El menswear ya no busca ser formal, sino ser él mismo

El menswear ya no busca ser formal, sino ser él mismo

Se ha debatido mucho sobre el declive económico y creativo que padece el menswear, tras convertirse en un nicho secundario opacado por el esplendor femenino. Sin embargo, esta temporada, las grandes casas de moda han contrarrestado dichas fatalidades sofocando su agonía con una reinvención estilística consciente …y útil.

La mayoría de las colecciones de enero impulsaron un pensamiento colectivo en torno a la autonomía e independencia que debe ejercer un hombre en medio de las tormentas políticas que sacuden su identidad. “Queríamos celebrar la individualidad, las historias y singularidades detrás”, expresaban Stefano Gabbana y Domenico Dolce al presentar una colección dedicada a los arquetipos (opacada por la controversia). “No hay una sola manera de ser hombre”.

Este manifiesto se personificó en looks sumamente elegantes y bravucones. Aunque, resulta evidente que las tendencias se han fragmentado, adaptándose a un ritmo de vida que no responde fielmente patrones de vestimenta y comportamientos semestrales.

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    Ya no diseña para un grupo, sino para todos.

    La idea del ben vestire se ha anclado a una visión que juega descaradamente con el clasicismo del menswear: no desecha piezas atemporales por propuestas tan agresivas, sino que juega con los códigos tradicionales. La utilidad y el deporte reforzaron la estética preppy de Ralph Lauren, quien consagró “la diversidad de su clientela” al mezclar el desenfado gorpcope de su línea Polo con la elegancia sartorial de Purple. 

    Este argumento refleja el eclecticismo natural que los amantes de la moda suelen exhibir. Hoy, esa narrativa se equilibra con productos sumamente exquisitos, intelectuales … e incluso radicales. Prada, con su mensaje de sostenibilidad, remarcó una apreciación hacia vintage y la imperfección con abrigos ceñidos, con mangas de camisa sobresaliendo. Toques amargos que le dan al menswear el impulso necesario para zafarce de su zona de confort.

    O la idea de reimaginar el presente a través de códigos familiares, como lo hizo Zegna.

    Si, el hombre no se define por un solo molde; eso se refleja de forma insubordinada en la ropa. Es notorio un énfasis claro entre funcionalidad y opulencia, refrescado por una visión singular que apuesta por un manejo más romántico de las texturas y las siluetas. Basta admirar cómo Junya Watanabe, con mirada experta y una estructura casi jazzística, revivió la época dorada del menswear con frocks de mezclilla y sombreros de dandi victoriano; o cómo Jonathan Anderson recurrió a la exuberancia flapper de Paul Poiret —generalmente reservada para las damas— para confeccionar una fantasía rock-eduardiana de actitud progresista. Julian Klausner también se deleitó con el jacquard y los estampados suntuosos en Dries Van Noten, liberando al hombre de estándares arcaicos a través de la ropa que tanto disfruta usar.


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    Esta reinvención no busca únicamente que el hombre se sienta poderoso; más bien, formal, relajado y sofisticado. El rigor y la diversión son dos propulsores que se moldean sutilmente en un menswear cada vez más interesante. La sastrería coexistió con una actitud descarada, insolente y lujuriosa, como lo propuso Anthony Vaccarello para Saint Laurent con sus botas ajustadas de charol rematadas con suntuosos trajes queer-coded. “Para el hombre, siempre es difícil reinventar un look”, comentó Vaccarello entre bastidores. “Y eso me gusta. Siempre se trata de jugar con detalles clásicos, pero con un giro distinto”. Por su parte, Michael Rider en Celine logró que una chaqueta Harrington con alma de blazer y una corbata de rayas universitarias se sintieran ingeniosas y atractivas.

    En un panorama donde los trajes abundan sin mundanidad, la identidad masculina se percibe más auténtica y genuina, aun cuando su atracción por los básicos jamás cese. La evolución del menswear en torno al gusto y el estatus resignifica una cultura que, lejos de extinguirse, busca estabilidad y belleza en lo ordinario.

    En pocas palabras: continuidad, con una actitud distinta. Una invitación.








    Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda es su aperitivo favorito por degustar. Contacto: Email: alberto@badhombre.com || Instagram: alberto.jimenezs

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