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¿Qué consideramos masculino en la moda?

Masculino.

Perteneciente o relativo al varón.

Adj. Propio del varón o que posee características atribuidas a él. Manos, aficiones masculinas.

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    Adj. Dicho de un ser: Dotado de órganos para fecundar.

    Adj. Perteneciente o relativo al ser masculino. Célula masculina.

    Adj. Gram. Perteneciente o relativo al género masculino. Sustantivos y adjetivos masculinos. Forma masculina.

    M. Gram. Forma correspondiente al género masculino. El masculino y el femenino de artista coinciden.

     

    Los renglones anteriores fueron algunos de los significados que ofrece la Real Academia Española (RAE). Que mal que bien existen y son referentes de múltiples disciplinas como la moda, los deportes, la salud y desde luego, del lenguaje. Cuando hablamos en masculino, es mediante el pronombre él y en femenino ella. Gramaticalmente, hay  una distinción hablando de dos géneros en específico, palabras que están llenas de significados, aprendidas y replicadas adjudicándole colores, formas, sonidos y hasta ideologías.

    Así, la fuerza muscular, la valentía, la virilidad (palabra de la cual también se desprende el miembro viril: el pene), la ambición, la agresividad, la competitividad, la seguridad y la violencia​ son parte de los rasgos de la masculinidad. ¿Y cómo estos atributos se traducen en la moda? La respuesta tal vez se haya en cómo asociamos esos atributos de forma gráfica, en las formas, colores, hasta texturas y olores.

    ¿Pero siempre ha sido así?

    La exposición “Masculinities”, presentada en Bruselas en 20211, tuvo como finalidad romper estereotipos. En la exposición se mostraba que los colores sobrios, las corbatas de una gama cromática limitada y la formalidad estética, no fueron siempre los referentes de la moda masculina. Mencionaban, que hace tiempo, los tonos vivos, los pequeños detalles e incluso el tacón, formaban parte del código de vestimenta masculino.

    “Los hombres del siglo XVIII luchaban por distinguirse a través del color y de la decoración. Pero a principios del XIX dieron la espalda a la suntuosidad por la que luchaban y adoptaron un uniforme, que es el símbolo del trabajo”, explicó el comisario de la muestra, Denis Laurent a EFE.

    El punto y aparte fue la Segunda Guerra Mundial, donde no solo los trajes tratan de reflejar, cómo el trabajo de oficina y la burocracia se imponía en una sociedad, sino también, de cómo ese mismo conflicto bélico moldeó la moda.

    Según la información recabada por EFE, los motivos castrenses  y el ideal de fuerza, así como valentía, ligaron estrechamente la concepción del hombre durante muchas décadas. Así, durante la segunda mitad del siglo XX, las chaquetas militares o la prevalencia de colores verdosos y marrones en la ropa de uso diario, estuvo por encima de cualquier otro tipo de propuestas de diseño para los hombres, dejando el interés por el vestir de forma diferente y detallada, como algo propio de las mujeres.

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    La moda masculina (generalizada, “la de a pie”) sigue girando en torno a la masculinidad clásica y se puede observar en los aparadores de las tiendas, dotando de colores sólidos como el azul, negro, gris y café a las prendas; de hecho, son los colores que más se repiten en los paquetes de ropa interior. Estos colores por convencionalización, representan dureza, firmeza y elegancia a la vez; son los básicos que todos tienen en su armario por combinar fácilmente con todo.

    Y es precisamente, a partir de esto último, donde existe otra característica de la moda masculina: practicidad, pues se asocia que los hombres “no saben” sobre colores, tipos de corte en un pantalón, tallas y otros detalles, a los cuales no le dan importancia por considerarlo “cosa de mujeres”.

    Por otro lado, en la publicidad las figuras cuadradas y rectangulares son las protagonistas de la forma de un hombre, basándose en la fisionomía heterogénea del cuerpo masculino. La silueta cuadrada abarca desde la mandíbula, los dedos, la espalda, hombros, para reflejarse  en los boxers, en las gafas y en los trajes. Pocas veces la ropa de hombres explora otras siluetas como las prendas ceñidas, los cortes en los laterales o más circulares para los cuerpos curvi.

    Cabe recalcar, que dichas asociaciones a parte de ser un cambio histórico, son fruto de un enramado e inmiscuido sistema impuesto basado en la heteronormatividad, la cual asume que todos los seres humanos son heterosexuales y deben ser diferenciados de dos maneras: hombre y mujer, designando colores, formas de actuar, de hablar, de comportamiento y hasta de pensamiento.

    Desde luego, que la ropa sí tiene genero, porque la hacen pensando en uno en específico, pero por fortuna, existen las excepciones y se aplauden los avances que permiten extender la visión respecto al género masculino, borrando esas rígidas líneas de la masculinidad.

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