Gucci Spring 2027: Demna encuentra su voz
Ha pasado casi un año desde que Demna tomó posesión de Gucci, y su dedicación por entender la casa italiana se volvió una investigación minuciosa que abarcó sus primeras tres colecciones, hasta que por fin tuvo la certeza y seguridad de revelar su visión más personal, basada en todo lo que aprendió.
Es bastante reconfortante que el diseñador haya encontrado el momento de vislumbrar su disruptiva creatividad con un tono muy burgués, aunque lo suficientemente excéntrico e intenso, sin olvidar su amor por lo ordinario, transformando esos gustos en una convergencia sofisticada que presentó en “The Store”.
Literalmente, recreó una boutique de Gucci con sus paredes de mármol y estanterías de caoba; a lo que muchos imaginamos que así lucirán las futuras sucursales de la marca. Además, era un ejercicio que mostraba la forma más seductora y persuasiva de presentar el encanto atemporal de unos puntiagudos loafers negros con hebilla, una hoodie deportiva gris con capucha o un vestido drapeado asimétrico morado, con modelos que interpretaban a sus clientes.




Demna comprende lo pragmática que es Gucci. Lo vital es que sus diseños funcionen tanto en la pasarela como en el mercado, pero esas aspiraciones tampoco se reducen a una sola identidad o consumidor. La singularidad de la casa recae también en lo radical.
Alejándose un poco de la oscuridad, mantuvo ligeramente su estética gótica y underground con su gama de personalidades: el aristócrata rebelde, el esnob y el excéntrico. Dividiendo la colección entre lo masculino y femenino, ambas líneas tuvieron su momento y protagonismo. “Gucci es lujo que quiere ser visto”, escribió Demna en las notas del desfile. “Se trata de la tensión entre la corrección y la sensualidad”.
El desfile comenzó con un tono formal con la serie de abrigos oversize de silueta cuadrada y trajes negros entallados, con blazers de hombros pagoda y pantalones rectos tobilleros —que se hacían más holgados y ochenteros en el transcurso del show—, que te hacían ver como un dandy de los años 2000 y evocaban el Gucci de Tom Ford. Aunque eso dio paso a mostrar el lado preppy y streetwear de Demna con una jugosa yuxtaposición de capas: blazers holgados sobre polos de rugby con llamativas rayas, chaquetas bomber y Harrington entalladas, y camisas encogidas con los cuellos levantados uno sobre el otro.




El característico estilo Y2K-post-grunge —y ahora metrosexual— de Demna se emuló en los fabulosos jeans de tiro bajo con un fajín-cinturón Marmont con tres motivos Horsebit —¿quizás sea esto su versión de la logomanía?—, aunque sus versiones con una hebilla gigante eran magníficas. Un detalle que se recontextualizó de forma deliberada también en la ropa.
Ciertamente, estas reinterpretaciones hacen que la marca de Demna sea tan acertada como concreta. Su encanto burgués y subversión urbana no residen únicamente en los códigos de Gucci, ya que no intenta ser purista, sino una visión que integra todas las manifestaciones posibles. El mal gusto, la tradición y la rebeldía tienen cabida en sus diseños gradualmente excepcionales para la vida cotidiana y el glamour hollywoodense.
“Básicamente, como con un Lego, junté todos estos elementos diferentes y luego intenté darles mi toque personal”, añade. Esto es evidente también en la línea femenina, que iba cargada de una estética con toques ecuestres: chaquetas entalladas de tres botones, pantalones blancos skinny y botas de montar, transportando a la mujer de sociedad à la Babe Paley con gabardinas, faldas plisadas, pantalones capri y vestidos midi que, con sus gafas de sol extravagantes Jackie O y bolsos con relieve de cocodrilo, miraban con indiferencia a las chicas que las imitaban con sus chaquetas de motociclista encogidas y vaqueros de tiro bajo.
Estas últimas trataban de verse recatadas, aunque de forma sublevada, con chaquetas de mangas abullonadas, faldas pencil de tartán y otras con flecos asimétricos sobre pantalones cigarette de lentejuelas y blusas de terciopelo de cuello alto, con mangas largas y abullonadas.
Pero tanto bohemismo aristocrático y rebelde dejó que el glamour hedonista oculto debajo de sus abrigos gruesos de piel se liberara con sus vestidos drapeados de noche que caían sobre un hombro y se mantenían en su lugar gracias a una lágrima de metal, brillando como una proeza y símbolo de cambio.
Resto de looks:
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