Dior Men Pre Fall 2026: el lado más delicado del preppy
En su aclamado debut, Jonathan Anderson encontró el lado más delicado del hombre Dior: una belleza deliberada que elevó la ironía sartorial de la maison a través de una distorsión histórica. Su novela, protagonizada por una arqueología de códigos––preppy, normcore y edwardiana––se expande hacia nuevos capítulos.



La continuación de su ópera prima se presenta como un intento por reforzar sus propios códigos con un vocabulario que le permite equilibrar la narrativa. Esta misión le da una importancia evidente a perfeccionar un guardarropa atemporal con matices románticos. La suntuosidad de su primer abrigo de mezclilla, bordado con flores intrínsecas, demuestra una afable originalidad por unir lo couture con lo ordinario.



La opulencia rococó del telón de fondo––una casa en la Île Saint-Louis que Baudelaire ocupó en el siglo XIX–––esa atmósfera cargada de teatralidad y excesos terrenales se alinea con la visión artística de Jonathan. La simplicidad poética de sus looks es fastuosa y atrevida al distorsionar el clasicismo: los icónicos pantalones cargo “Delft” impregnados con escudos medievales (¿deportivos?) invaden los grandes salones dorados, combinados con camisas de manga larga de rayas y jerseys de lana.



Anderson es uno de los pocos que le da coherencia a lo informal y elegante con looks aspiracionales––pantalones chinos con camisas de rugby, parkas y blazers con shorts náuticos––que consiguen proyectar un aire de desenfado, orden y una extraña ferocidad Entretanto, el conservadurismo liberador del New Look continúa presente a través de sus encogidas chaquetas de doble botonadura, que dictan la silueta estrecha de los trajes de noche; aunque otras propuestas se presentan con una holgura calibrada en jeans rasgados y pantalones con estructura horseshoe, con dobladillos suavemente curvados.



En ese sentido, el mosaico de estilos se ha tornado en una sublime fantasía masculina con suaves matices ácidas y lindos estampados. Los medallones dorados de Dior y alfileres con formas de conejo y camarón, lucen radiantes como aquel insolente saco blanco impregnado con estampados de ramos combinado con un pantalón rosa––el nuevo uniforme del preppy consciente y soñador con delirios de nostalgia.



Resto de looks:




























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