El verdadero final de Como agua para chocolate no es romantico
La historia de amor de Tita y Pedro de Como agua para chocolate ha sido un dolor de cabeza para los fans. Muchos se han decepcionado de que la hija menor de la familia De la Garza sea tan… apasionada. Esa intensidad romántica duele al ver cómo titubea frente al cariño genuino del Dr. Brown.
En medio de una revolución y del drama familiar que intensifica la toxicidad y la tragedia de quienes rodean a estos personajes, la serie ha profundizado con ese realismo mágico que la novela de Laura Esquivel hace icónica. Sin embargo, el verdadero final de la historia es … amargo.
El desenlace es penoso. A pesar de todas las calamidades que sufre, Tita sigue profundamente enamorada de Pedro Múzquiz. Como ya hemos visto, el deseo se transforma en celos y obsesión, canalizados en los platillos que afectan a quienes los comen.

A diferencia de John —el verdadero héroe—, Tita ama las migajas de alguien que cínicamente escogió a su hermana “para estar cerca de ella”. En el libro, esa fuerza es aún más intensa.
Después de que Mamá Elena muere —y su fantasma no deja en paz a Tita—, Pedro y Rosaura regresan al rancho. Rosaura está embarazada de su segunda hija, Esperanza. John le propone matrimonio a Tita, pero su amor por Pedro nunca desaparece. Una noche de pasión entre ellos cambia todo: Tita queda embarazada. Ella decide cancelar su compromiso y correr a los brazos de su amado.
Sin embargo, el embarazo resulta ser psicológico.
Más adelante, la inminente muerte de Rosaura hace que la tradición desaparezca y Esperanza finalmente se case con Alex, el hijo de Brown. Después de la boda, Tita y Pedro por fin se entregan, aunque él muere en los brazos de su amada.
Tita, devastada, recuerda la teoría que John le había explicado sobre el fuego interior que todos llevamos dentro. Para avivarlo, decide comer fósforos mientras recuerda a Pedro y, al unir su cuerpo al suyo, ambos se incendian, provocando que el rancho quede en cenizas.
“Se fundieron en un gran abrazo y partieron juntos al edén perdido. Ya nunca más se separarían…”, describe la narradora del libro, mientras los cuerpos ardientes de Pedro y Tita lanzan chispas hasta consumirlo todo.
Y sí, entre la miseria y la pasión… el amor sobrevive increíblemente en Como agua para chocolate.




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