La historia real de la boda secreta de John F. Kennedy Jr y Carolyn Bessette
Uno de los momentos más esperados de Love Story es la boda secreta de John Kennedy Jr. y Carolyn Bessette. Tal evento fue toda sensación gracias a lo inhóspito y discreto que resultó ser uno “de los secretos mejor guardados de la época moderna”. Así lo describió Lee Radziwill a una fecha––el 21 de septiembre de 1996––que se convirtió en un hito social.
Tras una escandalosa pedida de mano, los recién comprometidos comenzaron a planear su boda. No querían una fastuosidad nupcial, sino algo íntimo que evitara el alboroto sensacionalista de la prensa. De acuerdo con People, se necesitaron seis meses de meticulosa planificación que requirieron “la habilidad de James Bond y de toda la CIA”, como lo recordó Letitia Baldrige, exjefa de gabinete de la Casa Blanca.
Fue así como Kennedy y Bessette encontraron la Primera Iglesia Bautista Africana en la isla Cumberland, Georgia: una modesta capilla encalada, con apenas ocho bancos de madera y sin electricidad, que albergó una de las bodas más icónicas de los años noventa.
La pareja invitó únicamente a 40 personas: Anthony Radziwill, quien fue el padrino; el financiero Maurice Tempelsman; la hermana de JFK Jr., Caroline Kennedy, junto a su esposo, el arquitecto Edwin Schlossberg, y sus tres hijos, Rose, Tatiana y Jack, entre otros allegados. Todos fueron testigos de aquel magno evento.


“Es casi como si se hubieran fugado con 30 de sus amigos más cercanos”, dijo Carole Radziwill, entonces fotógrafa de la boda. “No daba la sensación de que nada estuviera demasiado planeado. Simplemente dejaron que las cosas sucedieran como sucedieron. Y había algo tan hermoso en eso. Representaban quiénes eran como seres humanos”.
Para CNN, también detalló que todo se sintió improvisado: “Recuerdo que se abrieron las puertas en la parte trasera de la capilla y ella entró. Se veía tan hermosa. Y la luz era increíble. Parecía una película”.

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El reverendo Charles J. O’Byrne, de la Iglesia de San Ignacio de Loyola en Manhattan —donde se celebró el funeral de Jackie Onassis en 1994—, dirigió el breve servicio católico, leyendo a la luz de una antorcha en la penumbra de la iglesia, iluminada únicamente con velas. La decoración rústica estuvo a cargo de Rachel “Bunny” Mellon, diseñadora del Jardín de Rosas de la Casa Blanca, junto con Efigenio Pinheiro, quien arregló la vegetación del altar.


La boda fue un acontecimiento, pero el vestido de Bessette lo cambió todo. La publicista de Calvin Klein eligió a su cercano amigo Narciso Rodríguez para confeccionar un diseño que se describió como “revolucionario y una expresión audaz del minimalismo”: un vestido de crepé de seda perlado, corte al bies, velo de tul y guantes de seda. Completó el look con sandalias de Manolo Blahnik. Su maquillaje fue natural; el cabello recogido en un moño sujeto con una pinza que había pertenecido a su suegra, Jacqueline Kennedy Onassis.
John, por su parte, lució un traje de lana de Gordon Henderson, botonadura sencilla, chaleco de piqué blanco y el reloj de pulsera de su padre.

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Aunque ese vestido causó un retraso de dos horas, ya que requería “una nueva costura de última hora” … y uno de los caballos salvajes de la isla mordió el ramo de lirios. Nada de ello impidió que la velada resultara mágica. De hecho, la fotografía de Denis Reggie —en la que los recién casados descienden las escaleras de la iglesia— se convirtió en una de las imágenes más recordadas.
“Fue un indicio de cómo fue la boda: natural y del momento, sin intentar ser más de lo que fue en su simplicidad. La autenticidad de todo le dio verdadero poder”, declaró más tarde a Vanity Fair. “Irradiaban un cariño hermoso de presenciar. Lo que más recuerdo es esa sensación mágica de estar juntos”.
La espontaneidad de la ceremonia también se extendió a la recepción. En el Greyfield Inn, el único hotel de la isla, celebraron con una cena tradicional: camarones, alcachofas, pez espada a la parrilla, helado de limón y frambuesa, y un pastel nupcial de tres pisos con crema de mantequilla y vainilla.
El primer baile fue “Forever In My Life” de Prince.



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