Ferragamo Spring 2027: Maximilian Davis convierte lo militar en algo sexy
Maximilian Davis vuelve a demostrar por qué es el indicado para Ferragamo.
Tras casi seis años, el diseñador realmente ha alcanzado su máximo potencial. Inspirándose continuamente en los años 20 y en el propio legado de la casa, no es de extrañar que esta vez haya tomado como referencia la cuña en F que está adherida a la Sandalia Invisible.
Su talón suspendido en el aire, su confección con un único hilo de nylon transparente y su aspecto surrealista, que fascinó a Lee Miller y Man Ray, y al propio Davis, hicieron que esa provocativa silueta de los años 40 fuera incorporada en sus impactantes gabardinas ceñidas de goma translúcida, que creaban un eco visual de la solarización y dejaban entrever la luz de una manera sensual.
El énfasis en la cintura resultaba muy utilitario, además de que parecía también reinterpretar los uniformes de guerra de la Segunda Guerra Mundial con blazers de hombros marcados, solapas clásicas y bolsillos de parche, que por debajo eran rematados con chalecos tácticos de piloto de avión hechos de cuero robusto.
“Era una época en la que la ropa, y su estructura, creaban una determinada postura y decoro: la ubicación de un bolsillo podía determinar cómo debías estar de pie y comportarte”, señalaban las notas del desfile.




De hecho, la parte masculina tenía matices estilísticos que invocaban el lado aventurero y militar de Davis. Curiosamente, la paleta de colores —beige, marrón, arena y verde oliva— de los abrigos sastre de tres botones de largo medio, con hombros estructurados y doble hilera de bolsillos fuelle, así como de los pantalones anchos de cintura alta, ajustados rígidamente con cinturones de hebillas prosaicas, fue extraída de los horizontes áridos de Egipto, lugar donde vivió Miller en la década de 1930.
Imaginar esas prendas en esa época y lugar se sintió muy cinematográfico. Las camisas safari en tono burdeos —y otra tabaco de gamuza con cordones sueltos en el cuello—, así como el magnífico abrigo café con estampado de cocodrilo, demostraban la proeza técnica del cuero y otros materiales bajo el efecto Ferragamo, a veces con grietas y un aspecto desgastado, como si estuvieran secos y quemados por el sol.
Tal delicadeza textural fue extendida a un holgado traje negro, confeccionado en seda y lana transparente de doble capa, lo que permitía apreciar su lado más delicado.
A punto de cumplir 100 años, Ferragamo prospera bajo la dirección de un hombre que es capaz de atreverse y transformar lo fetichista y rústico en algo brillante y sexy.
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