Por José Antonio Saucedo Camacho

Esto que te voy a contar hoy, surge de una experiencia personal. Espero sirva de reflexión para cambiar la forma en que nos relacionamos unos a otros. Para muchos, una persona siempre se verá afectada por su género, que definirá sus modos de actuar y su forma de hablar, por ser amanerado; si no cumples con los estándares establecidos, serás inevitablemente objeto de discriminación.

La amaneración

Un cambio en la vida del hombre.

Desde niños nos enseñan a comportarnos de cierta manera, firme en nuestros gestos y movimientos. Me acuerdo que cuando era niño mi mamá me decía “camina bien pareces una niña, no hagas las manos así” y en mi mente siempre me pregunté ¿por qué no debo hacer esos movimientos femeninos? Al paso de los años comprendí que éstas mismas conductas me traerían problemas en la escuela con mis compañeros, los cuales me volvían a juzgar por los mismos comportamientos “caminas como niña, hablas como joto” Ahí fue cuando me di cuenta que quizá tenía que cambiar mi forma de ser, dejar de hacer esos movimientos considerados como femeninos o movimientos “raros” y por los cuáles estaba siendo discriminado.

Después de que mi mamá me regañó porque no caminaba bien decidí estudiar los movimientos de mi papá, me le quedé viendo toda una tarde, a continuación me fui a mi habitación y comencé a ensayar varias veces su forma de caminar hasta que caminara como él. Pasaron los días y al fin escuché a una de mis hermanas y mi mamá decir “El niño ya camina como su papá” lo cual me hizo sentir muy bien y de nuevo vino el cuestionamiento ¿por qué? ¿por qué esta bien caminar de una manera y de otra no?

Pero ahí no acabó todo, existía algo más que sabía que me traería problemas en mi persona de la misma forma en que me trajeron problemas mi forma de mover las manos y mi forma de caminar y que sabía debía cambiar si quería encajar, te explico: también en la escuela, de pronto me comenzaron a molestar por una nueva razón, mi voz, se escuchaba femenina y llegué ahí llegué al tope. Me sentía tan mal ¿Por qué me mandaste esa voz, Dios? y lloraba porque me respondiera. 

Tanta era mi obsesión con encajar que recuerdo una vez que una compañera me pregunto por qué hablaba así y yo inventé que había tenido un accidente en la garganta, como poniendo una excusa a mí mismo.

Con los años uno va creciendo y se da cuenta que el bullying siempre ha existido. Existió en mi niñez, existió en mi adolescencia y hoy a mis veinticinco años me siguen molestando por las mismas cosas, me siguen molestando por mi amaneración. Trabajo en atención a clientes, en una zapatería y ahí los compradores me siguen señalando (por mi voz, por mis manos, por mi forma de caminar) He tenido que aprender solo a ser mas fuerte y a no tomar en cuenta los comentarios negativos de la sociedad.

Hoy en día se que la forma de movernos no debería ser motivo para hacerle bullying a un niño, a un adolescente o a un adulto. Tú no deberías hacerme a un lado (o hacerme menos) por la forma en que muevo mis manos durante una conversación. Hoy en día se sigue corrigiendo a los niños para que “no sean amanerados” cuando deberíamos seguirnos enfocando en aceptar la diversidad de todos tipos desde edades tempranas, porque somos libres de expresarnos y de movernos, sobre todo cuando esa es nuestra esencia.

Espero que este fragmento de mi vida le sirva a alguien como reflexión por que ser amanerado sigue llevando a las personas a tener problemas, a mí me sigue trayendo problemas. Lo único que quiero es respeto hacia los demás, tolerancia y no discriminar por nada, menos por la forma en que nos movemos, por ser “amanerados”.

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