamos a esta entrevista habían pasado cuatro días de haber hecho sus fotos y venía directo de una junta sobre la segunda temporada de La Casa de las Flores -nada mal para la incertidumbre y el miedo de años atrás. “Me estaba comentando un amigo que en un año cumpliré 10 años de carrera, ha sido muy rápido”.

Sweater de Salvatore Ferragamo, chamarra Dolce & Gabbana

Viendo hacia el futuro inmediato, Perfectos Desconocidos suena como el perfecto paso hacia adelante en la carrera de Manolo. Hablando con Cecilia Suárez hace meses me recomendó ver la versión española, que subsecuentemente he visto dos veces ya y pareciera un Manolo Caro original de no saber que es un remake que está pasando en 15 países diferentes. ¿Cómo llega al director el proyecto? “Siempre he sido un hombre con mucha suerte. Ernesto Alterio, uno de los actores de la versión española es amigo mío y un día platicando me dijo que estaba haciendo una película que le recordaba mucho a mí y que ojalá pudiera toparla en España cuando estrenara. Luego en las redes de Ernesto vi que era un éxito en España y le pregunté a Miguel Mier, CEO de Cinépolis, si podían conseguirme un link para verla; lo consiguieron, fui con mi socio y otros amigos a ver qué onda y me encantó. Justo lo primero que pensé al verla fue ojalá se me hubiera ocurrido a mí hacer esa película y este guión. La sentí muy cercana a mí con estas cenas en No sé si cortarme las venas o La vida inmoral y comenté ahí en la peli que me hubiera gustado hacerla. Me fui a las vacaciones de diciembre y en enero fue que se suscitó el fenómeno de Perfectos Desconocidos a nivel mundial -porque viene de una película italiana y se está haciendo el remake turco, árabe, griego, brasileño, ya se estrenó la francesa y México, al ser el tercer país más importante del cine al nivel mundial tenía que hacer su versión y me hablaron inmediatamente porque sabían que me había gustado mucho la película y mi interés por ella. Nunca pensé que haría un remake pero cuando me lo ofrecieron sabía que era una oportunidad que no podía desaprovechar porque era sumarme a este fenómeno mundial además de que se me daban muy bien las fechas…” Pausa. Cuando Manolo dice que el fenómeno se desató en enero, se refiere a hace 10 meses, cuando ya había terminado de grabar La Casa de las Flores pero aún no estrenaba, para que hagan las cuentas. “Lo primero que dije fue que si me dejaban hablarle a los actores que me interesaban para el proyecto, estaba adentro. Me dijeron que sí, les hablé y dijeron que sí también” ¿Todos los actores? “Todos los actores a los que les llamé dijeron que sí”.

Total look de Dolce & Gabbana

Hablando de casts, Manolo siempre forma equipos grandes y variados para contar sus historias -incluso esa es la premisa de algunas de ellas. La Casa de Las Flores va de una familia muy disfuncional que de un día para otro se expande políticamente, Perfectos Desconocidos sobre una cena entre siete confrontativos amigos y La Vida Inmoral requería duplicar el cast porque la historia salta entre décadas de los personajes involucrados. ¿Cuán deliberado es esto?
“Creo que tiene que ver con que no soy un escritor con formación y un poco de osadía de -se va a escuchar un poco mal lo que voy a decir, pero me vale un poco madre la estructura o cómo tienes que delimitar ciertas cosas para que funcionen. Creo que pasan esas cosas porque ni lo pienso”. Le digo a Manolo que quizá eso hace más democrático su trabajo y así más democrático su público. Un taxista de más de 70 años alguna vez me dijo que estaba obsesionado con La Casa de las Flores y hay mucha fuerza en darle a toda clase de público un poco de veneno escondido en los terrones de azúcar.

Arriba y derecha: look total de Salvatore Ferragamo. Arriba: Abrigo, camisa, pantalón y botines de Salvatore Ferragamo. Chamarra de Officiate Générale y foulard de Dries van Noten, disponibles en Silver Deer Polanco.

“Bueno, creo que yo mismo me he metido mucho el pie porque así como soy osado para unas cosas, también me autoflagelo mucho y me meto en problemas por ser yo queriendo ser más político o por deber ser mucho más pragmático y no lo soy. He encontrado una cosa bien loca en que sé que la gente o ama u odia mi trabajo y eso tiene que ver con ser honesto. Si uno trabaja en esto para querer vender boletos o ser famoso o querer caerle bien a alguien, vas a caerte. Por ejemplo, creo que La Casa de las Flores es una serie muy libre en el aspecto de que no hay reparos en los personajes de ser quienes son realmente, con lo bueno y lo malo. A veces uno toca fibras que ni te cuestionas, como con el personaje de Paco León… de hecho ese personaje me costó las peores pesadillas de mi vida profesional porque hubo movimientos en España en su contra porque lo rechazaba muchísimo la misma comunidad trans y me causaba mucho insomnio porque yo quería que el personaje de María José representara a esta mujer trans en una circunstancia diferente como la abogada penalista exitosísima y afortunadamente cuando salió la serie la gente lo entendió”.

Y si no lo entendían por lo menos lo tenían ahí en frente en la plataforma de streaming más popular del mundo.

Como decía al inicio del texto, Manolo es muy prolífico y obviamente muy trabajador, lo que por default lo convierte en celebridad por sí mismo en el gremio -además de un hacedor de estrellas, pregúntenle a Darío Yazbek-. Nada mal para un arquitecto convertido en director, pero como me diría él durante la entrevista: cada flor tiene una espina y, según yo, el showbiz es justo eso.
“Hay una cosa bien loca que con los años empieza a pasar en esto: de repente te das cuenta que tu carrera no depende tanto de lo que tú seas; hay un equipo de trabajo con mánagers, mi socio, los abogados y de repente veo a seis personas hablando sobre hacia dónde va mi carrera y yo estoy sentado en la esquina tomándome un refresco esperando que me digan a dónde voy, además que con los años y conforme pasan los proyectos empiezas a entender que todo es una montaña rusa y que la seguridad tiene que ver más sobre cómo se estructura uno como persona y como ser humano que con el éxito que le llamamos a través de los ojos ajenos”.

Pueden ver mucho del trabajo de Manolo Caro en Netflix y Perfectos Desconocidos a partir del 25 de diciembre en cines.

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