Juan Toscano-Anderson: la autenticidad como legado
Ser el único mexicano campeón de la NBA no parece ser una etiqueta que defina por completo a Juan Toscano-Anderson. Al menos no cuando habla de sí mismo. En conversación, Toscano-Anderson vuelve constantemente a una idea mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más compleja: la autenticidad.
Durante años, la narrativa alrededor de los atletas de élite se ha construido sobre conceptos como disciplina, sacrificio y éxito. Toscano-Anderson encarna todos ellos, pero también parece interesado en desafiar la idea de que una persona debe quedar reducida a sus logros. Para él, el basquetbol es una parte fundamental de su identidad, aunque nunca la totalidad de ella.

Esa visión se refleja incluso en la forma en que entiende la moda. Lejos de verla como una herramienta de estatus o una extensión de la fama, la describe como un lenguaje personal. Vestirse es una manera de expresar emociones, estados de ánimo e incluso encontrar momentos de calma. No existe una separación clara entre el atleta y la persona porque, como él mismo insiste, Juan sigue siendo Juan dentro y fuera de la cancha.
Quizá por eso observa con cierta distancia la evolución de la cultura del tunnel fit en la NBA. Mientras muchos jugadores han convertido la llegada a los partidos en una pasarela, Toscano-Anderson parece inclinarse por una aproximación más honesta. La ropa, argumenta, debe poder existir más allá de la fotografía y del momento viral. Un buen look no es aquel que llama la atención durante cinco minutos, sino el que sigue teniendo sentido en la vida cotidiana.


La autenticidad también atraviesa su manera de entender la masculinidad. Criado entre valores tradicionales ligados a sus raíces mexicanas, reconoce la importancia del trabajo duro, el liderazgo y la responsabilidad, pero también entiende que las nuevas generaciones exigen perspectivas más amplias. En lugar de aferrarse a definiciones rígidas, apuesta por la evolución sin perder aquello que considera esencial.
Hay algo especialmente interesante en la forma en que Toscano-Anderson habla sobre el éxito. Pocas veces lo hace desde la grandilocuencia. Reconoce el enorme esfuerzo que implica llegar a la cima de cualquier disciplina, pero al mismo tiempo relativiza su importancia frente a aspectos mucho más humanos. La pandemia, la familia y la experiencia de convertirse en padre le recordaron que la identidad no puede depender únicamente de una profesión o de un reconocimiento.

Esa búsqueda de equilibrio parece haberse intensificado durante su etapa en Italia, donde descubrió una relación distinta con el tiempo. Una vida menos acelerada, más enfocada en compartir la mesa, convivir con los seres queridos y encontrar satisfacción en los momentos cotidianos. Para alguien que pasó gran parte de su carrera persiguiendo objetivos cada vez más grandes, aprender a bajar el ritmo se convirtió en una forma distinta de éxito.
Hoy, mientras imagina un futuro que incluye moda, modelaje y proyectos creativos fuera del deporte, Toscano-Anderson no habla de reinventarse, sino de expandirse. La meta no parece ser construir un personaje nuevo, sino encontrar nuevas plataformas para seguir siendo él mismo.
En una época obsesionada con la imagen, la marca personal y la constante necesidad de proyectar una versión idealizada de uno mismo, Juan Toscano-Anderson propone algo mucho menos espectacular y, quizás por eso, más difícil de conseguir: permanecer auténtico. Incluso cuando el mundo espera que interpretes un papel.
BH: En el set te vimos muy relajado y muy cómodo jugando con distintos lugares y energías. Quiero empezar por ahí: ¿qué tan importante es la moda para ti?
JTA:
La verdad es muy importante. Para mí la moda es una forma de enseñar mis sentimientos sin necesariamente tener que hablar. Depende mucho de cómo me siento cuando me levanto. Entrar a mi clóset y decidir qué ponerme —un suéter, un gráfico, una silueta— se vuelve algo muy terapéutico.
BH: ¿Existe una diferencia entre cómo se viste Juan el atleta y Juan la persona?
JTA:
No. Porque Juan es Juan.
Ya sea que esté en un photoshoot o jugando basquetbol, sigo siendo la misma persona. Creo que eso me distingue un poco: trato de ser igual siempre y dejar que mis acciones hablen por mí.
BH: Los atletas viven una transformación muy marcada entre el uniforme y su identidad fuera de la cancha. ¿Qué te hace sentir más poderoso: el jersey o tu ropa cotidiana?
JTA:
Qué difícil.
Mi primera respuesta sería que mi ropa fuera de la cancha. Pero pensándolo bien… el uniforme representa algo más grande.
Llegar a jugar profesionalmente requiere talento, disciplina y mucho trabajo. No cualquiera llega ahí. Entonces el jersey también tiene un peso emocional muy fuerte.
Creo que me quedo con el jersey.

