Husband ‘s stitch: placer para él, no tanto para ellas después del parto
Desgraciadamente, el patriarcado se encuentra inmiscuido en todo, incluso busca poder sobre las decisiones y la autonomía que las mujeres deben tener sobre sus propios cuerpos; no obstante, el machismo llega a niveles inimaginables con el fin de que el hombre obtenga algún beneficio.
Como es bien sabido, una de las inseguridades más grandes del hombre es el tamaño de su miembro, sin embargo, los complejos masculinos pueden llegar a ocasionar actos y promover prácticas tan violentas en la maternidad como lo es el “punto para el marido” o conocido en inglés como “father’s stitch”. La práctica consiste en estrechar la vagina mediante puntos extras después que la mujer da a luz a petición del esposo. Esta es una práctica polémica con puntos de vista encontrados y de la que no se ha hablado lo suficiente, es por esto, que incluso, se ha considerado como un mito.

Ghozland, obstetra y ginecólogo cosmético argumenta que sería complicado llevar a cabo esta práctica, en primera razón, porque el estrechamiento de vaginas es un procedimiento que debe realizarse con planeación y en segundo, debido a que por el trabajo de parto, los tejidos de la paciente se encuentran hinchados, además de la sangre, el caos del parto en general en el que se tienen que reparar desgarros y liberar la placenta velozmente, resultaría complicado realizar tal cosa como el “punto para el padre”. Lo que sí puede suceder es que realizar las reparaciones de manera incorrecta podría causar en dolores durante las relaciones sexuales para la paciente, pero no porque se haya hecho a propósito. Desde la experiencia de Ghozland, él no conoce a nadie que haya puesto un “punto para el padre”.
Por el contrario, Mary Jane Minkin, profesora clínica de obstetricia, ginecología y ciencias reproductivas en la Escuela de Medicina de Yale, indica que a esta práctica se le conocía como “punto de corona” y era el punto final de la parte superior al realizar una episiotomía. La episiotomía es un corte en el perineo, la zona entre la vagina y el ano, y se realizaba como parte de la rutina de parto, aunque en la actualidad, ya no se lleva a cabo salvo en casos muy particulares. Antiguamente, con el “punto corona” se lograba reconstruir el perineo para obtener mayor apoyo en la zona posterior y se hacía un estrechamiento vaginal. Pese a que la episiotomía está en desuso, Minkin comenta que su pareja atiende partos y que en ocasiones, los padres sí piden el cuestionado “punto para el padre”, a lo que un médico ético debería rechazar por completo.

Sarah Harkins, una comadrona y consejera de lactancia de Nueva Orleans, describe la traumática experiencia en la que escuchó a su doctor decirle a su esposo, tras haber dado a luz, la siguiente frase: “Pongámosle otro punto para asegurarnos que esto esté lindo y apretado”. El tema respecto al “punto para el padre” ha ganado popularidad tras una publicación titulada The Husband Stitch por parte de Carmen Maria Machado, en la que narra su historia personal.
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Varios testimonios y fuentes alternas confirman que era una práctica que se hacía en el pasado, sin embargo, eso no asegura que se haya erradicado por completo, sobre todo, porque para la mujer sería complicado constatar que se le haya practicado; muchas de ellas dan cuenta de ello tras acudir al medico por experimentar relaciones sexuales dolorosas, meses después de la recuperación del parto. Si bien, para algunos seguirá siendo un mito, las historias se suman y visibilizan la grave problemática.
La importancia de traer el tema a la mesa recae en que se debe concientizar sobre la violencia hacia la mujer que surge desde todas las aristas, incluso desde la medicina y las malas praxis. Las mujeres están vulnerables incluso en espacios destinados para la salud y son violentadas por las manos de quien “objetivamente” nunca se esperaría; claro que en la actualidad, con cada historia tan desafortunada, estos casos no nos causan ninguna sorpresa.
Finalmente, el “punto para el marido”, como otros ejemplos de violencia hacia la mujer, la convierten en un objeto, despojándole de su cualidad de persona, pues se le practica sin su consentimiento para el simple disfrute sexual masculino.

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