portada

La Oficina México y el arte de sobrevivir al godinato

Hay algo profundamente mexicano en una oficina. No en la versión aspiracional del corporativo limpio, con paredes de cristal y discursos sobre productividad, sino en la oficina real: la del jefe que confunde liderazgo con carisma, el godín que ya convirtió el Excel en rasgo de personalidad, el compañero que vive del chisme y la junta eterna que pudo haber sido un correo. La Oficina México entendió eso desde el principio y ahí encontró su mayor acierto.

06 3
De izquierda a derecha: Edgar Villa usando traje Tommy Hilfiger, mascada Hermès y lentes Gramo; Elena del Río usando Thom Browne y zapatos Prada; Fabrizio Santini usando Thom Browne; Fernando Bonilla usando camisa Zara y cuello Dior; Quetzalli Cortés usando traje Puro Ego y pañuelo Ralph Lauren.

Adaptar The Office siempre iba a ser una jugada incómoda. No por falta de material, sino por el peso de la comparación. El riesgo estaba clarísimo: hacer una copia tropicalizada, cambiar las referencias, ajustar el lenguaje y esperar que eso bastara. Pero la oficina fue más inteligente que eso. En lugar de perseguir el mismo ritmo o intentar replicar una fórmula que ya tenía demasiadas versiones, entendió que el verdadero punto no era rehacer The Office, sino reconocer que, en México, la oficina ya era, por sí sola, una comedia involuntaria.

Y ese fue su movimiento más preciso. No copiar un fenómeno, sino traducir una dinámica. Porque el universo godín mexicano no necesitaba inventarse desde cero: ya tenía sus propios códigos, sus jerarquías absurdas, sus protocolos de poder y esa forma tan específica de incomodidad que sólo existe en un espacio donde todos están agotados, pero nadie se puede ir todavía. Aquí, el cringe no se escribe; se hereda. Ya viene incluido en el organigrama.

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete y recibe lo mejor de BADHOMBRE directo en tu correo.

    Con Fernando Bonilla al frente, La Oficina México encontró en Jerónimo Ponce III a ese jefe que cualquier mexicano reconoce de inmediato: incómodo, necesitado de aprobación, convencido de su propio encanto y completamente incapaz de leer el cuarto. No es sólo un personaje ridículo, es una figura demasiado familiar. Y justo ahí funciona.

    19 1
    Traje Tommy Hilfiger

    Pero el verdadero ritmo de la serie no reside únicamente en su protagonista, sino en el ecosistema que lo rodea. Edgar Villa, Elena del Río, Fabrizio Santini y Quetzalli Cortés entienden perfectamente el tipo de energía que sostiene una oficina: el caos silencioso, la tensión pasivo-agresiva, el humor que vive en lo mínimo y la dinámica absurda de convivir ocho horas al día con personas que no elegiste, pero ya conoces demasiado bien. No están jugando caricaturas. Están jugando tipos de personas que cualquiera identifica en menos de cinco minutos.

    Eso es lo que hace que La Oficina México funcione. No la nostalgia. No la referencia. No el peso de la franquicia. Lo que la sostiene es la observación. La serie entiende que la oficina mexicana no necesita exagerarse para ser absurda. Ya lo es. Y en lugar de burlarse desde arriba, decide observarla desde adentro. Ahí está su mejor decisión.

    Por eso las comparaciones duraron poco. Lo que empezó bajo la sombra de una franquicia terminó encontrando algo mucho más difícil de fabricar: identidad propia.

    04 3

    De izquierda a derecha: Quetzalli Cortés usando traje Puro Ego y pañuelo Ralph Lauren; Fernando Bonilla usando camisa Dolce & Gabbana; Edgar Villa usando traje Tommy Hilfiger, mascada Hermès y lentes Gramo; Fabrizio Santini usando Thom Browne y lentes Gramo.

    Y sí, habrá segunda temporada, como era de esperarse. No sólo porque había material para más, sino porque La Oficina México entendió algo que pocas series locales logran tan rápido: cuando una historia sabe exactamente de qué se está riendo, deja de sentirse prestada. Empieza a sentirse nuestra.

    Elena del Río, quien interpreta a Sofi Campos en La Oficina, habló con BADHOMBRE sobre lo que significó formar parte de uno de los proyectos más comentados de los últimos meses. 

    BH: En el set de La Oficina se nota mucha química entre ustedes. ¿Realmente se hicieron amigos?
    E: Sí, muchísimo. Todos nos hicimos muy amigos, de verdad. Obviamente, como pasa en cualquier lugar, tienes más afinidad con unas personas que con otras, pero sí se volvió una convivencia muy cercana. También influía algo muy chistoso: la posición de los escritorios. Literal, como en la escuela. Había quienes estaban sentados juntos todo el tiempo y eso hizo que se volvieran inseparables. Yo, por ejemplo, estaba un poco más aislada, entonces era la que de pronto llegaba a decir: “¿Y si jugamos algo?”.

