¿Qué es un Príncipe Alberto y por qué los hombres se perforan el glande?

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El título original decía “se perforan la v*rga”, pero tuvimos que ser más correctos por el bien de los lectores. 

La historia de los piercings (perforaciones, en inglés) genitales es un poco difícil de establecer, aunque se cree que provienen de las tribus de Borneo. En el Kamasutra ya hay textos que describen a los hombres decorándose el pene con joyería e implantes, entonces desde ahí se cree que la modificación genital masculina es popular. O bueno, que existe.

El “Príncipe Alberto” es la perforación de pene más común (porque hay muchas, como el apadravya y el ampallang – que si están aburridos en esta cuarentena podrían googlear para satisfacer su curiosidad). Recibe ese nombre gracias a el Príncipe Alberto, esposo de la Reina Victoria de Inglaterra, quien se cree que se hizo esta perforación alrededor del año 1825; en esa época Beau Brummell, el diseñador y sastre de la realeza y el creador de la figura del “dandy”, comenzó la moda de los pantalones súper apretados, por lo que algunos hombres se tenían que perforar el pene con un anillo para podérselo detener con un gancho dentro de los pantalones, y que no se les fuera chueco y se les viera un bulto extraño. Se llamaba “dressing ring”.

Wow.

(Algunas teorías de conspiración dicen que todo esto es ficción, producto de un panfleto de los años 70 llamado “Body Piercing in Brief” escrito por Doug Malloy).

Más allá de su origen, la realidad es que hoy muchos hombres tienen un Príncipe Alberto, pero nadie lo sabe. En BADHOMBRE siempre queremos llevar la información a los lectores sin que tengan que meter mano para enterarse, por lo que entrevisté a seis hombres perforados acerca de su experiencia.

“¿Qué se sentirá coger con ese piercing?”

La mayoría de los entrevistados concuerdan en tener consciencia de la existencia del PA desde la adolescencia, generalmente habiéndolo visto en porno. “Desde los 17 o 18 años se me quedó el gusanito pero no indagué ni investigué más,” dice Luis*. “En parte porque tenía miedo de hacerlo y porque mi mamá es muy conservadora, entonces el sólo hecho de pensar que me descubriera con un piercing en el pene de daba aún más miedo que el dolor del piercing.”

No sé por qué una mamá descubriría un piercing ahí, pero cada familia tiene sus propias costumbres.

“Las perforaciones me llaman mucho la atención. No me haría uno en la oreja o en labio, pero tengo en el pezón. Me gustan más en zonas erógenas. Creo que es un placer casi exhibicionista – que te lo vean en un baño público o en el gimnasio – y de saber que lo tienes, más que el placer que genera al tener sexo,” dice Felipe* quien lo tiene desde hace casi 6 años.

“Al ver una aguja que te va a perforar el pito, claro que no se te para.”

Algunos de los hombres lo pensaron mucho, como Felipe, quien investigó dos años acerca de la perforación. “Fui investigando y llegué a grupos y blogs de perforaciones genitales. En la Condesa existe un lugar especialista en perforaciones genitales (Wakantanka, Nuevo León 284). Me pidieron muchos antecedentes de que no tuviera una enfermedad de transmisión sexual, firmar un release, un acuerdo de confidencialidad…”

Otros, lo hacen más impulsivamente, como Luis. “A los 25 tuve una crisis interna muy fuerte, no me gustaba mi trabajo y me sentía muy solo, fue por eso que tomé la decisión de cambiar algo en mi vida, y fue el piercing la primer cosa que se me ocurrió. Lo decidí en dos semanas.”

Hernán* tiene tres meses con su perforación. “Desde los 16 quería hacérmelo. Hoy tengo 26 y finalmente me lo hice. ”

“A mí me dio nervios. Mucha gente piensa que se te va a parar en ese momento, pero al ver una aguja del tamaño de tu mano abierta (de tu dedo índice al pulgar) que te va a perforar el pito, claro que no se te para. Sientes como un pellizco fuerte, pero instantáneo. Dos segundos de dolor, no como los aretes del pezón que sí duelen muchísimo.” – Felipe.

“Yo diría que en la escala del dolor de perforaciones, este es cero. Los pezones son 10.” – Hernán.

