Donde la sabana cobra vida: Geneviève Petitpierre y la magia detrás del vestuario de El Rey León

Donde la sabana cobra vida: Geneviève Petitpierre y la magia detrás del vestuario de El Rey León

Hace ocho años, mi padre me regaló uno de los momentos más increíbles y transformadores de mi vida: la oportunidad de presenciar el hipnótico atardecer que sombrea la majestuosa obra teatral de El Rey León. Aquel legendario musical de Broadway — el más taquillero en toda su historia — que revolucionó la manera de realizar espectáculos ha trascendido los límites, proyectando su magia a nuevos horizontes.  

La lírica, basada en el film homónimo de Disney, tal solemne pomposidad fue capturada en un laborioso y grandilocuente vestuario diseñado por Julie Taymor hace treinta años. No son los disfraces que uno esperaría cuando sabe que verá animales de la sabana bailando en el escenario, son colosales marionetas que se intersectan en el alma. El atractivo que se funde es insaciablemente hermoso. Aunque la puesta en escena se traslada a numerosos países, en México, su estabilidad recae en las manos de la brillante y férrea determinación de Geneviève Petitpierre. 

Tal cautivador salvajismo es definido por su intrépido espíritu. Alejada de los bulliciosos rugidos y maullidos, pese a que reside en Buenos Aires, gracias a la virtualidad me permitió comprender el malabarismo teatral y su pasión impulsada por el gusto artístico que posee su familia. “Mi abuelo tenía una fábrica de ropa”, contaba. “Yo siempre estuve metida entre telas”. 

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    Pese a que tuvo que complacer las fatigables expectativas y obligaciones que cualquier joven padece al incursionar en el arte, decidió irse a Suiza a estudiar medicina; sin embargo, nunca abandonó su interés de hacer teatro. Entre vaivenes, el amor despertó ese impulso fervoroso por aquellas telas que envuelven a esos seres que viven historias guionadas de alegrías y tragedias. “Alberto Lomnitz —director de teatro y actor— estaba montando una obra. Vi que el vestuario se estaba desbaratando y le dije: ‘yo lo arreglo’. Literal, fui con mi máquina de coser, y empecé a arreglarlo. Así fue como comencé.” 

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    Cortesía

    Fascinada con este mundo, encontró en el cine la oportunidad de afinar su talento y su ingenuo entusiasmo en un salvaje y experimental Hollywood. “Hice una película en Durango que se llamaba Fat Man and Little Boy, con nada más y nada menos que Paul Newman”, confesaba. “Yo iba de extra. En una de esas me metí a los camiones de vestuario y de repente llegó el coordinador de vestuario, Nick Ede — un inglés que había trabajado en películas como Gandhi —, y me preguntó si sabía español. Le dije que sí, y rápidamente me contestó: ‘¿No te gustaría ser mi asistente?’. 

    Con humildad, Geneviève reconoce que su disposición y la suerte han jugado un papel importante al brindarle oportunidades únicas. Aún recuerda el momento en que conoció al legendario escenógrafo Alejandro Luna y a Tolita Figueroa, su mentora, en 1994. Fueron ellos quienes la introdujeron a la Compañía Nacional de Teatro de Bellas Artes. 

    22 títulos le dejaron claro que su destino era el vestuario. Contemplando la belleza encantadora y vulnerable de La Bella y la Bestia en un viaje a California, nació una potente relación con OCESA que marcaría su vida. A partir de ahí, se instruyó en la coordinación general para El Fantasma de la Ópera, Los Miserables, Mamma Mia!, El Hombre de la Mancha, Chicago… y la primera versión de El Rey León en Ciudad de México, una década atrás.

