La pornografía, un ideal enfermizo para nuestra sexualidad
Las representaciones gráficas sexualmente explícitas han existido desde siempre. Si bien, la pornografia publicada como tal apareció en forma de grabados en el año 1524 en Roma, existen vestigios de este tipo de imágenes desde la época de las cavernas. Incluso, en Pompeya se descubrieron frescos y esculturas de carácter pornográfico. En nuestros tiempos con el Internet, el consumo de estos materiales se ha disparado, siendo que la web pornográfica gratuita más conocida superó las 33 mil 500 millones de visitas en el 2018.

Cuando crecemos en una sociedad donde la sexualidad y sobre todo, el placer es un tabú, nuestro primer acercamiento a la sexualidad es muchas veces la pornografía, cuyo acceso se ha adelantado a los ocho años de edad; creando un paradigma desde temprana edad lleno de conceptos e ideas erróneas, no solo sobre cómo debe ser el sexo: sin accidentes, la penetración como recurso principal, termina con la eyaculación y el orgasmo es imprescindible; sino que también, sobre cómo es un cuerpo deseable; sobre cómo deberíamos de vernos para ser dignos de vivir nuestra sexualidad.

Se estima que en la actualidad, el 90% de los hombres consumen pornografía a diferencia de las mujeres que solo 33% de ellas la consumen. Esto puede ser debido a que el contenido producido por la industria se realiza bajo una mirada patriarcal en la que a la mujer se le trata como un objeto dispuesto al placer masculino. Asimismo, se refuerza la hipersexualización de la mujer y la hegemonización de sus cuerpos; como consecuencia, la mujer no se siente interesada, pues en lugar de estimularle, le violenta. La violencia simbólica del porno no solo afecta a las mujeres, ya que también promueve ideales inalcanzables de masculinidad que frustran a la mayoría de los hombres. Un simple ejemplo de esto, es que más de la mitad de los hombres se siente inconforme con el tamaño de su pene.

Dentro de las principales afectaciones médicas del porno se encuentran la depresión, la disfunción eréctil y la eyaculación precoz. Los efectos cerebrales del porno son varios. Primeramente, está la secreción de altos niveles de dopamina, afectando nuestro sistema de recompensa y la detonación de la capacidad cerebral de adaptación tras determinadas experiencias. La hiperestimulación causada por el porno provoca que los usuarios busquen replicar lo que encuentran en aquellas imágenes y al toparse con la realidad, que no les parece lo suficientemente estimulante, puede resultar en problemas de disfunción eréctil. Esta deficiencia estimulatoria que se encuentran en la vida real, también desemboca en sensaciones de decepción, irritabilidad, ensimismamiento, ansiedad, angustia, depresión, adentrando a los usuarios en un loop de consumo.
Por si no bastara con eso, con la pornografía el cerebro se comporta de manera similar a cuando existe abuso de sustancias, creando en los espectadores una mayor necesidad de consumo y de buscar estímulos más fuertes y lejanos a lo usual. Recientes estudios muestran que entre 15% y 40% de los hombres que ven pornografía disfrutan de contenido referente a violaciones, violaciones en grupo y degradación de la mujer. Datos recabados por Pornhub, reafirman los datos anteriores y muestran que los consumidores se ven cada vez menos atraídos por el sexo convencional y en su lugar, búscan temáticas violentas como el incesto.
Por otro lado, estudios han relacionado el consumo de pornografía con el daño de la corteza prefrontal en adultos hacipendolos: perder control sobre sus impulsos. Aún peor, de acuerdo a Marco Iacoboni, profesor de Psiquiatría en la Universidad de California en Los Ángeles, las neuronas espejo pueden llevar al individuo a buscar replicar la violencia sexual del porno. Sumando todas estas afecciones, el panorama resulta sumamente alarmante, considerando las altas estadísticas de violencia sexual presentes hoy en día y las visualizaciones en aumento de pornografía violenta.

La eyaculación precoz es otro de los problemas frecuentemente asociados al consumo de pornografía. “El modo temporal de lo pornográfico es directo y sin ambages…La pornografía evita rodeos. Va directamente al asunto.” (Chul Han, 2015). La mayoría de los casos de eyaculación precoz refieren a una situación psicológica o aprendida. Si uno tiene la costumbre de masturbarse rápido, porque solo se busca llegar al orgasmo, puede los encuentros sexuales sean igual de efímeros. La masturbación es práctica para el sexo.

Vivimos en una sociedad sobreestimulada por imágenes y es importante tener la conciencia, así como la capacidad de discernir entre lo que vemos en una pantalla y lo que sucede en la vida real. El poder de la imagen en movimiento es muy fuerte porque es muy similar a la percepción humana y se asume fácilmente como “verdad”. Yo como ex-estudiante de cine, aprendí que mientras exista un corte (refiriéndome a un material audiovisual), existe un discurso, una mirada, alguien que elige qué vemos y cómo lo vemos. Ni hablar de una fotografía, que es mucho más fácil de manipular. Esta carencia de habilidad crítica se vuelve preocupante cuando una imagen tiene tanto poder de influir sobre un aspecto crucial como lo es la sexualidad.

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