Gucci Resort 2027: La gran manzana se viste de GG
La guccimania llegó a Nueva York.
Los desfiles resort se han convertido en actos teatrales con fines de entretenimiento mezclado con glamour. Y al otro lado de Norteamérica, Gucci decidió presentarse en Times Square: el símbolo máximo de la cultura mainstream estadounidense.
Esa aura carga de exceso, publicidad y turismo se materializó en un desfile visualmente impactante. La estética súper cinematográfica que destellaban las pantallas gigantes volvió irreal la experiencia completa: un nuevo universo de productos con el sello de Gucci, incluyendo chocolate, agua, mascotas, coches y medicamentos para la longevidad… acompañados de eslóganes pegadizos e imágenes hipnóticas que sirvieron de introducción.
Literalmente, Gucci se apoderó de la energía de Nueva York.
Demna quiere que este nuevo capítulo de Gucci sea imposible de ignorar. Y es notable cómo su lado más antipático parece haberse ido desvaneciendo, promoviendo una confianza más física y sensual. Así pues, la silueta estrecha se refina con un guardarropa que une lo cotidiano con lo extraordinario.




Navegando entre lo fetichista y lo minimalista, presentarse en una ciudad aspiracional —y donde nacen tendencias y movimientos culturales— deja claro que Gucci quiere formar parte de la conversación. Su debut se enfocó en presentar algo que se sintiera real.
“Quería mostrar esta colección en el tipo de personas que podrías encontrarte por la calle; individuos con su propia manera de vestir, una pluralidad de estilos que se entrecruzan como las calles de la ciudad”, declaró Demna en las notas de prensa.
La historia de amor de Gucci con Nueva York comenzó hace más de siete décadas en la Quinta Avenida. Y ahora, la misión de Demna por vender piezas escultóricas y sensuales se refinó mediante los trajes entallados con pantalones acampanados que indiscutiblemente su ajuste roza la perfección sartorial. En especial, el rosa metálico.
Eso sí, los arquetipos que convergen en la ciudad que nunca duerme fueron reinterpretados con ironía y audacia. Véase cómo los abrigos oversize de lana se remataban con camisas holgadas estampadas en paisley, faldas lápiz a media pantorrilla o pantalones rectos acompañados de botas y tacones de aguja con hebillas, evocando a las damas del Upper East Side. Incluso, Paris Hilton se metió completamente en personaje al lucir un dramático vestido amarillo con lazo.




Asimismo, Tribeca y SoHo aparecían impregnados de una erótica Y2K con infames bumsters de mezclilla translúcida, combinados con chaquetas de motociclista encogidas. Un uniforme que también los hombres personificaron en versiones mucho más holgadas.
Y para las decenas de fiestas que se celebran cada noche, aparecieron vestidos asimétricos de plumas, destacando el ballroom negro que llevaba Cindy Crawford, además de otro diseño del mismo tono con efecto cocodrilo y drapeado con cut-outs. Sin olvidar los impecables trajes satinados double-breasted de gala.
El toque de realismo, sin embargo, lo aportaron los accesorios y el propio casting. Al fin y al cabo, las personas que viven en la metrópolis cargan sus pertenencias de trabajo en backpacks estampadas con el monograma GG y hobos. Además, nadie habría imaginado encontrarse con Tom Brady —vestido completamente de cuero negro— desfilando un sábado por la noche en Broadway.
Demna hizo lo que mejor sabe hacer: montar un espectáculo.




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