Los uniformes en los Juegos Olímpicos: un problema de género en el vestuario

El comienzo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2022, ya trae las primeras polémicas en asuntos de género y sus vestuarios para competir en diferentes disciplinas. 

En este sentido, la foto de la selección de handball de Noruega ha recorrido el mundo, dejando en manifiesto una notable diferencia. Al parecer, en el retrato, la incomodidad del grupo femenil respecto a su uniforme establecido: bragas deportivas (con un corte superior y corte lateral de máximo diez centímetros), era evidente frente al de sus compañeros varones, quienes tienen permitido usar  mallas cortas y top.

 

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    Hasta hace unos años esa era la constante y no veíamos nada de malo en ello. Pero gracias a los cuestionamientos sobre la hipersexualización, hoy nos preguntamos ¿en qué radica la diferencia de atuendos? En el consumo masculino y los estereotipos sobre lo femenino. 

    Así, los cuerpos de las atletas suelen ser mucho más importantes para los patrocinadores, marcas y medios, que su desempeño atlético. Y es que, qué mejor contenido, que jóvenes atletas de todo el mundo en poca ropa. 

    Olivia Breen, atleta paraolímpica inglesa, declaró lo siguiente: “No se debería hacer sentir a las mujeres cohibidas por la ropa que llevan cuando compiten, sino cómodas y seguras”. Y es que ella misma fue amonestada por llevar una braga deportiva demasiado “provocativa”. Breen aseguró que llevará su mismo short Adidas a Tokio sin importar las críticas.

     

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    Previo a la justa olímpica, el equipo alemán de gimnasia en el campeonato europeo, decidió salir con mallas largas, mismas que cubrían por entero sus piernas; declararon que lo hacían en forma de protesta ante la sexualización de sus cuerpos a través de sus atuendos. Y es que, si una mujer luce rápida, fuerte y hasta musculosa, ante los ojos masculinos, no debería perder feminidad, así, se debe compensar con maquillaje y lindos peinados que suman puntos para los jueces, como si se tratara de una competición de belleza infantil y no una justa deportiva. Es tan absurdo como pensar en que un hombre que compite en patinaje artístico, deberá llevar una barba gruesa para no perder su valor como hombre.

    Aunque de lo que se trata, es que las mujeres puedan elegir su vestuario, ya sea por comodidad, seguridad o por creencias religiosas. A diferencia de Breen o del equipo noruego de handball, hay atletas que han declarado que, al usar labial, rímel u otro maquillaje, las hace sentir seguras y empoderadas. Es por eso, que lo importante es que federaciones, jueces, organismos de competencia y medios, prioricen su desempeño atlético y profesional lejos de los estándares estéticos y garanticen la libertad e independencia de la imagen. 

    Pero esto no sólo pasa en la justa deportiva más importante del mundo. En realidad, es un reflejo del panorama profesional de mujeres y niñas a nivel global. Lamentablemente en el deporte, así como en cualquier ámbito profesional, las mujeres luchan contra todos los machismos: mansplaining, salarios más bajos que el de colegas hombres y todo tipo de obstáculos cuando se es madre, sin pasar por alto los trabajos con el exigente requisito de “buena presentación” o desde la infancia, aquellos que limitan sus actividades escolares a una falda y zapatos tacón sin importar lo dañino y cansado que pueda ser. 

    Es así, que como hombres, nos toca reflexionar y accionar sobre los contenidos que nos ofrecen y denunciar aquello que denigra y atenta contra la dignidad de las mujeres, desde el espacio laboral, escolar, hogar y demás normativas que promueven la desigualdad y el privilegio de la sociedad. 

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