El tour de Nosferatu es un festín dedicado a la siniestra y refinada oscuridad de un vampiro
Con el truculento y horripilante retorno de los vampiros a la superficie, Nosferatu, desgarra con un espeluznante silueta que parece acechar a sus presas con sus filosas garras e insatisfechos y sedientos colmillos. Tal atrocidad excéntrica se plasma en el method dressing de los protagonistas del film, en sus recientes apariciones por el globo.
Dirás, ¿qué tiene de especial ver a caballeros con refinados, mordaces y simples trajes? Bueno, solo con admirar la imponente altura de Bill Skarsgård, Nicholas Hoult y Aaron Taylor-Johnson, te sucumbes a un encanto artificioso por la oscuridad tentadora de sus looks.
El vampírico menswear es indudablemente formidable. En Berlín, los tres adaptaron la temática de la historia con una pulida y refinada experimentación sartorial. Tal elegante desenfado quizás sea demasiado monótono, pero la decadente opacidad es lo que impera en la red carpet.
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Aquel temible pantone, se diluye con la airosidad casual y tradicional del suave tuxedo portado por Hoult, en la que se denota un equilibrio, gracias a su lívido abrigo-bata de Dior. Se complementa perfectamente con el primoroso ensamblaje de Skarsgård, al lucir un elevado conjunto high-street de H & M Atelier, definido por una garbosa silueta contenida por un blazer double-breasted. Mientras que Aaron en Giorgio Armani, trajo a la luz, un glamour apropiado con el surrealismo espiritual del film, que alaba la demacrada y polvorienta elegancia del misterioso frígido Conde al portar un gentil traje de rayas, que por debajo cubría una turtleneck shirt.
Continuando con el tour en Londres, los actores han apostado por desatarse de lo habitual, aunque manteniendo cierto rigor hecho a la medida. Aquella holgura XXL, más la emblemática apariencia retro de los ‘70s tan gigolo, que transmite el look de Skarsgård, es amenazante. Con un entallado en los hombros y una definida cintura, su traje cruzado severamente abotonado hecho por Saint Laurent, empodera al dandy gótico con una contemporáneo redefinición nostálgica del uniforme empresarial.

La aniquilante elegancia se suaviza con el texturizado granizado que porta Hoult con una indumentaria algo cuadrada, recta y lineal, pero tal rasposa griseada confección, da el impacto requerido que tanto se busca en la hombría. Una forma más relajada de vestirse, es precisada por un tenue riesgo, que en definitiva, perturba con su elegancia creepy. Es increíble cómo el pánico y las sombras pueden ser un objeto de atracción masculina (irónicamente hablando). Tanto espanto, nos aturde.







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