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¿Martini, Negroni o burbujas? El Tigrillo dice sí a todo

Hay bares que se sienten como una parada rápida en la noche: llegas, tomas algo y sigues tu camino. Pero hay otros —raros, casi mágicos— que te invitan a quedarte, a bajar el ritmo y a vivir la noche de otra manera. El Tigrillo, escondido en una de las calles más tranquilas de la Roma, es uno de esos lugares donde el tiempo se estira, la música te abraza y el trago se convierte en protagonista.

Este bar de espíritu íntimo y atmósfera acogedora acaba de renovar su carta y lo hizo con una claridad deliciosa: aquí no hay pretensiones, solo clásicos bien hechos. Martini. Negroni. Champaña. Tres íconos de la coctelería que en El Tigrillo se preparan con precisión, técnica y respeto por los ingredientes.

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    ¿Martini, Negroni o burbujas? El Tigrillo dice sí a todo
    Cortesía

    “La estrella es el licor”, dice Daniela D’Acosta, socia y directora de bebidas. “Elegimos el vermut, la ginebra y la champaña correctos. Todo lo demás es acompañamiento”. Y lo que dice, se nota.

    • El Martini, servido helado y perfectamente balanceado, destaca por su sencillez elegante. Hay opciones para puristas —como el de bergamota, ideal si lo prefieres seco— y también para los que buscan una vuelta de tuerca, como el Martini de alga, que aporta un matiz salino, sofisticado y ligeramente umami.
    • El Negroni cumple con su misión: amargo, herbal, profundo. Pero también se permite jugar: hay versiones con pequeños giros que no traicionan la esencia del trago, sino que la elevan. “Tiene que saber a Negroni, aunque lo lleves a otro lado”, dice Daniela. Y aquí, lo logran.
    • La champaña, por su parte, llega a la mesa como debe ser: en el momento, bien fría, con burbujas finas que invitan al brindis sin motivo. Es perfecta para arrancar la noche o para cerrarla con altura.
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    El ambiente del lugar es otro de sus grandes aciertos: iluminación tenue, velas encendidas, muebles cómodos y una atmósfera que se siente como estar en la casa de alguien con excelente gusto musical y mejor selección de botellas. Suena jazz, algo de soul, pero también hay espacio para lo inesperado. Aquí no hay ruido, hay conversación.

    La carta de comida —inteligente y bien pensada— acompaña sin robar protagonismo. Bocadillos para picar que resuelven el hambre sin tumbarte: jamón ibérico, croquetas, quesos, aceitunas, platos sencillos pero ricos, diseñados para acompañar el trago y mantener el mood arriba.

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    Lo mejor de El Tigrillo es que no tiene prisa. Puedes llegar solo, en pareja o con amigos. Pides una copa con la idea de seguir tu noche, pero de pronto te das cuenta de que llevas tres horas ahí. Y está bien. De eso se trata. Es un lugar que no empuja: te invita a quedarte.

    TIP DE LA CASA
    Si eres fan del Martini seco, el de bergamota te va a volar la cabeza. ¿Te gusta experimentar? Pide el Martini de alga, acompáñalo con algo para picar y deja que la noche se acomode sola.

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