Yalitza Aparicio y Margarita Martínez: el amor que nunca deja de educar
Hay relaciones que no necesitan grandes discursos para sentirse profundas. Basta una mirada, una frase repetida durante años o un regaño cotidiano disfrazado de cuidado. Porque incluso cuando el tiempo pasa, las distancias cambian y la vida obliga a crecer demasiado rápido, hay vínculos que permanecen intactos. El de una madre con su hija es uno de ellos.

Para este especial del Día de las Madres, Yalitza Aparicio y su madre, Margarita Martínez, compartieron una conversación íntima sobre crianza, trabajo, sacrificios y todo aquello que permanece igual incluso cuando la vida cambia por completo. Lo que comenzó como una entrevista terminó convirtiéndose en un retrato profundamente humano sobre el amor, la disciplina y la memoria familiar.
Porque detrás de cada historia que logra trascender fronteras, casi siempre existe una madre sosteniendo silenciosamente los cimientos. Yalitza representa una nueva narrativa para México: una mujer que rompió barreras dentro de una industria históricamente excluyente. Pero Margarita representa algo todavía más poderoso: el origen de esa fuerza.


A lo largo de la conversación, ambas dejan claro que el éxito nunca transformó lo esencial de su relación. Afuera existen las alfombras rojas, los viajes constantes y el reconocimiento internacional; dentro de casa, siguen existiendo las mismas dinámicas de siempre. Los mismos cuidados. Los mismos regaños. El mismo amor cotidiano que no necesita anunciarse para sentirse inmenso.

Hay algo profundamente conmovedor en escuchar a Yalitza hablar sobre su madre no desde la admiración pública, sino desde la intimidad de quien creció viendo a una mujer trabajar desde el amanecer hasta la noche sin detenerse nunca. En esa imagen existe una generación completa de madres mexicanas que hicieron del esfuerzo una forma de supervivencia. Mujeres que enseñaron disciplina sin convertirla en dureza y amor sin necesidad de romantizar el sacrificio.


Yalitza usa total look Prada y joyería Cartier, Margarita usa joyería Cartie
Pero la conversación también revela algo igual de importante: el peso emocional que muchas madres cargan sin darse cuenta. Yalitza reconoce haber heredado esa necesidad constante de trabajar, de seguir adelante incluso cuando el cuerpo pide descanso. Porque muchas veces las enseñanzas más profundas no llegan desde las palabras, sino desde el ejemplo.
Entre risas, silencios incómodos y momentos donde la emoción rompe cualquier intento de mantener compostura, madre e hija construyen algo más grande que una entrevista. Construyen un recordatorio de que volver a casa siempre implica volver a quienes nos enseñaron quiénes somos.

Y quizá eso sea lo más poderoso de este especial: entender que, sin importar cuánto cambie la vida, siempre hay una parte de nosotros que sigue buscando la mirada de mamá para sentir que todo está bien.
¿Recuerdan la última vez que hubo un regaño?
Margarita Martínez:
“La verdad ya no me acuerdo cuándo fue la última vez que la regañé. Ella fue de pocos regaños comparada con los demás hijos.”
Yalitza Aparicio:
“Como toda mamá, te regaña todos los días. Ya comiste, ya dormiste… esos son los regaños típicos.”
Entre risas y miradas cómplices, ambas reconocen que la dinámica madre-hija nunca desaparece. Solo evoluciona.


¿Ha cambiado la relación desde que tu vida dio un giro tan grande?
Yalitza Aparicio:
“No. Afuera podrás ser quien seas, pero cuando regresas a casa sigues siendo hijo. Llego y mi mamá me dice que hay que mover un cuadro, arreglar algo o ayudarle en el jardín. Y ahí estoy con el taladro y el martillo.”
La actriz también reconoce que el trabajo la obliga a pasar más tiempo lejos de casa, algo que todavía le pesa.
“Yo siempre prometí no irme… y terminé viajando todo el tiempo.”
¿Cuál es la enseñanza de tu mamá de la que más orgullosa te sientes?
Yalitza Aparicio:
“Todo lo que soy viene de ahí. Siempre recuerdo a mi mamá trabajando desde que salía el sol hasta que se ocultaba. La casa impecable, todo limpio, todo acomodado. Y ahora me pregunto cómo le hacía con tantos hijos.”
Pero también reconoce que heredó algo más complejo: la incapacidad de detenerse.
“También es una enfermedad estar trabajando todo el tiempo y no cuidarse a uno mismo.”
La conversación también se convierte en una reflexión sobre la disciplina y los famosos “jalones de oreja”.

Yalitza Aparicio:
“Siempre le digo a mi mamá que si no nos hubiera educado como lo hizo, probablemente estaríamos en otro lugar. Todos mis hermanos pudimos decidir nuestros caminos libremente gracias a esa educación.”
Para Yalitza, esos regaños no fueron limitaciones, sino herramientas para construir carácter.
“No hagas cosas malas y tampoco hagas cosas buenas que parezcan malas. Todo eso se quedó con nosotros.”
¿De qué se siente más orgullosa de Yalitza?
Margarita Martínez:
“Pues yo creo que de todo.”
Yalitza inmediatamente intenta contener el llanto.
“Si veo llorar a mi mamá, ya no puedo.”
En ese instante, la conversación deja de sentirse como una entrevista. Se convierte en algo mucho más íntimo: una madre viendo reflejado en su hija todo el esfuerzo de una vida entera.


En esta historia Yalitza Aparicio y Margarita Martínez fotografiadas por Enrique Leyva, Maquillaje Itzel pacheco, Pelo Ger Parra, Realización Juan Pablo Jim, Rebeca Mora y Pablo Gonf.



PUBLICAR UN COMENTARIO