Hanna Puley y el vestuario que hizo arder Heated Rivalry
La fiebre por Heated Rivalry no cesa, y menos cuando sus protagonistas, Hudson Williams y Connor Storrie, continúan hechizando al mundo con su encanto, acidez y guapura. Si incluso Donatella Versace y los Hermanos Caten han caído rendidos ante la fantasía de acompañar a los sementales de hockey a la cabaña, esta serie ha logrado trascender no solamente con su cadente amorío, sino a través de la ropa.
Tal vez la moda no sea la atracción principal de la serie–– imposible de competir con los glúteos jugosos y abs fornidos que hacen jadear a sus fans––,sin embargo, no impide que ciertas piezas: desde la camisa con el estampado de tigre de Jean Paul Gaultier de 1998, lentes Ray Ban, hasta el blazer color hueso; deslumbren con intención. Decisiones cuidadosamente articuladas por la estilista Hanna Puley, quien se esforzó en construir una narrativa elocuente que iba más allá de su simplicidad ordinaria.
Gracias a su increíble trabajo, que retrata una realidad compleja donde una austeridad se vuelve hermosamente inofensiva––aunque ostentosa para los estándares heterosexuales––revela un vestuario con una carga simbólica entre el cuerpo, el escrutinio deportivo y la mente. Asimismo, tuvimos la oportunidad de platicar con Hanna sobre la trascendencia cultural de un guardarropa hiper masculino, que resultó ser épico.

¿Cómo has vivido el éxito inesperadamente masivo de Heated Rivalry?
El éxito de la serie ha sido una enorme sorpresa para todos los involucrados. En términos generales, mi vida no ha cambiado tanto. Pero lo que ha sido increíble son las nuevas conexiones que he podido hacer con distintas personas del mundo de la moda, así como con colegas de la industria cinematográfica. También ha sido muy divertido que la gente muestre tanta curiosidad y aprecio por mi proceso y mi sensibilidad a la hora de construir el vestuario.
¿Cómo fue el proceso creativo para lograr uniformes de hockey tan precisos y realistas––incluso despertando pasiones––– pero al mismo tiempo atractivos?
Tuve muchísima suerte de trabajar con un equipo lleno de verdaderos fans del hockey. El director, el productor, el jefe de utilería y muchos otros miembros del crew sienten un amor muy profundo por este deporte, así que era fundamental hacerlo bien, aunque fuera solo para no decepcionarlos. Además, fue un esfuerzo muy colaborativo, con muchas miradas puestas sobre los uniformes para asegurarnos de que fueran convincentemente precisos. La empresa que utilizamos para fabricar casi 300 uniformes está muy bien establecida y se aseguró de que la calidad fuera comparable a la de la NHL.




¿No sentiste que en algún punto la moda pasó a segundo plano con los glúteos y abs de Shane y Ilya?
En realidad no estuve en el set durante ninguna de las escenas de desnudos, ya que siempre se cierra el acceso al personal no esencial cuando hay intimidad. Mi trabajo en esta serie era mostrar una versión de atletas profesionales que encajara con la narrativa de los guiones.
El hockey, por lo general, no es un deporte particularmente fashion, así que creo que la moda sí pasó a un segundo plano frente a los glúteos y abs de Shane e Ilya, pero también frente a la realidad narrativa de ambos personajes y al mundo restrictivo en el que viven. Mi esperanza es que mi trabajo haya ayudado a construirlos como personas plenamente realizadas y a mostrar un poco de su mundo interior.
¿Cómo tradujiste los cambios de edad, madurez y personalidad de Shane e Ilya en decisiones de vestuario a lo largo de la historia?
Cuando vemos por primera vez a los chicos, tienen 17 años y están en el mundial juvenil. Esta versión de ambos es la menos refinada. Visten de manera muy similar, casi como si llevaran un uniforme atlético de comodidad y practicidad. Sin embargo, Ilya sigue siendo más elevado: su ropa tiene más personalidad y mejor calidad.
A medida que entran en sus veintes, ambos comienzan a usar versiones más sofisticadas de lo que ya llevaban. Ilya con sus tank tops y piezas de diseñador; Shane con hoodies y pantalones de mejor calidad. No cambian drásticamente, pero hay una evolución sutil. Para mí era importante que, sin importar cuánto tiempo pasara, siguieran existiendo dentro del paradigma original que habíamos creado para ellos.
Al final de la temporada, cuando están solos juntos en la cabaña, casi regresan a una versión más infantil de sí mismos. No hay ningún esfuerzo por impresionar al otro, solo por existir. Al compartir ropa, su nivel de comodidad mutua se vuelve evidente. Ambos están en la versión más madura de sí mismos, finalmente capaces de compartir el secreto que cargaron durante casi una década y de existir juntos sin ninguna pretensión.
La escena del blazer blanco de Shane marcó un punto de inflexión: ahí entendemos el peso de la moda en la fama.¿Crees que los personajes son conscientes del poder de su imagen, o ese despertar ocurre de forma inconsciente?
La aparición del traje blanco de Shane ocurre después de que sale del clóset con Rose; es casi una reacción inmediata a aceptar una identidad más auténtica. Sin embargo, en lugar de encarnar externamente una identidad visiblemente queer, simplemente invierte su look habitual: el traje negro con camisa blanca se convierte en un traje blanco con camisa oscura. Es un pequeño paso hacia lo que después será una representación más auténtica de sí mismo y una exploración de cómo quiere ser percibido.
¿Existe para ti una diferencia clara entre la moda rusa y la canadiense, y cómo influyó ese contraste cultural en la construcción visual de Shane e Ilya?
Comencé a diseñar la serie con la idea de que Shane, Ilya, Scott y Kip eran cuatro arquetipos masculinos distintos, y debían ser representados e interpretados como tal. Shane es el arquetipo del boy next door: discreto, práctico y accesible. No está enfocado hacia afuera, sino que se viste de una manera que siempre se siente familiar.
Ilya, en cambio, es el arquetipo del bad boy. Usa ropa que revela el cuerpo, piezas de diseñador llamativas y se mueve hacia algo que en Norteamérica se sentiría un poco queer coded y definitivamente europeo. Me apoyé en Adidas, John Varvatos, Rick Owens y Jean Paul Gaultier para capturar una estética juguetona, atlética y orientada a la moda.


¿Hubo algún outfit que te sorprendiera al ver cómo fue recibido por los fans?
La respuesta del público a la chamarra olímpica canadiense que Shane usa en Sochi, en el episodio 2, realmente me tomó por sorpresa. Para mí es extremadamente canadiense: simple, acogedora y gráfica de una manera muy nostálgica. Intenté crear algo muy sencillo y usable, algo que se sintiera familiar y evocador del momento.
Lo que he llegado a entender sobre esta chamarra y su recepción es que creo que funciona como una forma de que la gente se lleve consigo una parte de la realidad emocional de la serie. Representa los valores inclusivos que se muestran en la historia y una encarnación alegre del amor queer.
Algo fascinante del proyecto fue elevar lo ordinario en una historia donde la moda no parecía, en principio, un motor narrativo. ¿Cómo te sientes al ver que la hiper masculinidad terminó funcionando como una herramienta de subversión?
Creo que, al apoyarme en una estética realista y aterrizada dentro del mundo narrativo, se pudo mostrar la complejidad de las realidades internas con las que todos luchamos. Al no externalizar la queerness de los personajes, se evitó una comprensión inmediata de quiénes eran, permitiendo que su identidad fuera algo que tanto ellos como el público descubrieran juntos.
Video relacionado
¿Podrás vivir más de 150 años?




PUBLICAR UN COMENTARIO