BH: Hay algo muy interesante en cómo hablas de disciplina pero también desde un lugar muy humano. ¿Cómo entiendes esa dualidad?
JTA:
Primero que nada, soy mexicano. Mi abuelo fue inmigrante y eso forma parte de mi historia.
Pero también entiendo que hay dos lados.
Soy humano y todos somos humanos. Al final del día muchas de estas cosas no importan tanto. Cuando pasó Covid, ser basquetbolista no importaba. Cuando te mueres, no importa cuánto dinero tenías ni cuántos logros conseguiste.
Lo que la gente recuerda es cómo los trataste.
Pero al mismo tiempo, llegar a ser campeón, artista o atleta de alto nivel sí requiere muchísimo trabajo. Y estaría haciéndome un daño si nunca reconociera mi esfuerzo.
A veces tienes que darte crédito tú mismo porque el mundo suele ser más rápido para criticarte que para celebrarte.
La clave está en el balance: no ser arrogante, pero tampoco apagar tu propia luz.
BH: Cuando crecías y empezabas tu carrera, ¿sentías presión por convertirte en cierto tipo de hombre para entrar al deporte?
JTA:
No tanto por el deporte.
Creo que eso vino más de mi crianza cultural. La cultura mexicana tiene una parte más tradicional donde el hombre provee y lidera.
De ahí vienen muchas de mis cualidades de liderazgo.
Pero también estamos en otro momento. Las mujeres están creciendo y encontrando espacios distintos. Entonces uno también tiene que evolucionar.
Lo que sí aprendí desde niño fue trabajar duro, ser humilde y respetar tu trabajo.
BH: ¿Cuál es el prejuicio más común que tiene la gente sobre los basquetbolistas?
JTA:
Que somos arrogantes.
Y sí… algunos sí lo son.
Pero también el basquet es un deporte muy íntimo. La gente está cerca, conecta contigo, ve tu personalidad.
Eso hace que muchos jugadores desarrollen identidad fuera de la cancha: moda, negocios, comentarismo.
El problema es cuando esa personalidad se convierte en personaje.
Sobre tunnel fits, autenticidad y vestirse para uno mismo
BH: La cultura del tunnel fit en NBA se volvió enorme. ¿Qué hace que un outfit refleje personalidad y no se sienta como disfraz?
JTA:
Que se sienta real.
Me gusta el tunnel fit, pero no me gusta que se haya convertido en una pasarela.
Cuando veo un look me pregunto: ¿usarías esto para ir al cine? ¿al centro comercial? ¿a una fiesta?
Si no, ¿por qué lo estás usando para entrar cinco minutos a un partido?
Yo me visto para que lo que uso ahí también pueda existir en mi vida real.
BH: ¿Hay alguna tendencia masculina que nunca usarías?
JTA:
Intentando decirlo con respeto…
Yo nunca usaría vestido ni cosas que personalmente considero prendas femeninas. Tampoco usaría bolsa.
No es juicio hacia nadie. Es simplemente que para mí el estilo funciona cuando es auténtico.
Para mí uno de los mejores cumplidos que puedo recibir es que alguien me diga: me gusta cómo te vistes.
Más que que me digan que soy buen jugador.

BH: ¿Hay algo que antes jurabas nunca usar y ahora sí?
JTA:
Los pantalones wide leg.
Cuando era más joven jamás los hubiera usado. Pero encontré unos que me quedaban increíble y cambió completamente mi percepción.
Ahora me encantan.
Más allá del deporte
BH: En los últimos años también te hemos visto entrar más al mundo de moda y cultura. ¿Qué ha cambiado en cómo la gente te percibe?
JTA:
Creo que me han humanizado.
En la cancha soy competitivo, intenso. Vivo y muero por este juego.
Pero fuera de la cancha soy tranquilo. Escucho mucho. Me gusta conversar.
Y cuando la gente empieza a verte fuera del uniforme entiende que eres más que un atleta.
BH: ¿Cómo te gustaría evolucionar en los próximos cinco años?
JTA:
Tuve un hijo hace poco y eso me cambió completamente.
Aprendí a bajar el ritmo.
También quiero explorar más la moda, el modelaje y expresarme más.
Siempre digo que en mi próxima vida voy a ser modelo tiempo completo.
Y cuando digo próxima vida, hablo de después del basquet.
Quiero hacer cosas en París, en Asia, aprender de distintos lugares y construir algo que siga siendo auténticamente mío.
Quiero que algún día alguien vea algo y diga:
“Eso se siente inspirado por Juan Toscano Anderson.”
BH: Para cerrar. ¿Qué te enseñó vivir en Italia?
JTA:
Dos cosas.
Primero: qué significa realmente comer bien.
Y segundo: qué significa tener calidad de vida.
Aquí la gente se toma tiempo para vivir. Para comer. Para estar con sus hijos.
Cuando recojo a mi hijo de la escuela y paso la tarde con él, entiendo que eso también es éxito.
Extraño las cámaras, los eventos y toda la energía de antes.
Pero bajar el ritmo me enseñó mucho sobre quién soy fuera del ruido.
En esta historia Juan Toscano-Anderson fotografiado por Martha Alvarez Bernal, Maquillaje Deborah Besghini, Pelo Bry Borroni, Dirección editorial Juan Pablo Jim y Texto Rafael Escalante



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