Nadie lo pidió, pero todos lo están usando: el regreso del cuello levantado

¿Quién iba a imaginar que el cuello levantado de 2008 volvería a estar de moda? Esa simple acción —subir el cuello del polo, de la chamarra o incluso de una gabardina liviana— que en su momento fue un gesto generacional, hoy reaparece con una fuerza inesperada. Y la verdad, no molesta. Más bien resulta intrigante: un pequeño detalle estético que resume una época completa y que, de pronto, vuelve a sentirse relevante, fresco y hasta sofisticado.

Lo fascinante de este revival es que no llega desde un lugar de nostalgia ingenua, sino desde una reinterpretación estética más madura, más consciente y, sobre todo, más irónica. Porque si algo define a la moda contemporánea es su capacidad de mirar al pasado con un filtro distinto: entenderlo, desmontarlo y reconstruirlo para que encaje en la sensibilidad del presente.

En 2008, el cuello levantado era un símbolo. Representaba una mezcla entre aspiración prep, rebeldía juvenil y una estética claramente marcada por la cultura pop de la época. Se relacionaba con polos de colores sólidos o vibrantes, con el auge de los blogs de estilo, con fotos tomadas con flash en cuartos ligeramente desordenados y con esa vibra despreocupada que dominaba las playlists del iPod. Era un gesto casi automático: uno no simplemente usaba un polo; lo performaba. Y levantar el cuello era parte del personaje.

Sin embargo, el contexto actual es distinto. La moda hoy no busca replicar, sino reinterpretar. El cuello levantado regresa, sí, pero ya no desde el cliché, sino desde la construcción de una estética que se mueve entre la memoria y la reinvención. Las pasarelas de las últimas temporadas han insinuado este gesto como un detalle clave dentro del styling, especialmente en piezas que juegan con estructuras más rígidas, cuellos geométricos o cortes minimalistas. Lo que antes era un statement evidente, ahora aparece con un aire más sutil, casi como un guiño escondido para quienes saben reconocerlo.

Las calles también han hecho su parte. Influencers de moda y figuras creativas —muchos de ellos pertenecientes a una generación que vivió el 2008 como su adolescencia o primera juventud— reapropian el gesto con una mezcla de ironía y cariño. Porque si algo caracteriza a la estética Y2K tardía y a las tendencias de archivo que están resurgiendo, es la capacidad de volver cool lo que alguna vez se consideró excesivo, cursi o simplemente “demasiado”. Hoy, lo que antes fue objeto de burla, se convierte en una herramienta estilística poderosa: un recordatorio de que la moda cambia de significado dependiendo de quién la lleve y cómo la interprete.

Además, el retorno del cuello levantado responde a una lógica que domina la moda actual: la búsqueda de microgestos que transmitan identidad. No se trata únicamente de la prenda, sino del cómo se lleva. Levantar el cuello es casi una declaración silenciosa; un gesto pequeño que modifica por completo la estructura del look y que aporta un toque de actitud que no depende de logos ni excesos. Es una forma de personalización instantánea.

Tal vez por eso este regreso se siente tan natural. No es una tendencia impositiva ni un revival artificial. Es, más bien, una invitación a recuperar un detalle que marcó una época y que hoy adquiere un nuevo significado. El cuello levantado nos recuerda que la moda vive de ciclos, pero también de reinterpretaciones constantes. Que nada queda olvidado del todo, y que los elementos más inesperados pueden volver a encontrar su lugar cuando cambian los contextos que los rodean.

Y así, entre nostalgia, humor y una estética más pulida, este gesto de 2008 vuelve a la conversación con una frescura sorprendente. Tal vez lo amemos, tal vez dudemos un poco, tal vez nos parezca un guilty pleasure estilístico. Pero lo cierto es que, cuando la moda recupera algo con esta mezcla de memoria e ironía, es difícil resistirse.

Después de todo, ¿por qué no levantar el cuello otra vez?

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