El choker está de regreso
En la red carpet de los Actor Awards 2026 reapareció la estrella de Heated Rivalry, Connor Storrie––quien se había presentado en Saturday Night Live la noche anterior–– y su cuello brillaba más de lo habitual. Portaba un atrevido choker de diamantes de Tiffany & Co.
Dado que la temática eran “los años 20 y 30”, Connor reinterpreto sutilmente tales épocas con el uso de brillo desmedido que recordaban los vestidos flapper y la joyería ostentosa que lucían las damas burguesas de entonces. Este guiño histórico también revive un accesorio tan controversial como icónico de la cultura pop.

Puede que muchos lo hayan usado en 2016 en versiones de encaje, pero su auge fue cimentado por estrellas de rock como Mick Jagger y David Bowie. Aunque su uso ha estado tradicionalmente inclinado hacia el público femenino, eso nunca ha frenado la creatividad masculina. Llevan décadas adoptándolo y arrasando donde quieren.
Sorprendentemente, un choker transmite una grandiosidad vagamente romántica. Es una pieza de joyería bondage que despierta un lado seductor y dialoga con la transformación estilística que protagoniza una masculinidad dispuesta a romper barreras de género.




Llamado también “collar de perro”, el fetichismo que permea en un choker es bárbaro. Con el tiempo, se ha alejado de su imagen gótica de tamaño XL––como la versión que usó John Lennon en París––sin embargo, las nuevas reinterpretaciones apuestan por diseños más ostentosos, refinados y sin olvidar su lado provocador. Hoy resultan tan elegantemente combinables como un reloj.
Esta fiebre por una autoexpresión más llamativa ha permitido que el choker gane terreno entre los hombres. Basta ver a Harry Styles con gargantillas de perlas, a Michael B. Jordan con juegos de aretes o incluso a Jacob Elordi con grillz; este accesorio ya no debería ser un outsider.
Un toque de vitalidad que aporta brillo a cualquier traje soso. Al fin y al cabo, las red carpets necesitan eso, ¿no?




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