¿Y si ya es hora de volver a usar la skinny scarf?
¿Existen accesorios inútiles? Esta pregunta desató un debate sobre el verdadero propósito de la skinny scarf. Popular en los años 2000, la mayoría de las celebridades portaban una bufanda ultra fina que literalmente, solo funcionaba como una decoración carente de sentido.
Esa franja de algodón, poliéster o lana, no te mantiene caliente y que podrías confundirla con una corbata flaquísima o un pañuelo mal amarrado. ¡Brr! Pese a los gélidos días que azotaran la intemperie urbana, envolver el cuello con un trozo de tela asperó es todo un reto. Casi imperceptible, la skinny scarf regresa para darle un toque chic á la Lenny Kravitz en este terrible otoño.
El amor por esta prenda ha sido clandestino. Últimamente, se ha ido liberando de su crisis existencial gracias a famosos que la han ido adoptando de nuevo: Timothée Chalamet usó una versión rosa combinada con chaqueta de cuero y camiseta blanca; y Sombr apareció en Saturday Night Live con una skinny scarf roja larguísima.


Se sabe que este match se popularizó en 2005, cuando Hedi Slimane en Dior Homme envió a su army con skinny scarfs, camisetas sin mangas, blazers y skinny jeans. Aunque claro, la que más ha mantenido viva esta tendencia ha sido Kate Moss: paseando por Londres con estos pañuelos de seda alrededor del cuello y atados al pecho o incluso como un cinturón.
El enfoque se siente novedoso y fresco en una masculinidad que sigue experimentando con las normas de género, retomando un estilo boho-chic que solía imperar en las girlies. En los looks masculinos elegantes y desenfados de hoy, añadir una bufanda fina resulta inesperadamente romántico.


Se podría argumentar que toda prenda debe ser funcional y útil … pero y ¿si no? Una skinny scarf no tan abriga de los vientos despiadados, pero considerala como un pequeño detalle brutal con mucha personalidad.



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