Dolor y Gloria: Un vistazo al BDSM
La primavera ya inició y aunque muchos no lo crean, existe la relación entre esta estación del año y el aumento de la líbido. Así, es el momento ideal para dejar atrás los prejuicios y dejarse llevar por el deseo. Si eres de los que se les calentó algo más que solo el clima, date chance de experimentar un poco.
¿Has escuchado del BDSM? El BDSM es un acrónimo empleado para referisre a practicas sexuales consenzuadas que involucran: bondage (restringir físicamente a una pareja durante el sexo con elementos como esposas, cuerdas u otros artíuclos), dominancia, sumisión y sadomasoquismo (obtener gratificación sexual por medio de experimentar dolor físico o humillación). Usualmente, en las prácticas de BDSM las parejas toman un rol específico en el que unx es dominante, pudiendo referirse a esta persona como “maestro” y el otrx es sumisx, al cual se le puede referir como “esclavx”. Es importante mencionar, que este tipo de juego de roles siempre deberá responder mandatoriamente a SSC, es decir, seguro, sensato y consensuado.

En la antigua Roma, existían dos palabras en latín para distinguir si una persona era dominante o sumisa en la cama: “dom” y “sub”; sin embargo, estos términos sobrepasaban lo que ocurría en la intimidad y también representaban cómo llevaba una persona su estilo de vida en general. En estos tiempos aquellos que eran dominantes eran hombres de gran poder económico y mayor edad.
El psiquiatra alemán Krafft Ebing consideraba que el hecho de que el hombre fuera dominante y la mujer pasiva, tenía que ver con un proceso evolutivo, puesto que el hombre era el encargado de enfrentarse a peligros, proveer y procrear, mientras que la mujer contribuía a este proceso subordinándose voluntariamente. Fue así como Ebing polarizó estos conceptos refiriéndose a que los hombres tendían hacia la agresividad y el sadismo, mientras que las mujeres por su parte, eran pasivas y masoquistas. Estas declaraciones también están en sintonía con las postulaciones de Freud y Deustch.
Afortunadamente, estas ideas forman parte del pasado y la sociedad ha cambiado. Ahora existe un cambio en los roles de poder y cada vez existen más hombres que prefieren desempeñar un rol sumiso en la cama, así como mujeres dominantes, haciendo surgir el término dominatrix. Este es un término que nació dentro de los burdeles para nombrar a mujeres que profesionalmente desempeñaban un rol dominante en el sexo. Quizá lo primero que te llegue a la mente con el término, es una mujer vestida de látex, botas altas, corset y látigo. Así, es importante recalcar, que las preferencias que una persona tenga en el sexo no determinan su personalidad en la vida cotidiana o fuera de la intimidad.

Para este punto, quizá te produce curiosidad saber cómo se puede asociar el dolor al placer y es que esto responde directamente a la biología. A diferencia de la lógica común, en la que buscamos el placer y evitamos el dolor, ambos están estrechamente relacionados. Todo dolor que experimenta nuestro cuerpo hace que el sistema nervioso central secrete endorfinas, las cuales actúan bloqueando el dolor, produciendo un efecto similar a los opiáceos e induciendo un sentimiento de euforia. Algo similar sucede con las personas que se ejercitan intensamente o aquellas personas que disfrutan de comer picante. Investigadores incluso, han utilizado imagen por resonancia magnética funcional (fMRI por sus siglas en inglés) para observar el cerebro de varias mujeres mientras se estimulaban hasta llegar al clímax y se encontró que las áreas del cerebro que corresponden al dolor se encontraban activas.
Al involucrar dolor y sumisión, las precauciones de seguridad en este tipo de prácticas son necesarias para garantizar que ningún límite esté siendo sobrepasado. Uno de los recursos más usados son las palabras de seguridad; la pareja acuerda el uso de una palabra en específico que será enunciada en caso de que en el acto llegue a un punto en el que alguno ya no esté cómodx y necesite parar. También, se puede poner en práctica un sistema de semáforo basado en los colores verde, amarillo y rojo. Esto funciona tal cual como el semáforo, haciéndole comunicar a la pareja el color, dependiendo si los actos están siendo disfrutados, si se debe bajar la intensidad o parar definitivamente.

La sexualidad es un aspecto clave para la salud en general y nuestro desenvolvimiento social. Algunos estudios han arrojado que las personas que se atreven a experimentar dentro del BDSM se sentían más seguros dentro de sus relaciones; tenían un nivel de conciencia mayor sobre las demás personas, se muestran más extrovertidos y abiertos a nuevas experiencias, así como niveles reducidos de ansiedad y estrés, ya que estas prácticas sexuales ayudan a disminuir los niveles de cortisol en el cuerpo.
Debemos recordar que el BDSM no es para todxs. Muchas personas pueden fantasear con ello, disfrutar leer sobre ello y mirar escenas sin necesariamente querer o disfrutar de experimentarlo en carne propia. En lo que respecta al placer, existe un universo de posibilidades y nuevos fronteras que explorar mientras no se ponga en riesgo la integridad de nadie. Aprovechemos que la sociedad está cada vez más abierta a nuevas ideas y a experimentar, sobre todo, cuando la experimentación conlleva a la deconstrucción patriarcal de nuestro pensamiento.


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