¿En la moda masculina se enseña a ser hombre o a no ser mujer?
Simone de Beauvoir sostenía que las mujeres no nacen siendo mujeres, sino que lo aprenden. Este es uno de sus pensamientos más famosos y replicados desde la perspectiva feminista, pero ¿ocurre lo mismo con los hombres? ¿no se nace siendo hombre? , esto pareciera ser cierto, pues algunas actitudes, colores y ropa, configuran la imagen masculina normativa.
De esta forma, en los varones también existen modelos a “seguir”: El hombre económicamente exitoso; el agresivo, el sexualmente activo, el valiente y el seguro de sí mismo; el líder o dominante, son patrones que orientan los ideales de los hombres de diferentes edades, clases sociales y etnias.
Así, la construcción masculina a través de la vestimenta, pareciera ser parte importante de la identidad de cada individuo, pues de manera pronta, desde niños se nos adjudican prendas y colores asociados convencionalmente al sexo designado por nuestros genitales, creando así un tipo o estereotipo de masculinidad hegemónica.

Valentino Alta Costura 2023

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¿Masculinidad hegemónica?
Con esto, nos referimos a la dinámica cultural que postula y sostiene la posición de superioridad y liderazgo de los hombres, así como la posición de subordinación de las mujeres (Connell, 1995). Así, de acuerdo con REDIM., es una forma de “masculinidad” exaltada antes que otras y se configura con prácticas de género: en las que los hombres, desde la infancia, tienen que reafirmar y demostrar en todo momento que son: racionales, fuertes, dominantes, valientes, líderes y proveedores, entre otras características solo por ser hombres.
En este sentido, la educación juega un papel de suma importancia para perpetuar estas prácticas sociales, por ejemplo, la enseñanza de los hombres, regularmente se aprecia en lo exterior, allá donde sucede la acción, las aventuras, el peligro; mientras que la de las mujeres, se desarrolla en un entorno conservador, por dentro, oprimido e inválido.
Así, hasta la infraestructura funge como potencializador de esta masculinidad, los espacios de recreación para los niños son más amplios: la calle o los patios escolares. Asimismo, se les facilitan los juegos para pelear y competir con armas de juguete, videojuegos con alto contenido de violencia o los súperhéroes, personajes sin límites de coacción.

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Todo eso se evidencia en símbolos tan simples como la vestimenta. Así, la ropa “para los niños” permite un mayor movimiento, desde los zapatos, tenis, hasta el simple pantalón y playeras, donde el cuerpo no encuentra límite ni restricción de movimientos. Caso contrario a la ropa indicada como “de niñas”, la cual mantiene diseños y patrones ajustados y muchas veces incómodos para realizar actividades más allá de solo mantenerlas sentadas.
Por otro parte, mostrar “de más” en el cuerpo de los hombres, no ha sido tema de debate, como es en el caso de las mujeres. Pareciera que para el cuerpo masculino no existe la pena, el pudor o el recato. Despojar de la ropa a un hombre no es un acto de rebeldía, sino un acto de libertad, de fuerza, de belleza. Valores que diseñadores del pasado y modernos han icluído en sus trabajos, propiciando la redención del hombre y la sexualización de la mujer.

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Sin embargo, la inserción de la moda queer en los diseños tradicionales masculinos, ha resultado vital para volver a la moda masculina, un terreno más fértil y menos “forzoso”; un espacio de experimentación y de aporte colaborativo, fuera de los estándares canónicos.
El camino aún es largo, sobre todo en sociedades como la mexicana, donde existen prejuicios sobre lo “femenino” en un hombre, donde se le continúa segmentando por el color azul; donde la “masculinidad” se debilita y parece perder valía frente a las telas satinadas, los detalles, las joyas y lentejuelas, cuando el verdadero valor del género está dentro del ser humano, en sus valores, en sus sentimientos y no en el objeto.



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