    Rodeada entre una dramática ambivalencia, el siniestro relato de un joven príncipe llamado Simba, que tras presenciar la horripilante muerte de su padre, resurge como un león vigorizo y jocoso. Aunque tal narrativa no la atrae tanto como la asimétrica y desequilibrada máscara de Scar, el tirano usurpador. Pero el grotesco y cómico diseño de las hienas, esos cuerpos angulosos y ojos desorbitados, le fascinan. “Te juro que cada vez que las veo salir, no puedo evitar aplaudir”, confesaba con entusiasmo. “Para mí, es uno de los diseños de vestuario más brillantes de toda la obra. Si no alcanzas a ver el rostro del actor, juras que estás frente a una hiena real.”

    Curiosamente, el brutal diseño ha permanecido estático desde sus inicios. Uno pensaría que van a aparecer con disfraces convencionales, pero no… lo que ves es algo rimbombante, enorme, majestuoso. Y te preguntas: ¿Cómo lo controlan? ¿Cómo logran que se mueva así? “No son botargas. No es alguien metido en un traje inflado. ¡Es un diseño totalmente integrado! El ecléctico mecanismo es una coordinación bellamente alucinante. “Se requieren horas de ensayo y no cualquiera puede hacerlo”, remarcaba. “No hay lugar para errores”. 

    Ciclo vital ReyLeon2025 0010 Edit scaled
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    Me quedé sumamente hechizado de la profundidad y delicadeza de Geneviève al describir la ferocidad y audacia de cada uno de los intérpretes al transformarse en majestuosas gacelas, cebras, elefantes, aves y frondosos pastizales (corsés tejidos de zacate). Increíblemente, es alucinante enterarme que el vestuario le podría quedar a cualquiera. “Es una maravilla”. 

    “También nos encargamos del mantenimiento y la adaptación constante del vestuario al elenco”, me explicaba. Ante todo, es un reto mantener en pie la estructura física de Nala o Timón. “Muchas veces nos llegan esas piezas desde Nueva York y no le quedan al actor, así que tenemos que desbaratar y volver a armar. O sea, prácticamente terminamos haciéndolo de nuevo”. 

    El Rey León demanda una preparación intensa y una conexión al subconsciente e instinto de un animal. Se necesita energía y dedicación para lograr una trascendental psicosis que el mero vestuario, logra equilibrar tal afinidad. Un juego de contrastes que rebasa la lindura ‘Disney’ por una elegante crudeza que imponen sus protagonistas. “El vestuario de Mufasa es hermoso, imponente y cálido. Todo está perfectamente delineado y pulido. Mientras que Scar es pura tensión. Y eso es lo que más me gusta: cómo el vestuario no solo viste al personaje, sino que lo potencia, lo acompaña, lo explica sin palabras.” 

    “La figura se alarga, se vuelve imponente, casi despótica”, afirmaba.

    La lúcida confianza de Geneviève es segura, transparente, accesible y poderosa. Su habilidad técnica es la intercesora para que el impacto visual de la obra continúe reluciendo. “A donde vaya, llena funciones. Agota boletos. Y no es casualidad: visualmente es tan innovadora, que la gente se queda con la boca abierta. “A mí me encanta ver la reacción del público cuando se sienta y empieza el show. Es como si el mundo se detuviera”. 

    La perfección y la fantasía alumbraron las obras que forjaron su carrera. “Yo siempre digo que con La Bella y la Bestia me gradué. Fue mi primer musical y lo viví intensamente: trabajábamos de domingo a domingo, sin parar. Fue un gran aprendizaje, con un equipo americano increíble, gente con la que aún hoy mantengo contacto. Luego vino El Fantasma de la Ópera, que fue mi maestría, pero El Rey León lo considero mi doctorado”.  

    El entusiasmo de Geneviève es inagotable. “Siempre descubres algo nuevo”, me aseguraba con una sonrisa. Jamás se fastidiará de haber presenciado el ascenso de Simba como el legítimo rey, ni llorar al ver por más de 150 veces, el ciclo de la vida renovarse. “No importa cuántas veces lo veas, siempre vas a querer volver”. 

    Arbol de Rafiki ReyLeon2025 0090 Edit scaled
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    Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda es su aperitivo favorito por degustar. Contacto: Email: alberto@badhombre.com || Instagram: alberto.jimenezs

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