“De repente salpico.” La vida después de perforarte. 

“La primera vez que vas al baño, sientes que haces navajas. Pero la misma orina ayuda a cicatrizar. Y cosas cambian: ahora te vienes para todos lados. Yo sí siento diferente al coger… aunque nadie me ha dicho que siente distinto de coger conmigo. Es más el morbo a que sientan el metal adentro,” dice uno.

Para Hernán, aún hoy hay dificultad para ir al baño. “De repente salpico, pero es algo que tienes que aprender a controlar.” Otro dice que ir al baño parado sí se ha convertido en un problema, pero que lo vas controlando poco a poco, especialmente con la pieza correcta.

“Ese mismo día me pude masturbar. Te dicen que te esperes como dos semanas a que cicatrice, pero yo no me aguanté,” dice uno. “Te tienes que esperar dos o tres días,” dice otro. “Para tener relaciones sexuales sí tienes que esperarte. Lo comparo a cuando se te pega la ropa interior a la uretra.” WHAT?

“La mejor parte es que los orgasmos se vuelven más intensos. No sé si sea una cosa mental o si sea fisiológica, pero las veces que he penetrado con el piercing, lo disfruto mucho.”

“Se experimentan sensaciones completamente nuevas a las naturales,” dice JoseAn Hernández, quien no tiene problemas que en que aparezca su nombre real. “Me parece muy sexy y a la gente le da mucho morbo.”

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“Me da la validación de que soy más macho.”

Más allá del proceso físico, es importante para mí saber si al tener un piercing, los hombres se sienten diferentes, parte de un club, o mejores o peores que antes. “Me lo hice por sentir un poco de dolor y sentirme vivo y tener esa emoción en el estómago cuando haces cosas “prohibidas” o que “están mal”. También, como soy muy fetichista, cuando otro hombre me lo ve en un baño, en mi mente me da la validación de que soy “más macho”. Otra cosa que me emocionaba de tenerlo, es que se viera a través de los pants y que la gente en público pudiera notarlo… nunca ha pasado porque ni se ve.” 🙁

JoseAn cuenta que “hay una sensación de auto-realización – es como cualquier accesorio o cirugía. Además de cierta complicidad con otras personas que tienen perforaciones genitales. “El fierro” se ha vuelto parte de mi cuerpo. Es de las pocas cosas que al desnudarte no te quitas.”

“Es de las prácticas menos recurrentes. En el lugar que me lo hice hacen 7-8 perforaciones al día, pero solo 4 o 5 de estas a la semana. Pero es igual a la gente que se hace tatuajes, la gente que hace ejercicio, la gente que se pinta el pelo… es algo que te da placer a ti. ”

La soledad de tener el pene perforado

A la mayoría de las personas les gustaría conocer más gente como ellos. “Desafortunadamente” no es muy común hablar de ello. “En el gimnasio, muchos hombres – al parecer bugas – me preguntan mucho si me dolió o no. Genera mucha curiosidad entre la gente. Aunque no he convivido nunca con nadie que lo tenga también,” dice Felipe. “Según el que me lo hizo, muchos hombres van con sus novias o esposas a hacérselo, porque las mujeres sí sienten diferente.”

“Yo creo que los heteros están más recluidos, y los gays estamos más abiertos a experiencias y a la exploración. Tenemos más la mente de ‘chingue su madre’, entonces por eso creo que es una perforación más comúnmente gay.” – Hernán.

“Las perforaciones genitales en la cultura maya no tienen una connotación sexual, sino un derrame de sangre como ofrenda a los dioses. En mi experiencia, la comunidad que tiene una perforación genital no es exclusiva de una orientación sexual,” dice JoseAn. “Yo soy bisexual, y los hombres con los que tengo relaciones son los que me piden que me lo quite, porque les va a doler o les va a lastimar. Sin embargo, ninguna chica me ha dicho que no.”

*Los nombres de los entrevistados han sido cambiados, excepto JoseAn, de quien puedes conocer más en sus redes sociales @joseanhz. Las fotos son auto-retratos de los entrevistados. Agradecimientos especiales a Juan Oyervides por ayudar con la convocatoria. 

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