Calvin Klein Collection Spring 2026: los jeans son intelectuales
La energía tenaz de Veronica Leoni apunta hacia un horizonte creativo más experimental––aunque, siendo honestos, la palabra correcta sería intrépido. El romance que se tiene por los años 80 es indudablemente omnipresente, sin embargo, ese gusto convive sin fricción con el minimalismo seductor de Calvin Klein.
Por segunda ocasión, la marca apuesta por seguir recuperando terreno en el decaído mercado de lujo. Con una esencia puritana como base, la colección se atreve a jugar descaradamente con su legado cultural–– jeans y ropa interior––, revitalizando la propuesta con entusiasmo. Esta ruptura frente a la visión de su predecesor, ofrece una lectura más relajada del guardarropa contemporáneo, alejándose de la frivolidad del quiet luxury.


Y aunque el escapismo se ha convertido en la inspiración du jour, la alegría no podía faltar: los pompones surgieron como un accesorio divertido e inesperado en vestidos slip de organza. Este guiño a Raf Simons se despoja del simbolismo nacionalista con el que el belga los asoció tiempos atrás, transformados en un gesto más nitído y funcional.
Este optimismo liberó la silueta con desenfado estilístico, revelando la misión de Leoni: dar un giro distintivo que capture una mentalidad juguetona e íntima, aunque un poco lejos de un sentido aspiracional.




Observando el frenesí accidental y crudo que permea en las calles de Nueva York, nos encontramos con dos ejercicios: de un lado, mini vestidos delantal, chaquetas desestructuradas acentuadas con un busto cuadrado que dejaban entrever algo sexy, gabardinas drapeadas extra largas con poderosas hombreras y pantalones fluidos de talle bajo. La moderación no se contuvo con los vestidos arrugados con aspecto de papel maché o las infalibles batas de baño de cuero e intarsia que combinaban con la deliberada sastrería con tintes setenteros––como las camisas nehru reinterpretadas en sacos bohemios o pijamas.
La sobriedad se esfumó al desmoronar los iconos de Calvin Klein en versiones surrealistas con un tinte pop: una túnica blanca danzarina de flecos que competía con otra estrafalaria de matices rojizas, aunque la joya extraña fue un vestido de noche esculpido con bandas elásticas con el logotipo de la marca. Ah, y no olvidemos a un modelo que llevaba bóxers de Calvin Klein debajo de su blazer amarilla a juego con la camisa y corbata a rayas.


Quizá estos excesos artísticos sean contraproducentes ante el rigor de Klein por diseñar prendas funcionales y sensuales, pero Leoni no olvida que sus desvanes sean relajados, aunque un poco ridículos para la cotidianidad. ¿Cómo la intelectualización podrá encajar con un tipo de osadía que plantea eliminar lo rimbombante para brillar? Paradójicamente, tal equilibrio fluye con el rockero total look de denim azul.







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