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The Boveda: La joya como herencia, resistencia y promesa

En un momento donde el lujo se mide en cifras y visibilidad, The Boveda propone algo más íntimo: memoria. No nace desde la aspiración, sino desde la herencia. Desde la imagen de una madre boomer abriendo su joyero y un niño que, fascinado por el brillo, entendía que esas piezas no eran solo ornamento, sino poder silencioso.

La historia de The Boveda comienza ahí: en la casa familiar, entre oro pesado, piedras montadas a mano y el gesto cotidiano de guardar algo valioso “por si acaso”. Mucho antes de convertirse en marca, fue fijación. Mucho antes de convertirse en colección, fue recuerdo.

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Oficialmente Estado Libre y Soberano de Chihuahua, la Ciudad de Chihuahua —capital del estado al noroeste de México— es también la cuna del genio creativo Pablo Rivera. Formado en un contexto donde la tradición y el conservadurismo dialogan con una estética poderosa y directa, Rivera creció lejos del imaginario creativo tradicional. Hijo de agricultor y ganadero, encontró en la joyería de su madre una narrativa alternativa: la del detalle, el peso, la textura imperfecta que solo lo hecho a mano puede conservar.

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    Durante las décadas de 1960, 1970, 1980 y 1990 se construyó el entorno generacional que marcaría esa herencia. Años más tarde, tras trabajar con Vibe Consulting en Ciudad de México, Venecia, Berlín, Sundance y Nueva York, y después de una pausa forzada durante la pandemia, esa obsesión tomó forma definitiva. En 2021 lanzó The Boveda, un proyecto de joyería basado en la edición de reliquias familiares únicas, reeditadas para una nueva génesis. Lo que comenzó como contemplación terminó por convertirse en proyecto.

    The Boveda no es solo una marca de joyería; es un dialogo generacional. Desde su concepción, la firma entendió algo evidente pero poco atendido: los millennials ya no son promesa, son poder adquisitivo. Sin embargo, el mercado de la joyería parecía moverse entre dos extremos: lo inalcanzable o lo desechable.

    The Boveda se posiciona en el punto medio. Piezas de oro con presencia real —en peso, textura y carácter— diseñadas para una generación que busca significado además de estética.

    Hay una decisión clara en su manufactura: el 70% de las piezas se trabaja en cera tallada a mano. No se persigue la perfección industrial. Se persigue el gesto humano. La leve variación. El margen mínimo que convierte cada objeto en singular.

    The Boveda no busca únicamente vender piezas; busca acompañar procesos. La intención es clara: que alguien compre su primera joya aquí y regrese conforme crece, económica y simbólicamente.

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    Como cuando se adquiere la primera obra de un artista y se sigue su evolución. La marca quiere crecer junto a su generación.

    En un mundo que prioriza lo inmediato, The Boveda apuesta por permanencia. Por el objeto que no solo adorna, sino que guarda historia. Por el oro que no grita lujo, sino legado.

    Porque cuando todo cambia, lo que pesa permanece.

    En esta conversación, BADHOMBRE tuvo la oportunidad de entrevistar a Pablo Rivera para profundizar en la visión, el origen y la narrativa que sostienen una de las propuestas de joyería más personales de su generación.

    ¿POR QUÉ DECIDISTE CREAR BÓVEDA?

    Siempre tuve una fijación con la joyería. Crecí en una familia donde mi papá era agricultor y ganadero, un mundo con el que nunca conecté. En cambio, mi mamá tenía muchísima joyería, y desde niño me obsesionaban las piedras, el brillo, el oro. Jugaba con sus piezas todo el tiempo.

    Años después me dediqué al styling, pero llegó un momento en el que sentí que necesitaba algo propio. Durante la pandemia, encerrado en casa de mis papás y viendo la joyería de mi mamá todos los días, entendí que ahí estaba la respuesta. Le hablé a Victoria, que trabajaba en producción y shootings, y empezamos a darle forma. Eso fue hace cuatro años.

    ¿CUÁL ES LA BASE CONCEPTUAL DE LA MARCA?

    Desde el inicio quisimos dirigirnos a millennials. Sentíamos que en joyería éramos una generación olvidada: ya tenemos poder adquisitivo para invertir en piezas importantes, pero no necesariamente para comprar joyas de cifras inalcanzables.

    La narrativa parte de mi mamá y del contraste generacional. Ella es boomer, yo millennial. No lo vemos como crítica, sino como observación. Somos producto de ellos, aunque pensemos distinto.

    También exploramos cómo la joyería históricamente fue una forma de patrimonio para las mujeres, cuando no podían tener propiedades ni cuentas bancarias. En muchas culturas —incluida la nuestra— era lo único de valor que podían poseer a su nombre. De ahí nace la idea de que, cuando todo se cae, lo último que queda es la joyería.

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    ¿CÓMO INFLUYE EL NORTE DEL PAÍS EN LA ESTÉTICA DE BÓVEDA?

    La marca está profundamente influenciada por el norte de México: su conservadurismo, sus códigos sociales y su estética más extravagante.

    Es una observación cultural. Incluso la alta sociedad del norte está atravesada por ciertas influencias —como la estética buchona— que forman parte del contexto en el que crecimos. No lo abordamos desde la glorificación ni la crítica, sino desde el reconocimiento de que es parte del entorno social y generacional que nos formó.

    ¿CÓMO DISEÑAN LAS PIEZAS?

    Aproximadamente el 70% de nuestras piezas están hechas a mano. Trabajamos en cera y cada diseño se talla manualmente, lo que permite conservar texturas imperfectas y carácter propio.

    Hay dos cosas que siempre quise preservar de la joyería antigua: que no fuera perfecta y que tuviera peso. El peso da presencia, da la sensación de estar sosteniendo algo valioso y duradero.

    Muchas veces el diseño parte de la piedra. Buscamos opciones que modernicen siluetas tradicionales. Me gusta mucho el ópalo porque se siente más joven que piedras como el rubí o el zafiro. Cambiar la piedra puede transformar completamente una pieza clásica.

    ¿QUIÉN ES EL CLIENTE IDEAL DE BÓVEDA?

    Principalmente millennials. Somos millennials haciendo una marca para millennials.

    Queremos crecer junto con nuestra generación. Que alguien compre su primera joya con nosotros y, conforme avance en su vida y tenga mayor poder adquisitivo, regrese por piezas más grandes y complejas. Nos interesa construir una relación a largo plazo con nuestros clientes.

    ¿QUÉ PROPONE LA COLECCIÓN ACTUAL?

    La colección actual habla de decadencia y de lo que permanece después de la caída. Nuestras campañas anteriores se centraban más en la sociedad y el “qué dirán”; ahora nos preguntamos qué pasa después, qué sobrevive.

    La campaña se fotografió en una casa en ruina real. De un lado se muestra el deterioro; del otro, una sensación de esperanza. Siempre mostramos pasado y futuro, casi nunca el presente.

    Las piezas reflejan esa idea. Hay un anillo que funciona como un mini jardín que crece en el pavimento; otro es una concha de oro que protege un segundo anillo oculto, como un as bajo la manga.

    No decimos que la joyería sea la solución a la decadencia, pero sí puede ser un pequeño rayo de esperanza. Es una mini armadura que llevas pegada a la piel todos los días.

    Me gusta la cultura pop y Mariah Carey

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