Antes del Labubu, estaba Karlito
Labu … ¿qué? “Yo solamente conozco Karlito”.
Después de atestiguar el pago más exorbitante – 31, 250 dólares – que han hecho por un Labubu, no me sorprende que la gente cuestione el voraz consumismo que se tiene por este terrorífico monstruito de peluche. Este Teletubbie 2.0 ha logrado cautivar a la humanidad a un extremo sin precedentes.
Pero siendo un objeto que tristemente será encerrado en una vitrina o colgado en un árbol de navidad, bueno, su función como accesorio de bolso se desvanece para convertirse en una banalidad. Este fenómeno nos recuerda la euforia que provocaba “Karlito”: un charm lanzado por Fendi en 2013, que caricaturizaba monstruosamente el rostro de Karl Lagerfeld.
Hecho de piel de zorro, visón y conejo, su llamativo y vibrante aspecto causó un revuelo que comercialme
nte fue exitoso, además se convirtió en un símbolo de estatus. Y no olvidemos a sus amigos: los Bag Bugs.
Esto abrió una oportunidad para el mercado del lujo, al crear un objeto convertido en microtendencia. Así, el resto de la industria aprovechó el hype para ofrecer autenticidad a tu persona a través de imitaciones y linduras portátiles, llevándonos al auge de los Labubus.
Junto a los Ternurines y Sonny Angels, el consumo de juguetes es un nuevo lujo colgante. Aunque quizás no tengan la finura de un Karlito, es palpable una insaciable sobreventa que nos empuja a buscar en la nostalgia, objetos que, en su momento, no supimos valorar.



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