Gucci Pre Fall 2026: Tomfordmania
En definitiva, Tom Ford es lo mejor que le ha pasado a Gucci. La atmósfera tenue, cargada de sensualidad atrapada en cuero y seda––esa lujuria penetrante que salvó a la casa a finales de los 90–– resurge bajo la visión de Demna que emula tal fantasía en un deseo inesperado: una tentación al Horsebit y al bolso Jackie.
La excentricidad creativa del diseñador ha liberado el fanatismo oculto por el glamour porno-chic de su predecesor. Asimismo, la colección es un ejercicio que ayuda a Demna a familiarizarse con el legado de Gucci. La recreación de muchos looks de fashion shows de la época dorada podría generar inquietud sobre una posible falta de autenticidad, pero realmente es innegable la sensibilidad con la que se aborda el pasado: un respeto genuino por el trabajo de décadas que consolidaron a la marca como un referente de vanguardia y ferocidad.



El sexo fresco, intocable y descarnado de Tom prevalece bajo las luces fulgurantes que centellean la ficticia pasarela del lookbook. Ajustando la silueta noventera, este collage ecléctico contiene lo vital para sobrevivir en medio de tanta rigidez que incita el propio lujo.



Algo distintivo es que la nostalgia aquí se ve refrescante y mucho más aventura. No resulta extraño reecontrarse nuevamente con la chaqueta ultra ceñida de cuero que David Beckham usó en los 2000 con unos jeans bootcut negros de tiro bajo; o con la famosa versión de rayas Web en cada manga que acarreba un frénetico Cristiano Ronaldo en sus night parties. Un futbolista amaría ver en su guardarropa una sexy T-shirt blanca encogida o una polo con el monograma GG, un par de vaqueros azules sin bolsillos delanteros y unos zapatos Oxford — el uniforme casual favorito de los atletas.



Ese desenfado intocable es un roce estilístico que derriba los límites del gusto convencional de la moda masculina actual, pero que inesperadamente sería bien recibido. Entre divinas faldas con blusas diáfanas pussy bow, cadentes skinny jeans y atrevidos pants con elástico llevados con tacones de aguja, la erótica restrictiva de la sastrería es flamante en aquellos sacos oficineros holgados combinados con austeras faldas tubo y pantalones rectos. La atención al corte y al detalle se ha intensificado.



La elegancia andrógina de Gucci se mantiene viva entre el indie-rock de mini vestidos de chiffon semitransparente y el magnetismo candente del negro, contrastado con la alegre opulencia de vestidos con mangas asimétricas y cuellos halter con diamantes incrustados, que despiertan el frenesí de Studio 54 junto a las danzantes plumas de un abrigo blanco. Esta maquina sexual está viviendo su renacer.



Resto de looks:











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