Ilse Salas: la vida doméstica en confinamiento, el otro lado de la maternidad

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Pandemia es una palabra que alguna vez llegué a leer en las letras chicas de algún contrato. Habrá dicho algo así como “no te cubrimos en caso de pandemia“, “no nos hacemos responsables en caso de pandemia“, “no te pagamos en caso de pandemia“; a lo que respondí siempre con una firma de autorización considerando que no había posibilidades de que semejante cosa jugara en mi —nuestra— contra. Ahora lo entiendo, aunque no entiendo todo lo demás.

Llevo 10 años viviendo como freelance, siempre con la incertidumbre de no saber cuándo vendrá el siguiente trabajo, cuándo se me acabarán los ahorros, qué vendrá después, pero ciertamente con una suerte infinita que me hace vivir la incertidumbre desde un lugar sumamente privilegiado.

Y desde ese lugar siento un miedo que nunca experimenté, un miedo colectivo, una incertidumbre colectiva, una reflexión profunda acerca de lo que nos ha hecho llegar hasta acá y la pregunta constante en loop: ¿cómo vamos a salir de esta?

Pero como madres la sociedad nos obliga a transmitir fuerza, a dar seguridad, cobijo y alegría a nuestros cachorros. Nada me haría más feliz que ser capaz de hacerlo pero me resulta imposible no flaquear en el intento. Hay días fantásticos y luminosos de unión familiar, de amor y poder pero hay otros de cansancio extremo, de aburrimiento atroz. Nadie nos cuenta que ser la mamá chida que juega y ríe y propone juegos puede ser tremendamente aburrido y no digamos lo cansado. No hay manera de ser la maestra Jimena o Cositas (entiendan que estas referencias son de una chavorruca de los 90’s, googleenle) las 24 horas y ser feliz. No para mí.

Yo necesito y siempre he peleado por conseguir mi espacio, mis momentos, mi habitación propia como diría Virginia Woolf. No puedo darle alegrías y seguridad a mis hijos si no me encuentro yo. Me escondo para pintarme la boca, hacerme las uñas, leer mis libros, hacerme fotos, ver películas que no sean de Pixar. Si no lo hago, exploto.
Como mujeres y madres, la carga social que tenemos para mantener la vida doméstica funcionando y ser contención emocional en cualquier circunstancia es tremenda. Para mí es una situación insólita sentir este encierro, pero tristemente esta es la realidad permanente de millones de mujeres que por desgracia no tienen parejas que las alienten a encontrar esos espacios para sí mismas, que no las juzguen por hacer con su tiempo lo que se les pegue la gana, que no las obliguen a cumplir con un status quo que les conviene solamente a ellos. Mi lucha siempre estará en encontrar esa libertad.

¡Uno, dos, tres por mí y por todas mis compañeras!

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En esta historia: Ilse Salas autofotografiada desde su casa. Edición fotográfica: Eugenio Schulz. Todo el maquillaje: Chanel Beauty.

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