Eddie Redmayne y el poder de un buen cuello
Predilecto o no, Eddie Redmayne es fabulosamente la clase de hombre que atrevidamente seduce por su estilo tan rotatorio y divergente. En su retorno al cine con el film, The Day of the Jackal, el actor sucumbe ante una estética retro en su aparición por la alfombra roja en Nueva York, reluciendo una fogosidad sobriamente excitante por su disparidad asesina y seductora.
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Su clásico traje negro de Dolce & Gabbana, esta compuesto por un ajustado blazer double-breasted, y un pantalon rectamente flare, trascendían por un afable y indecoroso detalle, que han pavimentado el menswear al acarrear un cuello volatilmente extendido. No corbatas sosas ni cuellos altamente jirafescos, solamente, frescura calcinante. Ese detalle recio y animoso, le da un aspecto vanguardista al inclinarse por una airosidad osada, al querer devolver la gloria casual de los 70s, muy a la pomposa sastrería usada por Jacques de Bascher, en el vértigo luminiscente disco, pero en este caso, ocultando la frialdad aniquiladora de su personaje por una vibra marinera.

Las considerables engañosas solapas, representan una frescura mormona, apta y fielmente devota a la impecabilidad, llena de desenfreno tradicionalista. Tal estilismo, apuesta por una veracidad al cambio, manteniéndose erguida para liberar el cuerpo restringido por una sobriedad anticuada y monótona. Redmayne tiene el poder de persuasión, que sucumbe a los más necios, en usar un suit y hacerlo suyo. Inspirandonos a combinar lo establecido con lo subversivo, redirigiendo la masculinidad con encanto y tentación al propulsar una tendencia en alta mar.



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