Diez Años de Reinvención: El Impacto de Jonathan Anderson en Loewe
Seamos honestos, era un momento que todos anticipamos, pero duele aún más, aceptar tal hecho.
A las primeras horas de la madrugada del 17 de marzo, Jonathan Anderson confirmó su salida de Loewe, tras 11 años de trayectoria.
Previamente, el británico decidió celebrar su fascinante trabajo mediante el posteo de varios boyantes momentos que definieron su obra. Su inigualable creatividad, técnica y enfoque, tal desbordante e alucinante ingenio, trasciendo hacia límites desconocidos. Fue capaz de moldear y aspirar hacia un punto de enfoque multi-sensorial que asombraba los sentidos y nuestra limitada percepción humana.
Es un diseñador carismático, valeroso, sensible, enfático y prodigiosamente original. Su legado por esta casa española especializada en artículos de cuero, fundada en 1846, quedará grabada para siempre. Aquella ilustrativa reinvención que desde la pandemia nos distrajo, fue ese rush que lo lanzó al potencializar su espíritu bohemio.
Desde sus inicios, su introvertida personalidad fulminante no impidió que se desatará, artísticamente. Se presentó con una estética sobria que ocultaba una visión juguetona fascinante. Poco a poco, sus rozagantes manías se desprendieron. Expandió continuamente un genuino lazo entre lo disparatado, intelectual y queer, esa viralidad web que es adorada por su chiflada media content, es tan deseable como rentable.
Ese abstracto maximalismo que era cero pretencioso, obstinaba en apreciar lo más ridículamente ordinario. Era capaz de transformar e inspirarse en cualquier objeto. Mini vestidos de látex con un coche que afinaba su silueta, tops hechos de concha nacar, hoodies pixeladas de Minecraft, collages de ropa deshilachada, llegando a fusionar la agricultura y la moda, al sembrar y regar en primorosos abrigos, semillas de chía y vegetación, innovando con una manipulación artesanal y tecnológica, una confección retorcida en falsedades y humorísticas provocaciones.




Su vuelo inminente forjó un mundo. Propone novedad y emocionaba con sus toques de genialidad. Ese lindo desenfreno fue lujosamente erótico. Tanto así, que incendiaba las redes sociales con sus campañas. ¿Imagina que en un desfile junto a Omar Apollo, Zayn Malik, Jamie Dornan, Andrew Garfield, Manu Rios … en un palpitante front row? Esa capacidad de alternar e interactuar con lo que sencillamente nos derrite de la masculinidad, en específico, los internet boyfriends. Saciaba con arte, una lujuria y sed carnal.



El erótico algoritmo de Jonathan era genial, ya que utilizaba la histeria colectiva de los nuevos y establecidos rostros de Hollywood, tipo: Drew Starkey, Kit Connor, Enzo Vogrincic, Leo Woodall, Josh O´Connor … que lo catapultó a diseñar el vestuario de increíbles films de Luca Guadagnino: Challengers y Queer. La camiseta con el audaz estampado “I Told Ya”, esas polos ‘50s que apretaban los bíceps de Eugene, los facheros trajes holgados … Ciertamente era asombroso ver su estética influir en la narrativa de aquellos melodramas, que influyeron más allá de la ficción. Es grandioso como elevaba aburridos trajes de gala en bellezas de sastrería, al agregar un broche en forma de rábano o insertar una pluma de avestruz como una elegante corbata.

Esa vehemente inquietud fue bordando su camino, que aplanaban con encanto sus zapatillas con tacón de cáscara de huevo o una brocha de make up o incluso flotar con globos que destellaban con su fabuloso marketing que irradia éxito. Sus masivas y descaradas proporciones acentuaban una peculiar y voluminosa fantasía que sus radiantes drapeados y pintorescas colaboraciones con Studio Ghibli, llegaron a ser un atractivo pop que se vio como una oportunidad para visibilizar jóvenes creadores y artesanos, fomentado una anual conmemoración a sus logros con el Loewe Foundation Craft Prize.
Su última colección que era un ‘álbum de recortes’ o un ‘gabinete de curiosidades’ valió por última ocasión la estupenda decisiva, pasión, resiliencia y amor de emocionar con inesperadas revelaciones que cambiaron el transcurso de ver la moda como algo superficial y banal, más bien, una singular, identificable y lúdica riqueza conceptual.












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