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Las colecciones de otoño: una disertación

Salvatore Ferragamo, otoño-invierno2018
La literalidad es una constante en la moda, síntoma de la falta de autonomía de la mayoría de la gente para tener una voz propia desde la creación y, del otro lado, la falta de autonomía del resto del mundo para vestirse y expresarse a través de ello.
La tendencia general para el otoño del 2018 es quizá la mejor tendencia que he visto en mis años como aficionado de la moda: no hay tendencias. Usa lo que quieras mientras sean fucking cool clothes.

Con el rise del streetwear al mainstream y a la burbuja del lujo, que es de donde se filtra todo a las masas gradualmente, la apoteosis del godinato por Martine Rose en Balenciaga y la mezcla del todo en el Gucci de Alessandro Michele y el impacto que han tenido esas tendencias en los últimos dos años, la tendencia de la no tendencia es más que evidente. Todas las marcas se han dedicado a hacer lo que mejor saben desde su propia identidad y, mezclando todo eso, la uniformidad es cancelada.

Prada, otoño-invierno 2018
Prada es un gran ejemplo del shock del cambio. Durante unas temporadas la visión de la marca parecía muy dispersa y sin lugar en la conversación mundial de la moda. Para el otoño de este año decidieron enfocarse en dos cosas: la tradición y la iconoclastía personal. Su desfile estuvo dividido en dos: la exploración moderna del nylon negro -el material que los puso en el mapa mundial a mediados de los 90’s y el contraste de prints de archivo de diferentes colecciones -de 1996 al 2013, para generar ropa inconfundiblemente Prada. Las bananas se mezclaban con las flamas, los labiales con los ángeles barrocos o las matas de trigo con playas siniestras. ¿Hay algo más Prada que los prints deliberadamente feos?

 

Dolce & Gabbana, otoño-invierno 2018
Trabajando en las fotos de Kevin Holt para este número pude descubrir con mis propias manos y ojos la riqueza de los textiles empleados por Alessandro Sartori para su Ermenegildo Zegna y pude deducir más o menos lo mismo que viendo la colección de Prada: cuando aplicas tus mejores assets para tu trabajo, es cuando evolucionas en un mejor camino. La ropa de Alessandro es muy discreta a primera vista, pero tocando y volteando las prendas inside out, descubres su valor más preciado (y no me refiero a la etiqueta que lee “Zegna Couture” en la nuca de la ropa): el poder de estas prendas tan discretas visualmente es el peso que tiene por la calidad de sus materiales y su perfecta construcción. La exquisitez de Alessandro no viene de sus decoraciones o aspiraciones estilísticas, esta ropa vale por su inigualable calidad.

En la conversación mundial, Dolce & Gabbana son conocidos ahora por su exploración (explotación) de temas sicilianos como la religión, la monarquía, la comida y el amor (aw). Italianísimos como nadie, el dúo mezcla esos elementos con la modernidad del sportswear, las redes sociales y la característica manufactura italiana (la mejor del mundo) para crear prendas que, si bien nos dan un grave caso de déjà-vu, son excepcionales en su riqueza y espectacularidad. Una playera en 100% seda estampada nunca va a pasar de moda. Jugarle a tus fuerzas reditúa.

Bottega Veneta, otoño-invierno 2018

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En Nueva York, Thomas Maier se despidió de su larguísima estancia en Bottega Veneta con una colección inspirada en el interiorismo arquitectónico moderno y con otro home-run de piezas artesanales y una sensibilidad de color superior a cualquier ojo de su generación (¿sabían que a partir de los 30’s vemos los colores con menos saturación cada vez?). Su salida de la marca se une al cambio constante de diseñadores en la industria, cada vez más veloz creando crisis de identidad en las casas, dejando un legado de atemporalidad, sutileza e inteligencia en la marca. Es un chiste local de la industria decir que ropa como la suya es esa que usaría una galerista intelectualoide o un banquero en sus vacaciones, pero lo que Thomas Maier hace de verdad son prendas para los sensibles.

Louis Vuitton, otoño-invierno 2018
Siguiendo con las despedidas, la que más se siente en perspectiva es la de Kim Jones en Louis Vuitton. El verdadero rebelde del lujo contemporáneo tuvo un ascenso a la joya de la corona LVMH con su flamante nuevo puesto como Director Creativo en Dior Homme, pero su Vuitton es legendario y ahora ambiguo. Kim pasará a la historia como el mejor alquimista de la calle y el lujo con sus tantas colaboraciones que pusieron a Louis Vuitton como la marca a la cuál aspirar en términos de cool factor y deseabilidad. Un favorito de la legendaria Louis Wilson en sus años como estudiante en la más prestigiosa Cnetral Saint Martin de Londres, Kim Jones llegó a Vuitton hace 11 años apuntado por el mismísimo MArc Jacobs como colaborador para la línea masculina hasta quedarse con el puesto en solitario desde 2011, mejorando la comunicación de la marca con sus conexiones amistosas como los Beckham o las supermodelos Kate Moss y Naomi Campbell que ayudaron a cimentar su estatus como un diseñador-celebridad en los tiempos de Instagram. Su presencia en el mundo de la moda es una tan valiosa como cuando Saint-Laurent era relevante y transgresor en los 70’s, con el mismo ojo para mezclar absolutamente todo lo que ve y vive en colecciones que, aunque la mayoría no podamos pagar, pueden identificarnos en muchos puntos como una sociedad variada y hermanada por sus diferencias. Todo envuelto en los materiales más exquisitos que existen, pero con el suficiente humor (¿cinismo?) como para lograr una realidad inmediata en todas sus creaciones.

La primavera masculina para el 2019 llegó durante el verano del 2018 y, con ella, un cambio que necesitará asentarse para poder entenderlo del todo. El Dior de Kim Jones fue un gran debut. Su Vuitton cambió por completo, pero no es algo malo, es emocionante. Virgil Abloh representa otra guardia de director creativo -no es un diseñador entrenado, no sabe patronar ni cortar y es el primer diseñador afroamericano en trabajar en tal puesto en una casa de moda europea, pero su trabajo es seguir los pasos del pionero Kim Jones: salir a las calles y regresar con una realidad genuina para estilizar el nuevo lujo. Todos somos diferentes, la globalización está en su punto más alto y todos necesitamos hacer comunidad de una manera u otra. La moda es el mejor medio para comunicar eso y, jugando con tus fuerzas, los resultados deberían ser progresivos. El mundo está entendiendo que no hay un solo tipo de gente, así que no hay una sola tendencia. Todos somos individuos, pero no todos somos autónomos y las colecciones de otoño son un reflejo de eso: todos queremos encajar en algo, pero todos queremos ser identificables por algo más. ¿Quién podrá tener una voz genuina como un diseñador en esta dicotomía?

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