Diesel Fall 2026: el poder del rave en la moda
Una pila de casi 50.000 objetos de desfiles, fiestas y escaparates anteriores de Diesel se montaron en un recinto etéreo que incluía dinosaurios, animales inflables, una legión de Santa Claus, una cabina de teléfono londinense, pasteles de cumpleaños… y hasta pizzas.
Desde que se unió a la marca en 2020, Martens ha transformado sus desfiles en verdaderos espectáculos: transmisiones en Zoom, búsquedas de huevos de oro por los barrios de Milán y colinas hechas de denim. El entusiasmo que sobrecoge a Diesel es impresionante. La obsesión colectiva que se tiene por la actitud irreverente, pero consciente de sus diseños, ha provocado que la Gen Z ponga su mirada en una colección inspirada en los paseos de la vergüenza: aquellos momentos en los que uno sale felizmente tumbado de algún lugar en pleno amanecer.




La vida nocturna adquiere un protagonismo dentro de una narrativa que propone no arrepentirse de lo que ocurrió anoche. Retorcerse, sí, pero entender que la imperfección también debe abrazarse, incluso en la ropa. “Es esa idea de despertar y quizá no tener muy claro dónde estás. Tienes que vestirte y salir corriendo por la mañana de ese escenario, de esa noche desenfrenada. Todo es un desastre: obviamente no tienes tiempo de mirarte al espejo. Pero cuando estás en la calle, te ves increíble porque lo posees. Has tenido una noche realmente buena y todo es fantástico, así que simplemente brillas por dentro”.
Y aunque todo parecía un caos… pero ultra sexy.
La resaca se materializó en abrigos y faldas voluminosas con pliegues de denim tratados con efecto arrugado de resina; camisas abotonadas de punto que mantenían frunces dramáticos al moverse junto a jeans extra largos con aberturas verticales ocultas cerca del tobillo, perfectos para insinuar tacones de aguja. También hubo un traje desenfadado de cuello nehru confeccionado con retales industriales; minifaldas asimétricas con leggings envueltos en tartán; y camisetas de manga larga deliberadamente rotas.




Es el tipo de fantasía Y2K que los jóvenes añoran ver en sus closets. Un fabuloso contraste entre una formalidad desatada por cardigans pintados en tonos ácidos con flores bordadas que parecían manchas orgánicas; con el frenesí parrandero de abrigos espinosos en mezcla de alpaca y lana, con apariencia de patchwork industrial.
Eso si, el vomito cromático que teñian helseys deslavadas, un vestido drapeado con escote V rematado con una falda tubo asimétrica, vaqueros rectos de tiro alto y dos abrigos opera monstruosos, reflejaban la intensidad vibrante que necesita tanto un derroche de color y la alegría que se encuentre en el layering punk que Diesel intenta modernizar con furor.
Resto de looks:


















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