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¿El porno afecta mi sexualidad?

¿El porno afecta mi sexualidad?

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Tal vez caíste en la trampa de creer que mientras más veas porno, mejor amante serás. Sin embargo, pasa casi siempre al revés. Resulta que ver porno para muchos de nosotros, los hombres, fue nuestra primera educación sobre sexo y por supuesto, está realmente lejos de una educación sexual que priorice los acuerdos, el cuidado, el respeto, la corresponsabilidad y sobre todo, el placer. Ustedes dirán, que por qué el placer, si las actrices porno gozan a lo grande y ustedes también con sus compañerxs, pero ¿le han preguntado a su pareja si goza de la misma forma?

El porno fue un mal maestro sobre el sexo, pero de a poco, podemos educarnos mejor, y no se trata de satanizar al porno, sino de verlo con un lente más crítico que nos guíe a una sexualidad menos alejada de fantasía y más apegada a la realidad.

Responsabilidad afectiva (sí, aunque sea para una noche)

Cundo hablamos de realidad en temas sexuales, debemos empezar por los vínculos. Las relaciones cambian y la forma en la que las nombramos también. Del famoso “amigos con derechos” de los años 2000 a las relaciones abiertas. La realidad es que sea cual sea la etiqueta que enunciemos, hay un vinculo de por medio, y estos vínculos requieren cuidados, aun cuando se trata de sexo casual o de una noche.

Y aquí entra un concepto que requiere su texto propio “la responsabilidad afectiva”. El sexo casual o de una noche, también conlleva este cuidado afectivo ¿En qué? En ser clarx de lo que uno busca, las emociones que se involucrarán, lo que se vale y lo que no, digamos, las reglas del juego, reglas que evidentemente no vemos en las escenas nopor, donde generalmente actor A (hombre) se encuentra a actriz B (mujer) y en cuestión de minutos empiezan un acto sexual explícito, donde la mayoría de las veces siempre culmina en una penetración dejando de lado tantas cosas que involucran dos cuerpos desnudos. No sólo es una industria y un espectáculo sexual explicito, se trata de pedagogías que absorbemos y ponemos en práctica casi sin darnos cuenta.

Cuerpos de dominación por cuerpos de placer

El sexo se trata de placer, claro, pero de un placer construido por ambas partes y no desde la dominación. Vamos más lento. El porno nos ha enseñado que las mujeres tienen un rol en el acto sexual, servir a los deseos del hombre. Basta con ver que las categorías del porno, funcionan de acuerdo al físico de las mujeres: pelirroja, rubia, madura, delgada, tatuada, depilada y demás. Un menú al servicio del placer masculino.

Muchos dirán que para eso es el porno, para simular fantasías. Pues sí y no, porque aprendimos que la mujer se someterá a nuestros deseos, invisibilizando los de ella. No sólo deseos y fantasías, sino fondos y formas, donde tal vez quiera experimentar un orgasmo sin la necesidad de ser penetrada tal y como siempre pasa en el porno. Escuchar a nuestrx compañerx revestirá el placer no sólo en fluidos y penetraciones, sino en acuerdos, deseos y sobre todo derechos, porque el placer, es uno de ellos.

Violencia

Tal vez no te has percatado, pero te invito a hacer el ejercicio. Los títulos de los vídeos porno, generalmente enuncian los graves problemas que tiene un país como México a la hora de hablar de violaciones y agresiones sexuales. Por dar un ejemplo de un título real: “Llego borracha a casa y mi primo se aprovecha” Parece ser un título que sólo tiene como función excitar, sin embargo, no sólo se trata de eso, sino que naturaliza una práctica altamente misógina y machista, pues se condena a una mujer por beber y ser borracha y se justifica al agresor por ese mismo acto. Si esto lo llevamos a la vida real, nos encontramos con una práctica recurrente tanto por las instituciones, las redes sociales, los medios y la sociedad, que es revictimizar. Le pasó por: “borracha”, “por vestir así”, “por andar sola en la noche”. Jamás se responsabiliza al único sujeto: el violador.

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Y así vamos por las páginas porno leyendo títulos como: “Mi tío me despierta a media noche para co*er”, “Me ganó mi aumento con mi jefe en hotel”, “Mi profesor me pide sexo para pasar”, entre otros. Si nos fijamos un poco, no son títulos, son problemáticas de violencia de género en áreas como la laboral, la escolar y la violencia sexual en casa, que no es por espantar pero en el 2019 se dio a conocer números de horror en familiares de agresores: “De acuerdo con un estudio del Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, los principales agresores sexuales de los niños son familiares, luego maestros y después sacerdotes: en 30 por ciento abuelos o padrastros; 13 por ciento, tíos; 11 por ciento, padres biológicos; 10, primos; 8, vecinos; 7, maestros, y 3 por ciento, hermanos”. Según la página prevenciondelaviolencia.org.

Cuando se lee así, los títulos de porno dejan de ser sólo un título ¿no?

De lo que se trata con la educación sexual, es prevenir las violencias, saber poner límites con nuestro cuerpo y nuestras emociones, entender la importancia de los acuerdos, los consensos, los cuidados propios y de pareja, la responsabilidad y sanar las relaciones de poder que tanto daño han hecho y que aprendemos a diario en memes, opinólogos de Twitter, instituciones y por supuesto, el porno.

Apostemos por la educación sexual en primera, para evitar los calvarios de una violación, un aborto mal hecho o un embarazo no deseado a las futuras niñas y mujeres del presente, así como restaurar el daño en el pasado, pero también en la búsqueda de acostumbrarnos al derecho del placer y gozo sano.

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