    BH: ¿Y sí jugaban en el set?
    E: Sí, todo el tiempo. Jugábamos con una pelotita, hacíamos ejercicios de palabras, improvisábamos… eran juegos muy simples, pero ayudaban muchísimo a soltar energía y a mantenernos creativos. También era una forma de convivir y de construir esa dinámica de grupo que luego se siente en pantalla.

    BH: Cuando te dijeron que te habías quedado con un papel en La Oficina, ¿qué sentiste?
    E: Más que expectativas, sentí que ya haber llegado hasta ahí era un logro enorme. Cuando estaba tan cerca de quedarme, pensaba: “Si me quedo en este proyecto, eso ya es suficiente”. Más que ilusión, tenía nervios. Mucho miedo, incluso.

    BH: ¿Miedo a qué?
    E: A no estar a la altura. Mi miedo era pensar que en algún momento los productores o directores dijeran: “La cagamos en contratarla”. Ese era mi mayor temor. No pensaba tanto en el éxito, sino en demostrar que sí merecía estar ahí.

    BH: ¿Ese miedo se fue quitando durante el proceso?
    E: Sí, completamente. De hecho, pasó lo contrario: fue un proyecto que me dio muchísima confianza. Me hizo confiar más en mis capacidades para actuar y también para proponer. Sentí muchísimo apoyo de parte de los directores, del crew, de los actores… de todos. Era un ambiente muy generoso. Y darte cuenta de que eres una pieza importante dentro de ese rompecabezas te cambia por completo.

    14 2

    Edgar Villa usando traje Tommy Hilfiger, mascada Hermès ; Fernando Bonilla usando camisa Dolce & Gabbana

    BH: Antes del estreno había muchas comparaciones con The Office. ¿Cómo viviste eso?
    E: Yo sabía que iba a pasar. Era inevitable. Y honestamente pensé que esas comparaciones se iban a quedar mucho más tiempo. Al principio todo era: “Ella es la Pam”, “¿quién es la Angela?”, “¿quién es el equivalente a tal personaje?”. Pero lo bonito fue que eso se fue apagando muy rápido.

    BH: ¿Te sorprendió que dejaran de compararla tan pronto?
    E: Sí, muchísimo. Y creo que esa fue la mejor sorpresa. La gente empezó a verla como lo que es: otro show, con su propia identidad. Dejaron de buscar equivalencias y comenzaron a conectar con el proyecto por sí mismo. Eso fue muy bonito.

    BH: ¿Sientes que La Oficina cambió tu carrera?
    E: Sí, definitivamente. Sería muy ingenuo decir que no cambió nada. Claro que cambió. Es una vitrina muy importante. Más allá de que después me elijan o no para otros proyectos, ya me vieron. Y eso ya no se puede borrar. Eso lo agradezco muchísimo.

    18 1

    BH: ¿Qué significa para ti tener esa vitrina ahora?
    E: Significa visibilidad, y en esta industria eso es enorme. Que te vean ya abre una conversación. Ya saben quién eres, ya saben lo que puedes hacer. Eso no garantiza nada, pero sí abre puertas.

    BH: ¿Y a dónde quieres que te lleve esa vitrina?
    E: Mi sueño siempre ha sido no parar de trabajar. Así de simple. Quiero seguir haciendo proyectos que me gusten, que me emocionen, que me reten. Quiero seguir trabajando en cosas que me llenen.

    BH: ¿Hay algún sueño específico que quieras manifestar?
    E: Sí, claro que hay sueños grandes, pero no me gusta decirlos mucho porque siento que luego se evaporan. Sí tengo personas con las que me encantaría trabajar, nombres que están en mi bucket list, pero prefiero guardármelos.

    BH: ¿Entonces prefieres no casarte con una sola idea de futuro?
    E: Exacto. Yo pensaba que mi carrera iba a ser de una manera, y no ha sido así. Y eso me ha sorprendido para bien. Entonces, ¿para qué aferrarte a una sola idea si tal vez viene algo mejor?

    En esta historia: Fernando Bonilla, Edgar Villa, Elena del Río, Fabrizio Santini y Quetzalli Cortés fotografiados por Rodrigo Álvarez, Realización Juan Pablo Jim, Grooming Londono, Coordinación de moda Rebeca Mora y Pablo Gonf, Asistente de moda Max Juvera, Texto Rafael Escalante.

    Me gusta la cultura pop y Mariah Carey

    PUBLICAR UN COMENTARIO

    Your email address will not be published. Required fields are marked *

    This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.