Lecciones de estilo de Yves Saint Laurent para este otoño
Todo el tiempo estamos buscando qué imitar en cuanto a outfits que propicien armonía y genialidad en nuestras vidas. Un reto divertido: sumergirnos en infinitos materiales visuales que nos ayuden a encontrar lo más adecuado y chic. Normalmente, arrebatamos lo mejor del pasado y lo moldeamos al presente más frío. Yves Saint Laurent, leyenda absoluta, conquistó prodigiosamente el espíritu de la mujer contemporánea con un glamour atrevido, erótico y refinado que enalteció la belleza femenina y la transportó hacia una liberación salvaje.
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Más allá de construir un legado donde la seguridad de una paleta de color llamativa y la confección afilada glorificaban la feminidad, esquivó la vulgaridad con sofisticación atemporal. Asimismo, perfeccionó con su propia imagen el guardarropa masculino.
Desde muy joven, Yves Saint Laurent demostró que el uniforme habitual de oficina —un traje confeccionado— puede simbolizar un empoderamiento individualista. Su exquisito gusto por una sublime airosidad que irradia en double-breasted jackets y pantalones ligeramente anchos, resulta radicalmente moderno. Una formalidad estandarizada que se convierte en frescura: clásica, sí, pero capaz de realzar la tenacidad de hombros y espalda.

Con el paso del tiempo, fue emancipando la sastrería tradicional con prendas experimentales, llenas de candor y que evocaban ideales de comodidad sensual y espíritu libre. Digamos que su imagen habitual se relajó en cuero, suede y cashmere — luciendo atractivo sin ser forzado, impecable en su transición.
Redefinió la masculinidad con una languidez persistente y vigorosa gracias al uso extrovertido de texturas y capas: una versatilidad andrógina que fácilmente puedes copiar y que perpetúa la redefinición estética de lo masculino, aún atado a normativas hipócritas. Se trata de jugar con todo lo que existe, sin importar para quién fue diseñado originalmente.
“Cuando te sientes bien con la ropa que llevas, todo puede pasar… La buena ropa es un pasaporte a la felicidad”, afirmó una vez el maestro.




Su indumentaria es hermosa, novedosa e inspiradora; ajustada a las necesidades del ahora y resonando un flou capaz de romper con el soso y perpetuo tradicionalismo. Encarnas un sentido de creatividad al dejar que los contrastes fluyan en tu mente.
Quizá una rigurosidad estereotipada lo acompañó siempre, aunque él ejemplifica cómo las piezas sobrias y bien definidas pueden impactar con una maleabilidad seductiva, despertando una curiosidad que exprese un lado pulido, sutil y ameno: el ideal que permea el espíritu folclórico y bohemio de los hombres alimentados por una modernidad libertina y disruptiva, encadenados —aún— a un rigor sartorial.
Este otoño se trata de retroceder poéticamente, con fuerza y delicadeza.





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