La consistencia siempre ha sido la clave de Hermès, pero una regularidad aliñada con tejidos pioneros y las siluetas más elegantes. Es de gran ayuda que la diseñadora de ropa masculina de la casa, Véronique Nichanian, haya ocupado ese puesto en Hermès durante más de tres décadas. En términos de moda, eso es como equiparar su mandato con el del rey Luis XIV o la reina Isabel II. Sin embargo, sigue reinventando su estilo, comprobando que definitivamente no forma parte del Antiguo Régimen.

 

Tomemos como ejemplo su nueva cazadora, una prenda emblemática de todos los hombres franceses, que esta temporada llegó con bolsillos con cremallera inclinados verticalmente, ribetes y cuello enrollado. Como inventada por un científico, pero hecha a mano con mucho cariño.

“Quería hacer un agujero en el vestuario masculino tradicional. Sugerir una nueva silueta y algunos enfoques nuevos. Una parka de piel de becerro; un chaquetón corto para un viaje, un jersey con estampado ecuestre para un look despreocupado”

explicó Nichanian.

 

Los chaquetones y chaquetas son cortos; los abrigos cruzados son largos, todos combinados con pantalones estrechos y estilizados. La diseñadora utilizó cortes en ángulo y aberturas para imaginar nuevas formas o volúmenes, como los magníficos abrigos de espiga con bolsillos caídos en el pecho u otras cazadoras de seis botones con solapas verticales simples. Ninguno de ellos busca llamar la atención, pero todos son inesperados.

Además, su uso del semitransparente fue perfecto, con lo que logró convertir el nailon y la malla transparentes, que ella llamó “ropa de goma”, en artículos de lujo. Combinando detalles elegantes y accesorios como cuellos dobles, bufandas de tubo, incluso elementos clásicos como el patrón Príncipe de Gales y Argyle obtuvieron una nueva vida como solapas de bolsillo o patrones desordenados.

Como siempre, los materiales emanaban exclusividad. Piel de cordero bañada, cuero de estribo, franela de piel de venado, cachemira y alpaca, piel de becerro pulida. Mientras que la paleta era cambiante, pero melódica: caqui, basalto, carbón, anís, azul petróleo, brezo, calabaza, azafrán, sílex y turba.

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