Ferragamo Spring 2026: El jazz se viste de satén
Maximilian Davis ha logrado que Ferragamo se convierta en un referente de elegancia contemporánea en menos de tres años. En su periodo como director creativo, ha establecido principios estéticos que han fortalecido la identidad de la marca con diseños sumamente meditados, liberadores e innovadores.
Para esta temporada, el británico regresó al Portrait Hotel en Milán––el mismo lugar donde celebró su primer desfile para la firma––trazando una nueva estética que rompe la línea del minimalismo con carácter. Davis se aventuró a explorar la conexión de Ferragamo con la cultura africana en la década de 1920, época en la que Salvatore Ferragamo, inmigrante de Campania, construyó en Los Ángeles una próspera zapatería que abastecía a estrellas de cine y grandes producciones cinematográficas.




La visión creativa de Davis se concentró en propuestas exóticas, pero siempre alineadas a realzar una imagen vivida de la sastrería. La silueta se aflojo y embelleció blazers oversize con bufandas que deleitaron el look. Un toque de subversión se plasmó en la ejecución de sus trajes cuadrados de doble botonadura, suavizando la estructura y tornando su layering en algo casual al sustituir camisas blancas por henley tops y polos de manga larga, combinados con pantalones anchos que subían por encima de la cintura.
Una fotografía de 1925 de la actriz de cine mudo Lola Todd vestida de leopardo de pies a cabeza , hallada en los archivos de Ferragamo, llevó a Davis a conectar con la obra de John Held Jr., ilustrador que retrató la moda del jazz en las revistas de la época. Repentinamente, deliberados y expresivos estampados gráficos de animales se impregnaban en vestidos flapper, sensuales faldas pencil y diáfanas blusas con aberturas en georgette de seda. Algunos vestidos sheath estaban ricamente adornados con encaje, borlas y lazos de satén.




Rompiendo las normas de género y abrazando un sentido de identidad rebelde, las chaquetas híbridas falda con hombros suaves y los mules de satén con bordados de cuentas funcionaron como pantuflas estilo flapper. Los flecos en movimiento se fundían con un aire boudoir, dando forma a una fantasía digna de bailar un Charlestón.



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