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‘The Devil Wears Prada 2’ Review: glamour vs algoritmo

¿The Devil Wears Prada 2 era la secuela que necesitamos desde hace mucho tiempo? En definitiva. Hastiados del uso desenfreno de la nostalgia, el regreso de un clásico es reconfortante, más aún para quienes trabajamos en alguna revista o periodico. 

Si bien, las figuras editoriales que solían dictar la moda ya no poseen esa influencia que estremecía a los diseñadores , hasta que Miranda Priestly (Meryl Streep) vuelve a recordarnos que sin ellos, esa fantasía no existiría. Asimismo, es intrigante ver cómo este ser “despiadado” convive en una era donde un click (bueno, un TikTok) puede arruinar tu reputación en cuestión de segundos, especialmente en una generación que ya la considera un vejestorio. 

Quizá esta obra cinematográfica no sea gloriosa como su predecesora, pero su valor radica en lo bien que retrata la decadencia de una industria, que intenta mantenerse a flote en medio de una recesión que absorbe todos los sectores.

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    Dirigida por David Frankel y escrita por Aline Brosh McKenna, The Devil Wears Prada 2 es una fantasía pesimista. Sin embargo, también es divertida y audaz, logrando mantener su relevancia cultural. La esencia permanece intacta, así como el talento original. El hype que previó al estreno alimentó aún más las expectativas, y la  innumerable cantidad de estrellas que participaron, reforzó su dinamismo narrativo. 

    'The Devil Wears Prada 2' Review
    20th Century Studios

    Capturando el espíritu del momento, nos introducen nuevamente a una Andy (Anne Hathaway) valerosa (que se viste mejor que nunca), ahora periodista de investigación en el  New York Vanguard, cuya suerte se ve quebrantada tras ser despedida junto con sus colegas por mensaje de texto. Este giro consigue que sea reclutada en Runway, que actualmente vive una crisis tras un artículo que promocionaba una compañía que explotaba a sus trabajadores. Si bien, fue contratada para devolverle  credibilidad y prestigio––disfrutando de un sueldo que todo periodista envidiaría––, su regreso convence a su antigua jefa, que la ve como una imposición––– finge no recordarla––y no dudará en menospreciarla. 

    Andy intenta sorprenderla con sus dotes, pero nada impresiona a Miranda. Lo consigue, al obtener una entrevista con la magnate Sasha Barnes (Lucy Liu). Sin embargo, también descubre que aquella mujer que antes temía, se ha vuelto dócil y más con Emily (Emily Blunt), quien ahora es una ejecutiva de Dior, a la que hay que complacer, para que la revista subsista. Incluso, Nigel continúa siendo infravalorado.

    Como señale, la dinámica mordaz y vacilante de los personajes se mantiene intacta. La trama es igual y no hay aporte nuevo: un tech bro (BJ Novak) y el novio billonario de Emily, Benji Barnes (Justin Theroux), amenazan su reino, y Andy tratará de salvarlo, incluso de exponerla en un libro que ella misma escribe. De hecho, la película tiene un realismo tan “considerado”, que no dudaron en hacer referencia a Lauren y Jeff Bezos, quienes intentan colarse en el mundo de la moda, siendo los nuevos patrocinadores de la Met Gala y los posibles dueños de Conde Nast. 

    Es fenomenal que Miranda y Nigel reconozcan que su mundo ha cambiado: el número de septiembre “es tan delgado como hilo dental”, internet hizo que los lectores no aprecien la belleza, ya no tiene ni de lejos los presupuestos colosales de antaño y ahora responden a ejecutivos obsesionados con “ahorrar”.Hasta son obligados a viajar en clase turista y almorzar en la cafetería.  La angustia existencial que enfrentan resulta cercana. 

    En cuanto a Andy, ella se convierte en una brújula moral. La heroína que finalmente se enamora de alguien que la entiende: un contratista australiano interpretado por  Patrick Brammall. Todo se vuelve más ligero, y repentinamente, la mayoría son entregados al romance. No sorprende que el final sea demasiado optimista, ya que otro millonario se encargó de hacerlo así. Aunque bueno, se logró ver el lado más vulnerable de Miranda.

    La moda––el principal atractivo de The Devil Wears Prada 2––es más sofisticada e irreverente. Es el sello que hace que la película fascine a las nuevas generaciones, incluso si no se percatan del todo que los medios sufren una constante vorágine. La estética retro y el glamour que aún seducen, constatan la intensidad y química que ofrece el elenco, haciendo que la película sea querida entre los fans, incluso con ese horrendo velo grisáceo que erradica el color de los looks de Miranda. 

    Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda es su aperitivo favorito por degustar. Contacto: Email: alberto@badhombre.com || Instagram: alberto.jimenezs

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