Una Perpetua Lluvia de Pensamientos, Vivir con Trastorno Obsesivo Compulsivo

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Explicar qué es el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC, o OCD por sus siglas en inglés) es muy complicado, incluso para mí, que llevo más de 20 años viviendo cada uno de mis días con él. Muchos relacionan el TOC con la obsesión por el orden y la limpieza pero en realidad es mucho más que eso, incluso poco tiene que ver con el núcleo de esta condición. Yo lo intentaría describir como una constante tormenta de pensamientos que llegan a tu mente, positivos, negativos o neutros, y la obsesión de analizar cada uno por completo, acompañado de todas esas acciones realizadas para lidiar con ellos.

No puedo quejarme de mi infancia, fui feliz, sin embargo no creo que haya sido la infancia más normal, nunca me sentí como mis compañeros de primaria. Así como jugaba y reía con las caricaturas también cargaba con el peso de pensar que todo lo que sucedía en el mundo era mi responsabilidad, creyendo que si no rezaba o realizaba cierto tipo de rituales el mundo iba a caer en caos, aunque también me regocijaba cuando las cosas que deseaba se cumplían, fueran personales o a escalas globales. Aún recuerdo perfectamente una noche en que me puse a pensar sobre el significado del infinito, una palabra que recién me había enseñado mi maestra, di tantas vueltas al concepto y me di cuenta de cómo rompía con todo lo que sabía hasta el momento, con todo lo que algún día el ser humano podría aspirar a alcanzar y no pude evitar vomitar de lo aplastante que fue ese pensamiento, a mi madre sólo le dije que me dolía la cabeza pero tuvieron que pasar semanas para reencontrar la comodidad.

Muchas veces fui llamado un niño “llorón” y con mucha razón, realmente lloraba mucho, pero nunca fue por un berrinche, genuinamente me dolían las cosas, como el saber que mi padre nunca iba a ver el ataque que había hecho mi personaje favorito en la TV porque ese día había llegado tarde a comer (los tiempos pre-streaming se sienten muy lejanos), no era un reclamo hacia mi padre, lo entendía, pero me dolía. También regresa constantemente a mí la ocasión en que tuve que esconderme de mi primo mientras jugábamos, solo para encontrar un rincón de privacidad para poder analizar una plática que acababa de escuchar y no me dejaba concentrar.

Todo esto con menos de 10 años, y mientras más crecía los pensamientos incómodos iban aumentando, fue entonces cuando llegaron las compulsiones, pequeños rituales que realizaba para no tener que lidiar con la ansiedad que me provocaban mis pensamientos, ya fuera rezar imparablemente durante el día, tocar las imágenes religiosas justo en la mejilla, prender y apagar la luz cinco veces antes de dormir, mantener el volumen en un número impar al ver televisión, contar uno a uno los caracteres antes de enviar cada mensaje, persignarme más de 10 veces al pasar por un templo, entre otros. Notaba que no era normal, que me estaba haciendo daño, me avergonzaba y no sabía cómo explicarlo, aún con todo eso, no planeaba detenerme, no podía.

Fue alrededor de mis 17 años cuando la percepción de mi vida dio un giro de 180º, mientras escuchaba una canción de quien se convertiría en mi artista favorita, Obsessions de Marina & The Diamonds, noté cómo de la manera más casual describía acciones que yo hacía en secreto esperando que nadie las notara. Cómo podía cambiar de estar en el mejor de los ánimos a irritarme en un segundo, cómo una común y corriente visita al supermercado podía transformarse en toda una tortura por las miradas de las personas que observaban curiosamente lo difícil que me era elegir un paquete de galletas, a pesar de ser de la misma marca, mismo empaque, misma presentación, pero en mi mente eso no era cierto. Al final de uno de los versos de esta canción la artista relaciona estos comportamientos con las siglas OCD, lo cual marcó la pauta para investigar el significado, origen y trasfondo y darme cuenta que lo que yo sentía era una condición que muchas personas en el mundo experimentaban.

Ser consciente sobre lo que vivía me ayudó a buscar ayuda y entender mejor mis acciones, tuve suerte y pude comenzar terapia inmediatamente, ademas de contar con una familia que me apoya incondicionalmente y amigos que salían de su zona de confort para entenderme y apoyarme. Fue gracias a esto que una vez que deje de lado las sensaciones de que lo que vivía era ilícito o digno de vergüenza pude apreciar mucho más mi manera de pensar, y es que no es que esté condenado a vivir con una mente que funciona de esa manera, es que soy yo quien funciona de esa manera, he aprendido a valorar lo que el TOC me trae en lugar de querer eliminarlo, estoy orgulloso de mi habilidad para la administración y sobre todo de mi capacidad de análisis, me atrevo a decir que me ha ayudado a ser sobresaliente en el ámbito profesional y personal.

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Fue un camino largo donde necesité de fármacos, paciencia, mucha fuerza de voluntad y apertura para dejar atrás las partes negativas del TOC, tenía miedo de que mis obsesiones y compulsiones me consumieran y no pudiera tener una vida funcional, o al menos de la manera en que la deseaba. Condiciones como está pueden acabar con las vidas, no es una sorpresa que como sociedad hayamos elegido relacionarlo con algo como la limpieza, ya que es mucho más fácil pensar cosas positivas que enfrentar la realidad de que debido a la ignorancia respecto a la salud mental, hay personas que son víctimas de sus propias mentes y no pueden adaptarse a las normas comunes que la sociedad requiere. Personas que muchas veces ni siquiera están consientes de qué es lo que les pasa. Es por eso que escribo esta pieza, deseando que así como yo me reflejé en una canción, alguien pueda reflejarse en estas palabras y darse cuenta de que hay más posibilidades y nuestra mente no es algo para avergonzarnos, al contrario.

No es que quiera romantizar el tema, se lo difícil que es para la mayoría, pero también soy testigo de que con los estímulos adecuados podemos controlar nuestra propia narrativa y por eso a quienes vivimos con esta condición nos queda aprender a crecer a través de ella, y al resto nos queda luchar por la visibilidad y la normalización. Rompamos el tabú de la salud mental en un país como Mexico en el cual poco se habla y mucho se castiga.

Imagen al centro: Norbert Kundrak on Unsplash.
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