El bigote, un medidor del tiempo y moda del hombre

¿Cuál es tu opinión sobre el bigote? Ese vello facial que nace sobre el labio superior del labio y que dicho de paso, no a todos los hombres les nace, es tal vez uno de los accesorios naturales más versátiles con la que cuentan los hombres para sacarle provecho a su rostro, pues es una zona con diversos atributos sociales y estéticos con siglos de historia.

Hay que aclarar que el bigote y la barba no son lo mismo, aunque cuando hablamos de la barba incluye al bigote, un rasgo que no funciona a la inversa. Esta peculiar zona a través de los años ha sufrido rechazo y aceptación por parte de las sociedades europeas, impulsado por hombres de gran poder de ese tiempo como reyes, políticos o guerreros.

El bigote y vello facial, un medidor del tiempo y moda

Mucho se dice sobre el significado del vello facial en los hombres: si detona poder, autoridad, superioridad, si quien lo porta es “más hombre”, pero la realidad hoy por hoy es que es básicamente una ornamentación estética que puede o no tomar un lugar importante en el rostro de los hombres si así lo desean.

La realidad es que es pura ornamentación, porque no tiene una función fisiológica como el resto del vello en el cuerpo que brinda calor, como el pelo en la cabeza, no protege a los ojos del sudor, como las cejas, o impide que el polvo entre directamente a los ojos como las pestañas. En su lugar, se ha convertido en un accesorio que mide el paso del tiempo, los valores de una sociedad y un atractivo sexual para algunas personas que lo encuentran sexy.

A inicios del siglo pasado, por ejemplo, el bigote se usaba de forma muy discreta, con un corte fino, delgado y era reservado para personas de algo nivel económico, que no tardó en replicarse en otros estratos sociales a modo de una visión aspiracional.

Si bien fueron pocos, lo que predominaba en ese tiempo era el rostro afeitado, rasurado; una estética que perduró hasta los años cuarenta o cincuenta, pues tras la Segunda Guerra mundial y dados los nuevos valores se consideraba de mal gusto, de poca elegancia y muy “primitivo” el hecho de traer barba o bigote ya que denotaba suciedad, y solo los “vagos”, “rebeldes” traían el pelo largo y se dejaban el pelo largo.

Para los sesenta y setenta el bigote (y la barba) formaron parte importante del look de los hombres, ya que, con los movimientos estudiantiles, las protestas, revoluciones sociales y civiles como la de Cuba y un sinfín de valores más naturales, por así decirlo, se pudo ver por primera vez a los hombres llevar barbas amplias, bigotes abultados donde no tardaron en darle distintos estilos llegando a proliferar en la juventud de ese tiempo.

En los dos mil, de este siglo, el vello facial volvió a desaparecer y con ello la posibilidad de “jugar” con el estilo de un bigote. La razón principal es que con nuevos referentes de estilo de un hombre interesado en la moda, en los perfumes, en la apariencia básicamente, recortar el vello de su rostro, o incluso del cuerpo, fue una constante que podemos ver en la pantalla grande, en la publicidad y en la televisión.

 

El sociólogo y psicólogo Martín Wainstein, profesor consulto e investigador de psicología social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dijo a Infoabe: “El bigote es un emblema cultural. Si bien hace a la presentación de la persona en la vida cotidiana, también tiene características fuertemente culturales. Esto responde a modelos que los varones toman. El bigote se define por lo cultural y, en parte, hace a la identidad y a cómo uno se percibe como persona”, dijo Wainstein.

El valor del bigote en 2023

Su valor es más estético y va acorde a gustos que significativo, aunque no deja de tener un peso importante de masculinidad, es como un atributo a la fisionomía masculina que no va a desaparecer, y que ha sido reivindicado en múltiples ocasiones, por ejemplo, con los homosexuales, que lo han tomado como símbolo de una masculinidad cuando antes no eran considerados así en la década de los sesenta.

En el ámbito estético, el bigote revela muchas cosas sobre la identidad de una persona, si se cuida, en su apariencia o no, si es descuidado y sucio. Y sobre todo quien lo haga, confía en si mismo o quiere marcar la diferencia, porque tanto la barba como el bigote enmarcan a quien los lleva como para quien observa. La persona con bigote trata de decir algo y mostrarlo ante el mundo.

Ahora en la segunda década del siglo XXI con una industria de la moda consolidada, el bigote parece que quiere volver a hacer una aparición luego de décadas “rechazado” por la sociedad occidental, porque en el islam o las culturas musulmanas, la barba no es cuestión de moda o aceptación, sino tiene un significado espiritual importante para su religión.

Una cosa es decir que te gusta el bigote y otra tenerlo, pues muchos hombres, aunque quisieran les es imposible y otros deciden quitarlo, una decisión bastante subjetiva de gustos, pero una cosa es cierta, las modas vienen y van y aunque hace casi una década que los hombres cuidan, procuran y lucen sus barbas (veamos el ejemplo de la proliferación de las barberías) tal vez sea el momento de centrarnos en solo el bigote de nuevo.

Las celebridades del momento son un buen ejemplo de que el bigote se abre paso como un nuevo referente estético, y aunque nunca se ha ido como tal, es un símbolo de madurez también, por lo que también podría coincidir con el hecho de que los actores del futuro de Hollywood se encuentran en esa línea de la segunda mitad de los veinte lo que en esta industria sigue funcionando como un posicionamiento de madurez.

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