Bottega Veneta Fall 2026: un guardarropa muy peludo
La brutal sensualidad del abrigo rosa cliché de fibra de vidrio causó un impacto monumental gracias a su suntuosidad ultraligera. El segundo desfile de Louise Trotter para Bottega Veneta, celebrado en el Palazzo San Fedele, puso el énfasis en una narrativa que demuestra que el volumen también puede sentirse tan ligero como una pluma.
Esta colección fue, sin duda, un espectáculo que glorificó el imparable potencial artesanal de esta casa italiana. Mientras varios diseñadores han optado por ceñir la silueta, la británica decidió engrandecerla con texturas y formas que no resultaban abrumadoras.




Inspirada por la elegancia formidable de Milán, Trotter aprovechó ese sello urbano a través de una sastrería escultural y voluptuosa. La apertura fue contundente: abrigos grandiosos con hombreras redondeadas y botonadura perpendicular que acentuaba su arquitectura. La formalidad se relajó con un estilismo más deliberado —camisas abiertas (en especial, uno con cuello isabelino), mangas arremangadas, layering de polos y suéteres de canalé— que caía sobre pantalones amplios y faldas asimétricas de dobladillos ondulantes, suspendidas por cinturones larguísimos que rebotaban al caminar.
Sin embargo, la materialidad, teñida en una paleta sombría, fue la verdadera sensación de la noche. Entre las maravillas del outerwear destacó el dinamismo utilitario que Trotter concedió al tejido intrecciato, incorporándolo en los hombros de una gabardina militar beige, en otra versión desenfadada en negro y en una encantadora falda pomposa combinada con una tank top.




Ese contraste de simplicidad potenció texturas suntuosas: hilos de seda cepillados hasta parecer piel de oveja rizada o imitando el zorro en abrigos de guisante de felpa y cocodrilo; vestidos drapeados con un rebote frondoso de espirales; y vellosos abrigos cuidadosamente alisados en tonos vibrantes como amarillo mantequilla y cobalto.
Un manifiesto de grandeza muy peludo.



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